De Diago para Diago

De Diago para Diago

  • Una de las obras expuestas en la muestra. / Foto del autor
    Una de las obras expuestas en la muestra. / Foto del autor

Con la inauguración de la muestra Homenaje, ocurrida este jueves 19 de noviembre en la galería Villa Manuela de la Uneac, el artista de la plástica Roberto Diago Durruthy, enfrentó el reto de rendirle tributo a su abuelo, Roberto Diago Querol (1920-1955), alejado de las comparaciones.

Cierto que es innegable alguna que otra influencia, pero Diago tiene su propio discurso y abordaje en la pintura. A ambos artistas, desde sus respectivos momentos, le es inherente la temática religiosa y racial. La marginalidad, como elemento de fructificación, de vida, es un pretexto que funciona y trascienden en los trazos de sus pinceles.

En Homenaje, se le ve transitar por los intersticios de las subjetividades. Circunvalan en cada pieza preocupaciones e interrogantes dejadas al dorso de tan comunes que suelen acontecer. Eso sí, de absoluto valor simbólico y convocatoria.

La representatividad y tratamiento de las formas ha sido realizada con mesura, sin abigarramientos y con la superposición de diferentes planos en el cuadro. El color, igualmente, destaca por la sobriedad y el equilibrio del contraste. Ese equilibrio está también en la composición y el diálogo interno que establecen las obras para el diálogo, valga la redundancia, con el espectador.

 

Instalación Paños Mágicos. / Foto del autor

En algunas piezas acude a la figuración, en otras a la total, pero emotiva abstracción. Las combinas con una obra instalativa de grandes dimensiones. Otras son puros monumentos al minimal, magistralmente tratadas desde el color y el discurso. Tal es el caso de La piel que habla. Incluye la muestra un autoretrato de su abuelo y retrato que de él pintó Loló Soldevilla.

En Paños Mágicos, instalación que recibe al visitante, el poder de sugestión y resolución simbólica adquieren altas cotas. Se trata de una inmensa estera, elemento alusivo a nuestra religión de cabecera, la yoruba, compuesta por fragmentos de madera engarzados por alambre. 

Se le ha visto últimamente al artista en el uso materiales de desecho. Acude a algunos de ellos nuevamente en esta exposición, como son porciones de tela y de bidones metálicos. Ensaya, a mi modo de ver, con los restos, con esa parte factual de la realidad, que la mayoría de las veces no es ajena.

Para que nos diga acerca de motivaciones y certezas en esta exposición nos acercamos al artista:

¿Qué significa para ti este homenaje y desde que perspectiva lo haces?

«Es algo importante, es una cosa familiar. Lleva la poesía con la cual me crié. Mi abuela siempre me hablaba de mi abuelo, de sus ocurrencias, de su creación. Poderle dedicar este homenaje concreto todo eso».

Conjunto perteneciente a la muestra. / Foto del autor

¿Existe algún punto de coincidencia entre tu obra y la de tu abuelo?

«Mi abuelo trataba la manera de acercarse al mundo afro desde una perspectiva ritual en ocasiones, en otras de forma abstracta. Un poco que me he metido en eso, dígase estudiar los instrumentos musicales, mi abuelo había hecho una serie a partir del tambor batá. Todo eso ha influido en mí y, sí, es una continuidad».

Se te ha visto en esta última faceta de tu trabajo la utilización de materiales de desecho y reciclados, ¿Qué hay con eso, es una nueva búsqueda?

«No le llamaría una nueva búsqueda. Siempre me estoy reciclando, tratando de experimentar con materiales diversos y eso me mantiene vivo. A veces no queda bien, pero me siento feliz en el proceso. El solo hecho de intentarlo ya para mí es algo».