DE NUESTRA AMÉRICA: EVOLUCIÓN EN 20 AÑOS

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DE NUESTRA AMÉRICA: EVOLUCIÓN EN 20 AÑOS

  • Frank Padrón, presentador y fundador del programa "De Nuestra América". Foto: Internet
    Frank Padrón, presentador y fundador del programa "De Nuestra América". Foto: Internet

Recientemente el programa de cine en televisión “De Nuestra América” acaba de cumplir 20 años, sobre cuyos orígenes publiqué el 9 de enero un artículo en este mismo sitio, titulado “De Nuestra América hacia su aniversario 20”. Pero no basta, y debe abordarse cómo trataron de perfeccionar las secciones del espacio, principalmente el comentario previo al filme, según análisis de expertos y de no pocos televidentes, hicieron a Frank Padrón –su guionista y conductor fundador—, flexibilizar su lenguaje, proyección eufónica, adecuarse a niveles receptivos, etcétera, con lo cual fue superando paulatinamente lo que llamó su cierta “rigidez inicial”; también han ayudado los diversos puntos de vista, formaciones profesionales e intelectuales con que se han nutrido desde el inicio sus equipos muy responsables y entregados a sus respectivas labores, en función del programa.

El staff inicial, dirigido por Weismuller, contó durante varios años con la sabia asesoría de Migdalia Calvo, que Frank califica “toda una autoridad en materia televisiva en general, quien fuera incluso durante muchos años jefa de la división cinematográfica”, quien al pasar a otras labores dentro del medio, fue relevada por colegas suyos como Roberto Medina, Rafael Haya, María del Carmen Balea y, en estos momentos, un binomio que integran Maricel Acosta y la que Frank define muy joven, pero capacitada Jezabel Rodríguez, todos imprescindibles al seleccionar los audiovisuales para cada emisión, así como para la programación, la revisión de los guiones y el acabado final, pues el asesor también participa en la decisiva edición, labor que han desempeñado entre otros, Nicolás Vázquez y actualmente, Alejandro Olaniel.

Poco después se incorporó a dirigir el programa un realizador lleno de inquietudes, Alejandro González, quien cerca de un año después fue sustituido por el valioso veterano Radamé Pérez, quien se mantuvo durante casi todo el tiempo que ha estado en el aire el programa hasta su retiro, sustituido desde el 2011 por Jacqueline Sam, quien iba ganando en experiencia y rigor tras sus muchos años como asistente de dirección; casi desde el principio, el programa ha contado con la eficaz asistencia de Niurvis Calvo. Sus dos primeros años se estuvo grabando en los estudios de Mundo Latino donde fungía como productora Adriana Solís; cuando comenzó a hacerse en el estudio 11 de la televisión, empezó como productora Miriam Valdés, quien un tiempo después fue sustituida por  Raúl “Ñiquito” Ruiz, el cual se ha mantenido hasta hoy. 

La escenografía de sus primeros años apenas tenía una cortina azul, que Rafael Jiménez, ya en el estudio 11 del ICRT, convirtió en un panel con el nombre del espacio, bastante expresivo y original, aunque se fue deteriorando con el tiempo; el vestuario de Ferrer jefe de tal departamento, era sobrio pero monocorde; con loables esfuerzos, logró exclusivos ciertos trajes y después buscó combinaciones que aumentaba incluso con ropa de fuera del organismo. A cargo de la música que identificó el espacio desde su salida al aire estaba el destacado musicalizador Pérez Recio, pletórica de motivos latinos autóctonos, con predominio de flauta y quena, redondeando un aire épico que reforzaba la portada audiovisual en la que se mezclaban banderas de varios países de la región con fotogramas de algunos de sus filmes representativos.

Se había presentado como una experiencia televisual, Del Bravo a la Patagonia, con visualidad y sonido en busca de una nueva y mejor imagen… Varias sugerencias tras sus reuniones de análisis de programas, y sobre todo los colectivos que periódicamente casi siempre semanales realiza el staff del programa, les conminó a llevar a cabo determinados cambios que dinamizaran el espacio, con mejor visualidad y vitalidad. A mediados del año 2012, tras regresar de la acostumbrada pausa veraniega, el espacio salió al aire con una nueva portada, que incluía un diseño más contemporáneo, sobre la base de una bola del mundo que privilegia la franja geográfica donde se ubican los contenidos, y nuevas imágenes de filmes representativos.

El tema musical sigue siendo el mismo, pero con un arreglo novedoso, más electrónico y con un tempo algo más rápido, todo esto concebido por Arián Castro Fraga, quien también confeccionó nuevos spots para las secciones; la escenografía desapareció, o más bien, se tornó virtual, mediante recortador. El vestuario de Frank Padrón asumió una nueva línea, basada en los diseños del experto Ismael de la Caridad, responsable desde entonces de la imagen de Frank. Los envejecidos trajes del ICRT han sido sustituidos por modernas y originales camisas de manga larga, que a veces se exhiben solas o realizando funciones de chaquetas con pullovers o camisas de manga corta debajo, sin descontar trajes completos.

También ha mejorado el ritmo del espacio, que ahora presenta y comenta brevemente las secciones del inicio en vez de los cortes frecuentes que hasta entonces hacía, y estas secciones se suceden ininterrumpidamente, solo separadas por sus respectivos spots, hasta la llegada del comentario final, que como siempre precede el filme. Se mantiene diferente de otros colegas del cine en televisión, la despedida al final de la película, que solo entonces da paso a los créditos, y que estos no aparecen en la portada.

Su programación continúa la línea trazada desde los inicios: representatividad de todos los países posibles que integran el área incluida Cuba a solicitud del público, aun cuando muchas de las películas sobre todo contemporáneas no eran autorizadas a exhibirse en televisión; lo que se mantuvo hasta la salida al aire del programa De cierta manera, del colega Luciano Castillo a partir del año 2008, especializado justamente en cine cubano, lo que también ha reducido  la frecuencia de largometrajes cubanos en este programa De Nuestra América, no así los cortos, clips, etc. sin que haya significado tampoco su eliminación. Es un espacio que privilegia el cine del Caribe, para lo cual se ha sumado la Oficina de la Muestra itinerante dirigida por el cineasta Rigoberto López, y alterna obras densas y por tanto más difíciles para el gran público, pero importantes dentro de la cinematografía latinoamericana con otras más ligeras y hasta comerciales, siempre situando logros y limitaciones en cualquiera de los casos, fiel a su objetivo de incentivar la capacidad de apreciación y el aprendizaje respecto al tipo de cine que se promueve “de nuestra América”. Es la evolución que conduce al espacio que hoy disfrutamos y que requerirá detenernos en otro artículo.