A debate la dramaturgia del género y el poder

A debate la dramaturgia del género y el poder

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  • Las intervenciones de Rocco Carbone aportaron nuevos enfoques sobre este tema. Fotos del autor
    Las intervenciones de Rocco Carbone aportaron nuevos enfoques sobre este tema. Fotos del autor

La Asociación de Escritores promovió en la UNEAC un debate sobre el estado de los temas de diversidad sexual en algunos países de Latinoamérica, incluyendo Cuba, al invitar al dramaturgo y filósofo italiano residente en argentina Rocco Carbone, quien presentó en la sala Caracol su ponencia Homosexualidad y poder: textímulo.

Rocco Carbone, nacido en Cosenza (Italia) en 1975, reside en Buenos Aires desde 2004. Estudió en la Università degli Studi della Calabria (Italia) y en la Universidad de Zürich (Suiza), aunque actualmente trabaja en la Universidad Nacional de General Sarmiento y en el CONICET de Buenos Aires ocupándose de discursividades y procesos políticos y culturales de América Latina.

Al introducir su ponencia, el presidente de la Sección de Dramaturgia de esa Asociación Gerardo Fulleda lo calificó de “joven profundamente enraizado en su discurso” y destacó que, a pesar de su corta edad, tiene publicados numerosos libros y atesora un amplio currículum en diversos temas sociales y culturales latinoamericanos. Indicó que el autor ha logrado al fin su sueño de venir a Cuba y compartir con colegas de la isla sobre estos temas, a partir de un programa que lo ha llevado por varios colectivos del país.

Partiendo de la consideración de que el género puede ser interpretado desde una perspectiva de dramaturgia como “una puesta en escena”, indicó que su perfomatividad y la conformación de modelos ritualizados conducen a paradigmas, en un enfoque patriarcal que se ha construido sobre la base de las hegemonías. “La sexualidad no nace naturalmente en el cuerpo recién nacido”, recalcó, “debe reinscribirse constantemente de códigos investidos como «naturales» en el binarismo de lo masculino y lo femenino, que abarca su comportamiento diario, desde su manera de sentarse, de hablar, de vestir y de mirar”.

“En términos genéricos somos ficciones performativas”, insistió, persiguiendo una norma heteropatriarcal aprendida que puede “desnaturalizarse”, siempre que tomemos conciencia de esta realidad y entremos en disenso con el sistema que lo impone, el poder que se erige en la supremacía del “falo” frente al llamado “sexo débil”, que incluso ha llegado a la dominación en términos de derechos.

Realizando un análisis sobre el desarrollo de este asunto social en el Paraguay, desde la época de la dictadura de Stroessner hasta la actualidad, hizo una reflexión sobre el autoritarismo de la política y su relación con la sexualidad y el género, que conduce al autoritarismo de los cuerpos. Resaltó la fragilidad de la “democracia” paraguaya, que surgió en 1989 de la mano de los mismos militares que detentaron antes el poder y han mantenido muchos de los mecanismos represivos de entonces.

Un caso evidente en ese sentido se manifiesta en el ejercicio de un poder de la vida sexual y genérica, en lo que denominó “bioterrorismo de Estado que persigue la vida en sexo-política”, una lógica autoritaria de la dominación que se construye sobre la defensa de un único modelo de familia: el heterosexual. “El autoritarismo tiende al binarismo”, señaló, a mantener las asimetrías propias de la norma heterosexual desde una perspectiva patriarcal, dicotómica y binaria, como si se tratara de un conflicto: “lo hetero contra lo homo, lo correcto contra el caos”. Al situar el problema en “lo no reproductivo” se identifica a la homosexualidad con “lo repulsivo, el rechazo”.

Como ejempló comentó que el número “108” —aún en la actualidad— es un término prohibido y ofensivo, que no se encuentra en la cartografía urbana del Paraguay en ninguna de sus formas: ni en números de casas ni en identificación de autos ni en menciones públicas. Ello se debe a que en 1959 la dictadura desapareció a 108 homosexuales —a quienes la prensa oficial identificó como “culpables”, “viciosos” y “delincuentes”— y desde entonces la referencia a esa cifra se identifica de forma despectiva con los “putos”, en la peor de las expresiones.

Sin embargo, actualmente los defensores de los derechos sexuales en Paraguay han querido darle una nueva identificación al número y promueven la campaña “Yo soy 108”, en una reapropiación del término que persigue traer los dolores del pasado para situarlos como presencia, para que no vuelvan a ocurrir.

Consideró que ningún sistema político es perfecto, ni siquiera en “democracias”, por lo que corresponde a los ciudadanos llamar la atención de los círculos de poder en los temas que son más importantes y sensibles a una determinada población en un determinado momento. Indicó que actualmente en el Paraguay existe un tema más grave aún con las personas transgénero (travestis y transexuales), que son asesinadas impunemente, lo que sucede también en otros países del hemisferio como expresión de la imposición del modelo heteronormativo, que asume a esos individuos como casos inaceptables.

Al concluir, amplió el análisis a otras regiones del continente valoró que el colonialismo nunca termina, pues se mantienen activos mecanismos de poder que van desde la lengua hasta las costumbres y los mecanismos de dependencia económica, lo cual incide en la disputa por los límites de derechos en las democracias y la influencia de otros fenómenos transversales, como el racismo y el acceso público a los beneficios sociales.

El debate con los presentes provocó un debate que incorporó otros temas al análisis, sobre todo en lo relacionado con Cuba y el tratamiento de estos temas en nuestra cultura. Norge Espinosa consideró que en nuestro país todavía hay fragmentos de la historia —incluso desde la etapa colonial— que están por ser analizados a profundidad y crean dificultades al ser llevados a alguna expresión artística. Coincidió con la importancia de “la conciencia de la memoria”, o sea, aprovechar el dolor de lo ocurrido como símbolo de cambio, para que no regresar al pasado.

Por su parte, Roberto Zurbano valoró que antes de la politización de la diferencia existen los discursos nacionalistas, los cuales al tener más de 200 años son excluyentes porque tienen una visión autoritaria de género y son la matriz del patriarcado. Es un ciclo q se repite constantemente, como un movimiento pendular, al que debemos convertir en un problema político, en un reclamo a la participación para cerrar ese ciclo de exclusión y empezar uno nuevo de la diversidad. Cambiar ese discurso permitirá salir del debate entre “el canon” y “la disidencia del canon”, para tener una interpretación más incluyente de la realidad.

Otras intervenciones aportaron nuevos enfoques, como la incidencia de la ideología heterosexual desde las religiones monoteístas y “la culpa” como elemento regulador; la exclusión de los temas relacionados con las mujeres lesbianas y las personas trans en la visión del tema a nivel continental; la fragilidad de los procesos políticos en el hemisferio, que hacen de la inclusión de otras voces y la ampliación de derechos como algo transitorio en muchas ocasiones; ente otros elementos.