Diálogo de una estudiosa con el público en su 85 cumpleaños

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Diálogo de una estudiosa con el público en su 85 cumpleaños

  • Natalia Bolívar en 2014. Foto Cubaliteraria
    Natalia Bolívar en 2014. Foto Cubaliteraria

Recientemente la investigadora y etnóloga Natalia Bolívar Aróstegui (La Habana, 1934) celebró su 85 cumpleaños y el lugar elegido para esta celebración fue el lobby del Instituto Cubano del Libro (Obispo equina Aguiar, La Habana Vieja), como parte del espacio El elogio oportuno, conducido por el periodista y crítico Fernando Rodríguez Sosa; y que toma su nombre del aforismo martiano “el elogio oportuno fomenta el mérito; y la falta del elogio oportuno lo desanima”, publicado originalmente en las páginas del periódico Patria, en abril de 1892.

Lo ocurrido durante esta actividad mostró la validez de la primera oración en ese criterio martiano y le permitió al público asistente conocer facetas de una personalidad que desde hace casi tres décadas ha publicado títulos como Los orishas en Cuba; Ta Makuende Yaya y las Reglas de Palo Monte; La muerte es principio no fin; Mitos y leyendas de la comida afrocubana; Quintín Banderas; Lydia Cabrera en su laguna sagraday Nkorí. Vocablos africanos en la música cubana, este último en coautoría con Zoila Lapique Becali.

Desde muy pequeña la impronta de Natalia Bolívar pareciera estar marcada por el contacto con diversas influencias socioculturales. Habiendo tenido una procedencia familiar aristocrática con formación católica, apostólica y romana, su interés por el estudio de las religiones afrocubanas fue resultado “del conocimiento de la historia a partir de la tradición familiar y las experiencias de vida contadas por otras personas”. En ese sentido mencionó el caso de uno de sus antepasados por vía paterna, Arturo Bolívar, que durante la última guerra de independencia cubana contra España (1895-1898) fue ayudante de campo de Antonio Maceo y cayó en combate con 18 años; el haber tenido la posibilidad de conocer a personalidades de la cultura cubana como Rita Longa, Wifredo Lam y José Lezama Lima; amén de la relación estrecha que tuvo con su nana negra Isabel Canteros, que le ayudó a fortalecer su carácter, le aportó el amor a la tierra y el conocimiento de los primeros elementos de la cultura afrocubana, cuyas bases para un estudio profesional más sistemático quedarían consolidadas por su relación profesional y humana con la estudiosa y etnóloga Lydia Cabrera.

Sobre este aspecto de su vida Natalia Bolívar comentó que este vínculo fue resultado del trabajo realizado junto a Lydia en el Museo de Bellas Artes, donde la autora de El Monte se desempeñaba como asesora en el Instituto Nacional de Cultura; y el punto de unión entre ambas se relacionó con los estudios sobre antropología, donde Natalia Bolívar asumió el rol de conferencista en estos temas. Finalmente la propia Lydia Cabrera sería testigo involuntario de un momento crítico en la vida de la homenajeada de El elogio…, relacionado con los avatares de esta como combatiente clandestina contra la dictadura batistiana.

Acerca de cómo comenzaron a desarrollarse sus inquietudes políticas desde muy joven, la autora de Los orishas en Cuba comentó que estas se iniciaron desde la adolescencia, a partir de su relación con un primo que durante los años 40 del pasado siglo XX perteneció a grupos gansteriles existentes en la Cuba de esa época, el cual estuvo además involucrado en el célebre caso de la sustracción del brillante del Capitolio y su posterior aparición en el Palacio Presidencial durante el mandato de Ramón Grau San Martín (1944-1948). No obstante, su inmersión en la dinámica política de la República Neocolonial ocurrió en la década siguiente, al involucrarse en la lucha insurreccional contra Batista gracias a la influencia de su pareja en esos años, José Luis Wangüemert, que trabajó junto a Natalia en el Instituto Nacional de Cultura, era integrante del Directorio Revolucionario 13 de Marzo e hijo de uno de los mejores periodistas de Cuba en aquel entonces, Luis Gómez Wangüemert. Sería el joven quien la introdujo en los trajines conspirativos de la misma, donde llegó a ser miembro del Buró Ejecutivo del Directorio y se relacionó, entre otros, con Julio García Oliveras, Gustavo Machín Hoed y Raúl Díaz Argüelles. También formó parte de una organización hoy prácticamente desconocida llamada “Mujeres Oposicionistas Unidas”, la cual desempeñó un papel muy significativo porque unió a mujeres de todas las tendencias que se oponían a la dictadura de Batista y tenía como principal objetivo ayudar a las fuerzas rebeldes, los presos políticos, los cubanos exiliados y a sus familias.

En medio de esa vorágine a mediados de 1958 Natalia Bolívar fue apresada por las fuerzas de la dictadura. En ese sentido la invitada explicó que, curiosamente, durante una visita que realizara a Matanzas junto a Lydia Cabrera poco antes de su captura, un santero de esa ciudad le predijo sobre su detención y el peligro para su vida que representaría el suceso, describió minuciosamente a uno de sus captores y finalmente le entregó un collar de Obatalá con Changó atravesados por la flecha de Ochosi, que le serviría de protección.

Lo cierto es que luego de ser apresada fue conducida al Buró de Investigaciones (BI), donde el coronel Orlando Piedra y Julio Laurent, jefe del Servicio de Inteligencia Naval (SIN), comenzaron a interrogarla y torturarla. Sin embargo, Laurent, que también era practicante de las religiones afrocubanas, se percató del resguardo que esta portaba y ordenó de inmediato el cese de los interrogatorios, primer paso para que posteriormente fuese liberada y entregada a sus familiares. Finalmente, tras su salida del BI Natalia Bolívar se asiló en la Embajada de Brasil, desde donde seguiría colaborando con el aparato clandestino  del DR 13 de Marzo y tras la salida de Batista el 1 de enero de 1959 ocupó junto a varios de los integrantes de esa organización el Palacio de Bellas Artes, institución que dirigió durante los primeros años de la Revolución, al igual que los museos Napoleónico y Numismático.

En otra parte del diálogo se refirió a Los orishas en Cuba como uno de sus libros más importantes y conocidos, que tuvo una gran aceptación por parte del público, aun cuando demoró casi una década en ser publicado (de hecho la primera edición del mismo estuvo a cargo de Ediciones Unión en 1992). También comentó que lo que más la enorgullece en este momento es la familia, especialmente sus tres hijas; no tener que sentirse arrepentida por nada y que tal vez la única satisfacción no alcanzada tiene que ver con el hecho de que le hubiera encantado ser bolerista. Finalmente, ante las dos preguntas últimas del presentador, relacionadas con qué es la cubanía para Natalia Bolívar y quién es ella, la invitada respondió sobre la primera interrogante que se trataba de “algo complicado, pues los cubanos han sido capaces de resistir como una raíz de ceiba”, mientras que para la segunda su respuesta fue breve pero precisa: “Yo soy cubana”.

Durante el encuentro, donde también actuó el grupo vocal Daysi Brau y Owa-Areanle, los asistentes pudieron adquirir el más reciente libro de esta reconocida investigadora, titulado La sabiduría de los oráculos. Ifá, los caracoles y el coco, que publicó la Editorial José Martí (2018), cuyo tema central, según las palabras de la autora en el prólogo de este volumen “es un compendio de los sistemas adivinatorios de la Regla de Ocha (santería), teniendo en cuenta la gran importancia de la temática Ifá en nuestro país”, al tiempo que lo identifica dentro de su amplia bibliografía como la continuidad de Los orishas en Cuba.