Diana María Cruz: con el dulce olor de la madera

Diana María Cruz: con el dulce olor de la madera

  • Diana María Cruz Hernández fue merecedora del Premio de la Crítica Histórica José Luciano Franco. Foto cortesía de la autora
    Diana María Cruz Hernández fue merecedora del Premio de la Crítica Histórica José Luciano Franco. Foto cortesía de la autora

Diana María Cruz Hernández es una mujer bella, posee ese atractivo que le otorgan la inteligencia y la sencillez. Ella no nació en Santiago de Cuba, pero se enamoró de esta ciudad desde muy joven.

Y como contra el tiempo y el empeño nadie puede, ahí tiene, justo en sus manos y como resultado de su ininterrumpido trabajo el Premio de la Crítica Histórica José Luciano Franco. El galardón viene acompañado de grandes alegrías, es el primer premio nacional que alcanza un libro publicado por Ediciones Caserón, sello perteneciente al Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en esta provincia.

¿Cómo nace Pueblos de madera y azúcar?

El libro Pueblos de madera y azúcar se erige sobre un resultado científico, quizás el más importante de mi carrera, que es justamente una investigación que desarrollé durante muchos años, me llevó alrededor de 15. Desde que era estudiante de la carrera de Historia del Arte, comencé a trabajar, guiada por quien fue luego mi tutor, el Dr.C. José Vega Suñol, profesor de la Universidad de Holguín, que estaba haciendo en aquel momento un estudio para su doctorado sobre la presencia norteamericana en el área nororiental de Cuba. Tuve la oportunidad de hacer un recorrido con él por las comunidades azucareras, ubicadas en esa área geográfica, así se convirtió él en mi guía, porque comencé a seguir sus pasos en esta misma línea, pero me dediqué específicamente a una arista de lo que era su trabajo, porque su indagación era más bien de corte etnohistórico, yo trabajé lo que sería un capítulo de su gran investigación que era el tema de la arquitectura de las comunidades azucareras, específicamente la vivienda y el marco cronológico que en este caso se definió fue 1900-1930, porque decidí centrar mi estudio en la arquitectura de madera, porque a partir de 1935, aunque en algunas comunidades hubo cierto adelanto a propósito del uso de la mampostería.

Los estudios sobre la arquitectura de madera han sido escasos, y de hecho una de las grandes motivaciones para la realización de este trabajo, fue el hecho de que, la historiografía de la arquitectura, no solo en Cuba sino también en América Latina y el resto del planeta, recoge solo los grandes hitos, estilos y escuelas que se dan a nivel mundial y cómo estas se comportan fundamentalmente en la ciudad, o sea, que las pequeñas comunidades que están permeadas de ruralidad, que se desarrollan a partir de sus vínculos con determinados tipos de producción, como la tabacalera, cafetalera, la minería, no han tenido un análisis sistemático. Aunque actualmente sí se hacen estudios inclinados por ejemplo a la vivienda vernácula. Mi interés era visibilizar esta área, esta otra arquitectura que de algún modo había sido relegada.

Pero se centra fundamentalmente en las comunidades azucareras ¿de dónde proviene esa motivación?

La inclinación hacia el batey azucarero tiene que ver también con mi vida, porque mi niñez transcurrió entre bateyes por razones laborales de mis padres, y ese olor de los pueblos de madera y azúcar me invadió desde edades tempranas y quizás fue por eso, el azúcar lo que más me motivó.

Este proyecto me llevó tantos años porque fue el tema de mi trabajo de licenciatura, luego la maestría y finalmente fue el resultado que defendí como tesis de doctorado en Ciencias sobre Arte en el año 2003. Es una investigación que aunque parezca que tiene bastante de historia, se centra fundamentalmente en la arquitectura enfocada desde las ciencias sobre arte, no desde la especialidad técnica. Es la arquitectura de la vivienda fundamentalmente, pero no vista como un espacio vacío, si no, a partir de las personas que la habitan y que están imbuidas en el proceso de elaboración de un producto que forma parte de la historia de este país, el principal renglón económico, que es justamente la industria azucarera.

El libro gira en torno a este fenómeno, por eso es ameno, porque no está recargado de tecnicismo y yo cuidé mucho de librarlo de todo ese aparataje metodológico que tenía en un primer momento. Quedé muy satisfecha con el resultado, porque la cubierta la diseñó Zoilo Fernández con una foto que yo misma tomé cuando no había tecnología digital, y ha sido un libro que me ha dado mucho placer y alegrías, por lo tanto este premio realmente lo agradezco.

Pueblos… es el primer volumen de Ediciones Caserón que logra este premio, ¿qué representa esto para usted?

Para mí ha sido un inmenso placer que haya sido justamente mi libro el que le haya valido a Ediciones Caserón este galardón, porque realmente es un colectivo joven, pero con mucho talento, trabajan muy fuerte, con mucha seriedad, y me parece que es muy bueno para ellos visibilizarse a través de un premio tan importante como puede ser el Premio de la Crítica Histórica José Luciano Franco, como también me parece un gran regalo el hecho de que un libro que sea una mirada diferente a la historia lo haya obtenido, es algo bien meritorio. Espero que Caserón obtenga muchos premios más, porque de algún modo este en un premio nacional, que nos visibiliza a nivel de país.

Este tipo de análisis puede aportar mucho desde la perspectiva de la historia local, ¿cómo ha logrado vincularlo con la historia nacional?

El problema está en que la gran historia se construye desde lo local. Yo siempre digo que la historia de la arquitectura cubana no estaría completa sin la historia de la arquitectura de estas comunidades, y son espacios casi anónimos. Además las personas que habitan en ellos no tienen una conciencia del valor que tiene el inmueble. Por ejemplo, cuando yo realizo trabajo de campo, converso mucho con los habitantes y agradezco el hecho de que me abran sus puertas, porque eso no sucede en todos los sitios, el cubano por su manera de ser tiene ese don, es muy hospitalario, no es receloso, es muy abierto y a mí en los bateyes azucareros todo el mundo me abrió sus puertas, eso no me ha sucedido en otros lugares donde he investigado, he tenido experiencias fuera de Cuba, donde la situación no es igual porque son otras culturas, otra idiosincrasia.

Entonces, efectivamente, desde lo local, es donde podemos contribuir a la conformación de una cultura nacional, te pongo el ejemplo de los bateyes azucareros, pero también puedo hacerlo con el grabado, porque tengo el empeño de que se escriba la historia del grabado en Santiago de Cuba porque no se ha hecho, y solo cuando se haga, al igual que se debe hacer en otros sitios, será que tengamos la verdadera historia del grabado en Cuba. Así sucede con la pintura, con todo.

Por eso, cuando llego al aula el primer día le pregunto a los estudiantes de dónde son y cuáles son sus motivaciones, me interesa saber si el estudiante está allí porque quería ser historiador del arte o quería ser médico y fue esta la carrera que le llegó, entonces tengo que ver cómo manejar los dos casos porque intento domesticar su sensibilidad, porque la idea es que ellos contribuyan a esa conformación de la cultura nacional y a su preservación lógicamente.

Usted se formó en la Universidad de Oriente y actualmente trabaja ahí. ¿Cuánto le ha aportado esta academia a sus investigaciones y su desarrollo profesional?

En primer lugar, a partir de este trabajo, que ha sido de muchos años e intenso, creé un grupo científico estudiantil sobre arquitectura, entre todas las artes esta siempre ha sido la que más me ha interesado, paralelamente hago investigaciones asociadas a las artes plásticas, sobre todo al grabado.

Ahí he logrado aglutinar a muchos estudiantes interesados en temas de arquitectura, algunos la han trabajado de manera general, no centrada en los bateyes, teniendo otras miradas a otros espacios, pero se ha logrado alrededor de 15 trabajos de diploma relacionados con el tema de los bateyes azucareros y de la vivienda de madera. Por ejemplo se estudió Baracoa, que no es un batey, pero que cuenta con muchas construcciones de madera.

También muchos estudiantes de Arquitectura han trabajado este tema, incluso, profesores de esa especialidad y yo, hemos dirigido tesis, sobre todo Mónica Cabrera, quien ya falleció, y a quien además de mi familia, le dediqué el libro por su invaluable ayuda en la realización de este trabajo.

En segundo lugar, yo soy la profesora de metodología de la investigación, entonces me interesa mucho estimular a los estudiantes. Ese primer encuentro con la investigación que tiene lugar en el primer semestre de tercer año es fundamental. Yo los estimulo, les ofrezco mis experiencias y también llevo al aula las de otros colegas, porque trabajamos temas diversos y hay muchas líneas de investigación en el departamento, invito a otros profesores a que muestren sus ideas a través de la pintura o el audiovisual.

En este sentido el trabajo con los estudiantes me ha sido de mucha utilidad porque todo lo que ellos hacen de algún modo contribuye a mi labor y yo al mismo tiempo intento formarlos o despertar en ellos ese amor hacia la investigación, de hecho, yo les inculco que la investigación es la base de todo lo demás, porque para hacer una exposición de un artista hay que investigar, hay que trabajar con el artista, hay que tener herramientas, por ejemplo saber hacerle una entrevista, todas esas cuestiones que he aprendido a lo largo de los años trato de trasmitírselas.

Por otra parte, dirijo la disciplina de Investigación y Crítica de Arte, y ahí también tengo un espacio para encauzar todos estos asuntos y en ese sentido la academia ha sido importante en mi vida y la labor desde la carrera me parece que es fundamental, lógicamente, lo que he hecho hoy, es porque desde mi formación mis profesores me inculcaron todo esto, yo soy el resultado de esa carrera, por lo tanto, lo menos que puedo hacer ahora es contribuir a la formación de los futuros historiadores del arte, a partir de los mismos paradigmas en los que yo me formé.

Intento contribuir a la formación de los estudiantes no solo en el ámbito académico, no solo en lo curricular, sobre todo pongo mucha atención en formar buenas personas, porque creo que es lo fundamental, que sean hombre de bien.