El día que se encuentra la luz (II)

El día que se encuentra la luz (II)

  • Para la soprano lo más importante es ser sincera consigo misma y cantar aquello que realmente la emociona
    Para la soprano lo más importante es ser sincera consigo misma y cantar aquello que realmente la emociona

Lo que a primera vista pareció un revés fue para Bárbara Llanes la revelación de un nuevo camino. Manuel Duchezne Cuzán le informó que su travesía en la Ópera Nacional de Cuba había concluido, pero aquella persona, a la que la soprano admira y agradece por haber valorado su voz desde el inicio, la encaminó hacia otras melodías en el Centro Nacional de Música de Concierto.

Aquel sería uno de los muchos cambios que acompañarían la trayectoria de la artista, los otros, sin embargo, fueron de distinta naturaleza: geografía, género, manifestación artística. Ella sigue representando aquella institución, con su alma alimentada de escalas y arpegios, lírica hasta el tuétano.  Mas, de vez en cuando, asume otras formas, sin olvidar las esencias. 

«Para un intérprete no existen límites en la exploración de nuevos colores, formas de ser, géneros. Es importante sentir la música y elegir lo que verdaderamente a uno lo estremece, lo que puede abordarse con pasión».

En medio de la preparación de su primer disco, Amor y Dolor, el maestro Frank Fernández le dio una enseñanza que Bárbara María aplica en la profesión y en la vida. Desde entonces busca con sinceridad en su interior y se deja llevar por los radares de su intuición musical.

«Tenía un proyecto mental y una estrategia: mujeres compositoras cubanas. Entonces él me dijo que encontrara la música que más me gustara y la cantara. En el disco que acabo de grabar no, en el anterior, hice un trío de jazz, canciones de mi autonomía, boleros jazzeados con ciertas armonías que recuerdan al blues, la balada norteamericana, ¿por qué no hacerlo?

Desde pequeña tuvo un gran amor por el teatro

Esa mixtura y constante intención experimental no solo es propia de su producción dentro de la música lírica. La acompaña en otros escenarios, como el que protagonizó ante la cámara, en una escena de la película José Martí: El ojo del canario. Aunque han sido apariciones pequeñas, el cine la seduce. Además del filme de Fernando Pérez, ha participado en cortometrajes y encarnado papeles como el de «la soprano loca del pueblo» en Al día siguiente, muestra de ficción de Kike Álvarez.

«Tuve la suerte de que ese gran artista, Fernando Pérez, me eligiera para filmar esa escena. Antes de seleccionarme hubo todo un estudio de quién podía hacer ese momento de la película, incluso si la imagen no gustaba demasiado sólo saldría la voz. Para mí fue un gran placer, la ropa, el maquillaje, todo tenía que ser muy natural.

«La ópera es un espectáculo mundial muy apreciado y bien pagado. Por suerte el video y el cine ha podido acercarla a las personas. Aunque he hecho algunos cortos y trabajos con otros cineastas, en El Ojo del Canario conocí por dentro el rigor, la profesionalidad. Fernando es muy espiritual, él vive cada escena, cuadro, desplazamiento de la cámara, proyección, luces. Tuve el privilegio de vivirlo desde dentro como espectadora. Me quedé con ganas de haber hecho mucho más».

Con el teatro también tiene un vínculo especial, uno proveniente de su pueblo, Bejucal. De pequeña pretendió ser artista con la compañía de aficionados encabezada por Carlos Díaz, a ello se le sumaba la tradición de zarzuelas de su tierra, el teatro vernáculo, bufo y las comedias simpatiquísimas de Juan Varona.

La obra Canción para estar contigo, idea original de Bárbara, mereció, en 2011, el Premio Villanueva de la Crítica Teatral por mejor espectáculo de niños

«Yo quería ser actriz desde niña. Mi familia me llevaba cada fin de semana a los teatros de La Habana, íbamos al Guiñol, más tarde al Teatro Estudio. Con 8 o 9 años fui testigo de la excelencia de Carlos Díaz. Los vestuarios eran bellísimos, había parihuelas, caballitos de cartón, piedra, siempre aparecía todo para que el espectáculo fuera grandioso. Esa etapa para mí fue mágica. Lo que hacía era tocar el piano y salir de vez en cuando. Era algo que te imbuía, te llenaba completamente. Era dar la vida por el teatro».

Bárbara fue una niña que amaba el teatro y lo sintió en la piel. Ahora de adulta lo lleva a otros pequeños. De ahí la obra Canción para estar contigo, merecedora, en 2011, del Premio Villanueva de la Crítica Teatral al mejor espectáculo para niños. La presentación fue una idea original suya que musicalizó para Teatro de las Estaciones.

Ella es multifacética. A sus 50 años ostenta el Primer Premio en el Concurso Nacional de Canto Alejandro García Caturla y en el Rodrigo Prats. Su disco Amor y Dolor mereció el Premio EGREEM en la categoría de Música de Concierto y, en 2017, le fue otorgada la Distinción por la Cultura Nacional. Estos lauros no la definen, para ella sigue siendo más importante la honestidad consigo misma, con su profesión. A sus alumnos de canto, en el Instituto Superior de Arte, intenta inculcarles esa máxima.

«Lo primero que intento es buscar en ellos la motivación. Nunca estuve de acuerdo con representar la diva, la gran soprano que entra y es muy importante. Yo siempre fui reticente a esa forma de ser artista, ser sincera conmigo misma es lo más importante. Eso es lo que intento enseñarle a cada uno de mis alumnos, cómo ellos lo sienten, cómo quieren proyectarse, degustar lentamente ese mensaje que es el tuétano, la parte central. Trato de entrar en esa comunicación con sus puntos de vista».

«Para lograrlo hay que aprender la técnica que permita buscar esas sonoridades, esa línea, esa pureza de timbre, ese fiato, dominar esas habilidades que permiten dibujar ese mensaje a partir de sus habilidades. Todo es un gran engranaje».

Bárbara Llanes Zertucha trata de no pensar en el futuro, su presente y su pasado es exigirse ser un poco mejor cada día, aprender algo más.

Su sueño presente es volver a hacer ópera

«¿Sueños por cumplir? Mi realidad ha superado todos mis sueños, pero al mismo tiempo me parece que no he logrado nada, es una relación un poco extraña. Pienso que estoy empezando ahora mismo mi carrera. Quisiera hacer ópera, eso me ha faltado. Me ha tocado un silencio ahí que no termina y los tengo en partituras, en mi cabeza. Yo estaría encantada de ir a cantar al Lorca una ópera, hacer La Traviatta de nuevo, Romeo y Julieta. Quiero empezar con La Hija del Regimiento si lo permite la pandemia».

Y entonces parece que vuelve a descubrir la ópera en la Biblioteca Nacional de Cuba. Es otra vez la joven de 17 años que quiso encarnar a Constanza en El rapto en el Serrallo de Wolfgang Amadeus Mozart. Ella, una de las cantantes líricas más jóvenes de Cuba, sigue maravillándose una y otra vez con la majestuosidad de la voz humana. Lo hace porque su alma, lírica hasta el tuétano, está hecha de escalas y arpegios, esos que musicalizan cada escena de la vida de esta soprano.