El escritor auténtico se ha forjado un mundo que ilumina (II)

El escritor auténtico se ha forjado un mundo que ilumina (II)

En esta segunda entrega de la entrevista realizada a Roberto Méndez Martínez, poeta, narrador, ensayista, crítico de arte y una de las voces imprescindibles de la literatura cubana, el escritor habla de su experiencia con la editorial DECO Mc Pherson S.A, quien le publicara nuevas ediciones de sus novelas Ritual del necio y Anna en la hoguera.

«Es una editorial novel, conformada por jóvenes no solo soñadores sino muy activos y eficientes. Mientras se repite que en el mundo hay cada vez menos lectores, ellos se han empeñado en hacer crecer un catálogo de autores cubanos actuales, ya muy extenso y atrevido. Promueven en las redes sociales sus productos y facilitan lo mismo el acceso al libro en papel –para los lectores tradicionales— o la versión en Kindle para los más actualizados. Rompen la insinuación perversa de que en Cuba no hay escritores que valgan la pena y logran llegar a todas partes. Trabajan con nombres reconocidos y también con otros muy jóvenes y no se encasillan en una tendencia estética o corriente de pensamiento…ignoro si con todo esto logren algún beneficio económico, pero como empeño cultural es muy digno de notar».

¿Cuáles son sus escritores fundamentales, los que en su opinión han marcado su obra?

En mi niñez comencé por fascinarme con La Edad de Oro, antes de acercarme, como lector precoz, a La Ilíada traducida por Hermosilla, a las comedias de Aristófanes, a la Biblia –donde quedé sobrecogido por el misterio del Cantar de los cantares y por el relato grandioso del Génesis. En mi juventud me fascinaron Rubén Darío, Julián del Casal, Federico García Lorca y mi gran descubrimiento fue José Lezama Lima, cuyo Paradiso, así como sus poemas y ensayos me han acompañado siempre. Claro que una lista completa tendría que incluir la poesía de San Juan de la Cruz, T.S.Eliot, María Zambrano, Borges, Rayuela, Palinuro de México de Fernando del Paso y un largo etcétera.

¿Cómo está enfrentando estos momentos de crisis por la situación de la pandemia? ¿Cree que la literatura es un ejercicio paliativo? ¿Le servirá de trigo para futuras creaciones?

Los largos meses de encierro han sido para mí, en primer lugar, un tiempo de reflexión filosófica y hasta teológica: la pandemia puso al descubierto de nuevo la fragilidad del ser humano, la irracionalidad del orden en el mundo y la arbitrariedad de los poderosos para decidir sobre la naturaleza y las sociedades. Y en la dimensión vertical, en la relación con lo trascendente, creo que estamos pasando por eso, tan bien pintado en el libro bíblico de Job, por la pregunta agónica: ¿Por qué Dios permite tanto mal en el mundo? Eso lleva a cuestionar la propia obra: ¿es apenas un desahogo psicoanalítico, o un puro divertimento? Me he replanteado en qué medida ella puede servir al prójimo, especialmente para nutrir su espiritualidad.

Lo otro ha sido trabajar muchísimo y cultivar la relación familiar, tan descuidada a veces con las prisas y las obligaciones sociales.

El encierro ha sido tema de un par de poemas, más bien amargos, que no he mostrado a nadie, pero creo que lo aprendido en esta etapa influirá de manera evidente en mi obra posterior.

¿Qué le da miedo?  ¿Qué es lo que más lo enfurece? ¿A su juicio cual es la palabra más peligrosa? ¿Cuál la más esperanzadora?

En la interioridad del hombre no hay uno, sino muchos miedos. Para mí, el más consciente es el temor, la sensación de parálisis ante el mal gratuito, ¿por qué alguien a quien apenas conocemos puede odiarnos y hasta procurar hacernos daño? Es eso, de naturaleza demoníaca, que san Pablo llamaba, en su segunda Carta a los Tesalonicenses «el misterio de iniquidad» (2 Tes 2,7).

Me enfurece la ingratitud, sobre todo cuando está dictada por la envidia o el resentimiento.

La palabra más peligrosa es «poder» cuando alguien lo ejerce con olvido de que su finalidad es servir a los demás.

Y la palabra más esperanzadora en este mundo pragmático es, sin dudas, «poesía».

¿Qué les aconsejaría a los jóvenes escritores? ¿A los jóvenes en sentido general?

Dar consejos a quien no los pide es una forma segura de perder el tiempo. De modo que prefiero enunciar como reflexiones algunas de las cosas que he aprendido en mi oficio:

El talento, en realidad, es la capacidad de trabajar para obtener frutos. Es mejor una página honrada y medianamente escrita, que la página genial que nunca se escribió.

El idioma es la herramienta principal de los escritores, hay que conocerlo, cuidarlo y enriquecerlo, como protegen y tienen a punto sus instrumentos los artesanos. Intentar destruirlo o usarlo mal es una actitud infantil e irresponsable.

Un poeta no es solamente un autor de versos, sino alguien que tiene varios saberes y sobre todo un constante apetito por nutrirse de toda la cultura del mundo. Heredia, Martí, Carpentier, Lezama, son ejemplos de ello.

El vitalismo desordenado, la bohemia y la maledicencia de las tertulias son como drogas que producen una falsa euforia y autores incompletos y efímeros. El escritor auténtico se ha forjado un mundo, que no excluye a los demás, sino que los ilumina y ejerce sobre ellos un magisterio espiritual.