El mexicano, el cine club y las calles muriendo y naciendo en el sembradío

El mexicano, el cine club y las calles muriendo y naciendo en el sembradío

Fue aquello como una moda necesaria la creación de los cine club. Era como tocar en las puertas de todos afirmando que las películas eran algo más que entretenimiento. Creámoslo o no, pero el cine es arte. El asunto es comprensible en New York y París, pero no en esta ciudad caribeña de la que un poeta irónico afirmó que todas sus calles terminaban en el sembradío, queriendo resaltar sus raíces campesinas. Cómo convencer a aquellas gentes que las películas eran algo más que entretenimiento de sábados de matinés.   

A finales de 1961 llegó a La Habana el arquitecto mexicano Gustavo Vargas Escoboza. Lo acompañaba su esposa, la artista plástica mexicana Electa Arenal y sus hijos. Gustavo y Electa eran intelectuales de pensamiento de izquierda, muy vinculados al partido comunista mexicano. No dudaron en aceptar quedarse en Cuba durante varios años para ayudar a la naciente revolución. Ambos dejaron una profunda huella en el territorio de las actuales provincias Holguín y Tunas. Electa creó una escuela de cerámica, hizo varias esculturas y pinturas. Él trabajó en la construcción de una serie de edificaciones como el hospital de Puerto Padre y el Lenín en Holguín.

Un asunto menos conocido de Gustavo Vargas Escoboza fue que fundó y dirigió un cine club en la ciudad de Holguín. La génesis de ese cine club está en la sensibilidad de Vargas y su interés de divulgar la cultura entre las masas populares. Ya había tenido una experiencia de ese tipo del que nos expresó:
«Porque yo había estado en México organizando un cine club en el distrito federal. Era un cine club que exhibía películas, todas con contenido revolucionario. Ana la proletaria y no sé qué películas soviéticas y cosas así durante varios años cuando me fui a Honduras lo dejé, se disolvió entonces después de estar en Honduras se me ocurrió repetirlo en Holguín».[1]

En Holguín contó con el apoyo de las autoridades locales. No existía en la ciudad una colección de films de valor universal para ser exhibidas en el cine club. Cada cierto tiempo Gustavo iba a La Habana. Allí seleccionaba las películas que creía con suficiente calidad. Estas eran enviadas a Holguín por tren. Gustavo recuerda que: «La pagaba el municipio, se les pagaba por adelantado y la mandaban por tren, de la Habana a Holguín había un trencito de dos vagones, no sé si usted lo logró conocer que era bastante rápido. Entonces estábamos pendientes y el sábado íbamos y recogíamos las películas».[2]
El club funcionaba en el cine Martí situado en la calle Frexes entre Maceo y Libertad frente al parque Calixto García. Según el arquitecto mexicano ese cine club comenzó a funcionar en 1962.
Las películas que se exhibían eran de las más importantes producidas hasta ese momento. Entre ellas se encontraban de la Unión Soviética, los Estados Unidos, Francia y otros países. Funcionaba cada domingo por la noche. La entrada era gratis. Según testimonio de este mexicano solidario: «Después de ver la película decíamos bueno que les parece y alguna gente comentaba algo, esa es la técnica de los cine clubs que ahora hay muchos por todo el mundo».[3]
Vargas recuerda que: «...por más que los estimulábamos la gente se quedaba callada se acababa la película y se iban».[4] No había una tradición de ese tipo en Holguín en aquellos momentos. De todas formas el cine club se mantiene hasta 1965 que Vargas retornó a Mexico. Todo parece indicar que este fue el primer cine club que funcionó en la ciudad. Es posible que esté entre los primeros establecidos fuera de La Habana después de 1959.
 

 

[1] Entrevista realizada a Gustavo Vargas Escoboza por José Abreu Cardet en la ciudad de Holguín el 9 de marzo de 2012.

[2] Idem.

[3] Idem.

[4] Idem.