En la Habana Vieja con Lezama Lima

En la Habana Vieja con Lezama Lima

Etiquetas: 
Paradiso, José Lezama Lima, La Habana
  • Lezama fue un admirador de la ciudad de La Habana, sus calles y los lugares. Foto: Abel rojas
    Lezama fue un admirador de la ciudad de La Habana, sus calles y los lugares. Foto: Abel rojas

El poeta de Muerte de Narciso y Paradiso pasa su infancia en La Habana Vieja, a ella y a sus mil escenarios fue fiel toda la vida.

Su infancia la pasa en Paseo de Prado número 9—donde monta patines y juega a la pelota—y, ya joven se muda a Trocadero 162.

Al joven Lezama Lima el único lugar que lo saca del recinto colonial cada día es la Universidad y el Teatro Auditorium en El Vedado—para escuchar la orquesta sinfónica—  y, después, ya abogado, la Cárcel de La Habana en el Castilllo del Príncipe donde ocupa un empleo.

El Lezama intelectual, el literato, el “revistero”, el editor de Orígenes solo se mueve intramuros, donde se desplaza  —con deleite— los sábados hasta las calles O´Reilly y Obispo a ver novedades en las librerías La Victoria “donde espera a sus amigos ante la puerta estrecha” y, La Minerva (donde conoce a las jóvenes hermanas Fina y Bella García Marruz) pero, si hay “tirada”, impresión de Orígenes o volúmenes de la editorial del mismo nombre entonces, el “Gordo” baja hasta Teniente Rey número 15, local de los admirados Talleres Úcar, Garcia, S.A., donde lo espera su amigo y maestro impresor Roberto Blanco.

Pero, si es domingo en el Casco Histórico, el poeta con su lento caminar visita a su querido amigo y colega Ángel Gaztelu— “el cura de Orígenes”— párroco en la Iglesia del Espíritu Santo —Cuba y Acosta— y terminada la misa, ambos poetas arreglan el mundo en un banco del vecino Parque Cristo.

El domingo presenta otra atractiva opción: alcanzar Empedrado 360 entre Cuba y Cuarteles—Edificio Cuba—, estudio o taller del pintor y fraterno Mariano Rodríguez y, de allí, a la bodega de Reboredo que sirve cerveza fría con longaniza hecha por él mismo o, para variar, a los cafés La Marina o La lluvia de Oro y sus” reminiscencias poéticas”  que tanto alaba el Poeta.

De regreso, pintor y poeta rematan el domingo en el parque Igúes en “Monserrate y la otra calle después de Empedrado”.

Son los años de las décadas de 1940 y 1950.