“En la vida hay que tener mente y corazón siempre abiertos”

“En la vida hay que tener mente y corazón siempre abiertos”

  • “Me gusta mi profesión, vivo eternamente enamorada de ella, y siempre que me ofrezcan un trabajo que pudiera ser interesante, lo haré”. Foto tomada de Internet
    “Me gusta mi profesión, vivo eternamente enamorada de ella, y siempre que me ofrezcan un trabajo que pudiera ser interesante, lo haré”. Foto tomada de Internet

con una actitud siempre latente hacia el estudio y aprendizaje de lo nuevo, de todo aquello capaz de enaltecer y consagrar al verdadero artista. En toda entrevista o convocatoria, ella hace sentir su vitalidad con sencillez y elegancia, al igual que –y quizás con mayor fuerza y perdurabilidad–, aquella mirada estrenada en su joven Lucía. Es Eslinda Núñez, leyenda siempre nueva y real del Cine cubano y latinoamericano.

¿Cuál es su procedencia social? ¿Familiares artistas?

“Nací y me crié buena parte de mi vida en la ciudad de Santa Clara (provincia central de Las Villas), en el núcleo de una familia muy bella y unida, a tal punto que dondequiera que fuese mi padre a trabajar como chofer siempre nos llevaba a mi madre, a mi hermano (Héctor) y a mí. Recorrí por tanto, toda la provincia de Las Villas, al igual que La Habana, pues mi familia era muy numerosa y siempre mis padres estaban inventando algún motivo para reunirnos todos o para fiestar en las parrandas de Camajuaní, de Remedios…en cualquier cita carnavalesca. Mi madre era ama de casa y, aunque no era una persona culta, siempre se caracterizó por tener un pensamiento muy positivo, una gran inteligencia natural, algo que admiré y continúo admirando en ella. En el caso de mi padre, lo recuerdo como un hombre sumamente trabajador. Primero, fue chofer en el sector de obras públicas; luego, administró una funeraria en Sagua la Grande y, más tarde, pasó nuevamente a chofer de la cadena de ómnibus Playazul línea Santa Clara-Varadero.

“Me convocó a venir a La Habana algo muy hermoso: el amor. Manolo –Manolo Herrera, director de cine–, y yo éramos novios desde los catorce años de edad. Lo conocí en Santa Clara haciendo labores de producción en la película La Batalla de Santa Clara, del director Tomás Gutiérrez Alea. En aquel entonces, Manolo dirigía un cine-club en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, y hacía documentales, además de estudiar en la Escuela de Comercio. Aconteció que, luego de concluir la filmación de La Batalla…, lo invitan a La Habana y es cuando le proponen comenzar a trabajar en el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (ICAIC). Nos casamos enseguida, y nos trasladamos para la capital”.

¿Soñó en algún momento llegar a ser actriz?

“Entre mis sueños siempre estuvo el deseo de llegar a ser actriz. Siendo muy joven siempre participaba en las actividades escolares donde recitaba, hacía coreografías, escribía poemas…Incluso, siendo pequeña dibujaba bastante bien y en una oportunidad gané hasta un premio nacional convocado por certamen en un periódico de Santa Clara. Pensaba que mi futuro sería el dibujo-pintura pues acostumbraba a interactuar con los personajes que dibujaba, hasta llegar a crear historias. Diría que a través de este arte surgen mis primeras actuaciones.

“Ya en La Habana colaboro primeramente en un documental, y poco después me presento ante el inolvidable dramaturgo Vicente Revuelta quien tenía un grupo de teatro que ensayaba en una casa ubicada en las calles habaneras de Neptuno y Campanario. Y fue Vicente quien por vez primera me realiza una prueba de aptitud y me integra finalmente a su grupo. Con este paso en mi vida y, siempre lo he dicho, se corrieron las cortinas de mi mundo. A partir de ese momento me percaté que toda mi imaginación podía volcarla en el arte, y que el método Stanislavsky era el que siempre acostumbraba a representar e improvisar en la práctica no obstante desconocer sus valores teóricos. El mundo de la dramaturgia, del teatro, irrumpió en mi vida de manera fascinante. Así y durante los primeros a;os de la década del sesenta el grupo de Vicente Revuelta llega a oficializarse con el nombre de Teatro Estudio, cuyo prestigio fue creciendo durante a;os gracias a su elevado nivel de profesionalismo. A la vez, comenzaron a formarse diferentes grupos de teatro. Con el tiempo, trabajaría como actriz en la puesta en escena de obras de diversos géneros en varias salas de teatro de El Vedado habanero.

“Rememoro algunos de mis primeros desempe;os actorales como fueron, entre otros, en la película El otro Cristóbal, del director Armand Gatti, en 1962; el período de tiempo contratada por el grupo de teatro musical del mexicano Alfonso Arau, conformado por profesionales de altos quilates. Arau aspiraba a tener bajo su dirección a un grupo de actores integrales en desempe;os como: actuación, canto, baile, acrobacia, orquestación, literatura, danza folklórica, dibujo… “Todo iba muy bien, perfecto, sin embargo (¡y cosas de juventud!), en una ocasión en que tuve la oportunidad de disfrutar la obra Fuenteovejuna me quedé tan fascinada que decidí renunciar al teatro musical para pasar a ser actriz dramática. Y fue así cómo, a partir del disfrute e interiorización de aquella puesta, decido comenzar a hacer teatro dramático, y fue así también cómo me abren sus puertas diferentes salas habaneras como Tespis, Talía, Prometeo, Las Máscaras, muchísimo tiempo llevando a escena los clásicos del teatro universal, junto a la directora Elena de Armas”.

Su estreno como actriz cinematográfica, ¿cuándo ocurre?

“Fue con la película Lucía, del director Humberto Solás. Pero, ante todo, debo puntualizar algo y es que la casa donde residíamos mi esposo y yo en El Vedado, al estar ubicada tan cerca del ICAIC, llegó a convertirse en lugar de reuniones de directores, artistas, técnicos, invitados…Todos venían a tomar café, a comer espaguetis o a discutir una obra, un guión que se le había ocurrido a alguien el día anterior; a hablarnos de un sueño para un documental o largometraje…En fin, un gran hervidero de ideas para realizar.

“Aunque inicialmente no me hacía nada feliz abandonar Santa Clara para venir a La Habana, no desestimo que aquella fue una etapa vivida muy linda. La Habana, me fue ganando hasta llegar a conocerla y amarla cada vez más, en especial, por su numerosa y diversa actividad cultural: exposiciones, funciones de teatro, de danza, de ballet clásico, de cine…Nunca olvido que casi todos los días asistíamos a las funciones de la Cinemateca de Cuba. En esa etapa de mi vida quiero destacar que fue sumamente importante mi aprendizaje y desarrollo personal como actriz”.

En relación con su actuación en el largometraje Lucía, ¿por qué le entregan el personaje de la joven mujer participante en la Revolución del Treinta en Cuba?

“Como todos conocemos, en ese largometraje se incluyen tres historias distintas basadas en la presencia de la mujer cubana en tres momentos de nuestra Historia. En la primera, se destaca en la inolvidable Raquel Revuelta, con su presencia en la Cuba colonial del siglo XIX; en la segunda, para la cual actúo, su militancia activa en algunos de los hechos acaecidos durante la Revolución del Treinta y, en específico, como obrera de una fábrica. Ya la última, con la actuación de Adela Legrá, se recuerda la incorporación de la mujer cubana a la vida laboral –en este caso, una campesina–, durante los primeros años del triunfo de la Revolución cubana.

“En aquellos momentos Humberto Solás, su director, estaba muy entusiasmado con el Neorealismo italiano y quiso hacer algo un tanto neo realista. Analizó que yo podía comprender aquel mundo dado en mi caso en una joven trabajadora que se convierte en mujer tras la lucha que enfrenta con valentía. Leí el guión, me gustó muchísimo y decidí participar como actriz en su segunda historia. El intercambio de impresiones fue constante con Humberto, incluso en ocasiones lo acompañaba en la búsqueda de actores; recuerdo también mis constantes visitas al cuarto de edición, trabajo que siempre me ha gustado.

“Acerca de Humberto puedo afirmarle que era un gran amigo y un director muy exigente. Con él aprendí a tener el rigor indispensable como actriz, a ser más exigente conmigo misma, y a profundizar aún más en mis personajes. Me daba mucha confianza a la hora de actuar; confesaría que era prácticamente un psicólogo quien con frecuencia se me acercaba. Lucía fue, indiscutiblemente, un trabajo bastante complejo pues tenías que estudiar con mucha profundidad cada contexto histórico en que se desarrollaba cada relato representativo de una época. A todo el grupo de actores Humberto les exhortaba a improvisar, algo que otorga en la actuación lo nuevo, lo distinto, su frescura, espontaneidad; algo que siempre caracterizó al cine que él realizó con tanta dedicación”.

¿En qué otras películas participó?

“En otras cuatro películas y un documental participé bajo la dirección de Humberto. El documental Lam está basado en la personalidad del connotado pintor cubano Wilfredo Lam. Humberto quiso que interpretase a su segunda esposa, Eva. Fue una experiencia interesantísima pues a través de ese personaje pude conocer a Lam, con quien sostuve largas conversaciones durante los momentos de filmación en varios lugares de Cuba, entre ellos, Trinidad.

“Debo recalcar que para mí fue fundamental trabajar con Humberto Solás, por su alto nivel de creación y haber sido un artista excepcional. Además de su exigencia era una persona que trataba de llegarte como director de cualquier forma para obtener lo que él quería en pantalla. Rememoro que con él el actor tenía que estar bien preparado ante cualquier cambio, estar siempre a la expectativa ante nuevas ideas que pudieran surgir”.

¿Qué importancia le otorga a tener un esposo director de cine?

“Es tener realmente un regalo de la vida, al otorgarme posibilidades para un mayor desarrollo; para poder trasladar al plano de constante intercambio infinidad de impresiones de nuestras obras e intereses como artistas; ayudarnos mutuamente. Incluso, han existido momentos en que hemos sostenido largas discusiones cuando no coincidimos en determinados aspectos. Manolo es un hombre culto, a quien admiro muchísimo cuando está dirigiendo a sus actores. Con él he realizado tres películas: No hay sábado sin sol, Capablanca y Bailando cha-cha, cha”.

¿Qué opinión tiene sobre el desarrollo de los jóvenes aspirantes a actores de cine?

“He tenido experiencias muy buenas e interesantes junto a jóvenes trabajadores del teatro, el cine y la televisión como, al mismo tiempo, he observado situaciones en ellos que en mi criterio han sido nefastas, terribles…Algunas, quizás, por falta de proyección vocal, por mala articulación idiomática.

“Hace un tiempo trabajé en una telenovela titulada Latidos compartidos, dirigida por Consuelo Ramírez, cuyo casting fue maravilloso. Todos los jóvenes que trabajaron en ella resultaron ser muy profesionales, extraordinarios, con una magnífica dicción. También he trabajado bajo la dirección de Tomás Piard, junto a quien la participación juvenil seleccionada ha sido muy buena y talentosa. Igualmente, durante la puesta televisiva de Santa María del Porvenir, del director Rolando Chiong, llegué a conocer a un buen número de jóvenes actores muy talentosos. Desafortunadamente, no todos los jóvenes poseen el talento y la capacidad requerida para llegar a ser grandes actores o actrices. Sí observo que la proyección de la voz siempre hay que tenerla bien presente, para que todo diálogo llegue a ser correctamente escuchado y, mucho más, si se aspira llegar a ser un excelente comunicador de la bellísima lengua de Cervantes.

“No obstante y, en relación con los que he conocido, todos auguran un futuro relevante”.

Si usted fuese directora de cine y se viese obligada a llevar a cabo la selección de un reparto o casting, ¿cuál sería su exigencia fundamental al respecto?

“En una época acompañé varias veces a Humberto a realizar la selección de un reparto. No olvido para la película Lucía, la búsqueda del marido de Flora. En esa oportunidad conocimos a jóvenes actores aficionados del Servicio Militar Obligatorio quienes eran capaces de llegar a realizar un clásico de la literatura o historia universales. Debo decir que de ese contexto surgieron actores como el recientemente fallecido y querido Rogelio Blain –quien nos impactó muchísimo–, y el experimentado Manuel Porto, entre otros.

“En relación con su pregunta debo confesar, ante todo, que el teatro es un medio que me resulta fascinante; a tal punto, que me considero una actriz de teatro, pues aunque continúe trabajando para el cine, siempre he seguido y seguiré haciendo teatro junto a prestigiosos directores como José Antonio Rodríguez, Roberto Blanco, Nelson Dorr…Hace un tiempo con la directora, actriz y pedagoga Berta Martínez, tuve la oportunidad de realizar durante seis meses el montaje de una obra llamada Bernarda. A partir de ella se impartieron clases de acrobacia, de baile folklórico, de idioma español, además de gramática, dicción…hasta yoga. En esa pieza se exigía mucho del actor pues estaba obligado a pasar por todos los personajes hasta llegar finalmente a ser seleccionado como talento artístico. Esta posibilidad fue para mí algo insospechado, pues hasta aquel momento acostumbraba a actuar a partir de mis propios personajes, no así de varios. Las ense;anzas de Berta me resultaron inapreciables, a tal punto que, a partir de esa experiencia, mi conocimiento referido a la selección y actuación de actores se consolidó aún más.

“Es por ello que si fuese directora ya no partiría del hecho de pensar y profundizar tan sólo en mi personaje, sino también en los otros, en tratar de analizarlos con una visión más general.

“Asimismo, cuando decides seleccionar un elenco tienes que ahondar primero en lo que plantea el dramaturgo, el guionista, y hallar el actor o actriz idóneo con capacidad para desdoblarse. Por lo general no me gusta buscar un personaje cuya apariencia personal esté acorde con el personaje real o el propuesto en la obra literaria o histórica. Todo lo contrario, lo busco por todo lo que sea capaz de expresar, de interiorizar. Igualmente, en una puesta en escena lo que más me interesa –dentro de las cosas más simples–, es todo aquello que pudiera ser insólito, peculiar, diferente.

“En estos momentos, no me siento tan sólo actriz de teatro, sino también de cine, de televisión, de doblajes. Definitivamente lo que me interesa es actuar, sin importarme el medio en que llegue a realizarlo, como tampoco el personaje. Acerca de este último siempre busco la forma de hallarle algo distinto, incluso, dentro de su cotidianeidad.”

¿Cuáles han sido y son sus autores preferidos para la realización de una puesta en escena? ¿Qué personaje le faltaría por hacer o aspira llevar a las tablas?

“Autores, he disfrutado muchísimo a Anton Chejov en especial cuando realicé su obra El Aniversario, al igual que Bernarda, una puesta en escena inspirada en la obra lorquiana La Casa de Bernarda Alba, bajo la adaptación de la directora Berta Martínez. Otra puesta en escena que disfruté muchísimo fue ¡Oh, papi, pobre papi! Mamá te metió en el closet y yo estoy muy triste, de Arthur Copy, bajo la dirección de Rolando Ferrer. Incluyo también a Santa Camila de la Habana Vieja, un personaje con mucha pasión y sensibilidad.

“En relación con la Literatura universal y cubana, mi autor preferido es Alejo Carpentier, con quien conversé en determinadas ocasiones sobre la posibilidad de llevar a escena a algún personaje de sus obras. En una época él aspiró a que representase el personaje de la joven Sofía, de El Siglo de las Luces. Jamás olvido que Humberto Solás le escribió a Carpentier para la puesta en el cine de la obra, quien accedió muy feliz también a que yo fuese Sofía. Sin embargo, transcurrieron diez a;os y, en mi caso, ya no tenía la edad requerida para interpretar dicho personaje. Finalmente, fue la entonces joven actriz Jaqueline Arenal quien la representó de forma excelente”.

Ha resaltado que lo fundamental para usted siempre ha sido el teatro, como experiencia vital, ¿continuará en él hasta los últimos momentos de su vida?

“Aspiro a hacerlo. He realizado películas al mismo tiempo que teatro, aunque las últimas propuestas que he recibido no me han interesado”.

¿Qué le aconsejaría a todo aquel joven que aspira a ser actor o actriz?

“Primeramente hay que sentir un profundo amor por el trabajo actoral. El actor deberá siempre leer mucho, estar muy activo y saber que en nuestra profesión se aprenden muchos oficios. No olvido que, en mi caso, aprendí a torcer tabaco, a despalillar, a bordar…y todo esto como elementos exigidos para la representación de mis personajes; a la vez que se debe estar abiertos al aprendizaje a todas y cada una de las nuevas técnicas…El actor debe y tiene que tener siempre el corazón y la mente abiertos para todo lo nuevo, y tener además, entre otras cualidades, la audacia.

Debo destacar que a mí nunca me ha interesado indagar o profundizar en la característica de si el personaje es peque;o o grande. Todo lo contrario, pues lo que me ha interesado y me interesa es estudiarlo con todo lujo de detalles, hallarle sus raíces, involucrarme en él cada vez más. Y todo esto pensando en nuestro objetivo final: el disfrute del público. Es por eso que amo ser actriz”.

¿Qué personaje le gustaría reinterpretar? ¿Cuál le ha dejado una huella más profunda?

“¡Son tantos! Siempre digo que es el que estará por llegar. No obstante, he tenido algunas experiencias. Por ejemplo, con el director Tomás Piard tuve la posibilidad de realizar el teatro del dramaturgo noruego Ibsen a través de una puesta televisiva de la pieza Espectros, una experiencia extraordinaria y difícil. Con Tomás tuve también, como bella experiencia, la puesta en escena del personaje de Mary, en la obra Viaje de un largo día hacia la noche, del dramaturgo Eugene O’Neal, un personaje caracterizado por sus numerosas contradicciones, frustraciones junto a una familia disfuncional con una problemática muy fuerte. Ese personaje me dejó una huella bastante profunda, pues me obligó a trabajar mucho, además de golpearme, de desgarrarme”.

¿Se ha desempeñado en algún personaje histórico?

“En la película El socio de Dios, interpreté un personaje histórico muy vital y nunca olvidado de la cinematografía del Perú: el de la abogada Miguelina Acosta, defensora de las mujeres indígenas y de los trabajadores del caucho de ese país. Mujer muy valiente y con una ideología bastante avanzada para su época. Durante el rodaje de esa película tuve experiencias muy hermosas, entre ellas y de manera muy especial, la de trabajar en la selva peruana junto a Enrique Almirante, René de la Cruz y Adolfo Llauradó.

“En el largometraje Mina, viento de libertad, rodado en México bajo la dirección de un realizador vasco, interpreté el rol de la esposa de un luchador independentista de la nación azteca. Una mujer muy valiente, colaboradora, de un espíritu muy firme, con una gran vida interior.

“El pasado año trabajé en la película titulada Un traductor, dirigida por los hermanos Sebastián y Rocco Barriuso, basada en las experiencias que tuvo el padre de ambos durante su labor como traductor en un hospital cubano donde se les prestó atención a los niños víctimas del desastre de la central atómica de Chernobil. En ese largometraje, filmado en nuestro país, interpreté un peque;o papel como directora del hospital. En el elenco de actores también participaron Rodrigo Santoro y el cubano Doimeadiós, entre otros.

“Anteriormente, trabajé en una película dirigida por el holguinero Rudy Riverón. Es una película de género, con algo de misterio y horror, donde interpreto el personaje de una mujer mayor que vende agua en una zona montañosa. Mujer que posee un mundo mágico y quien trataba de ayudar a la protagonista, pero al final todo lo complicaba. En ese film actué junto a muchachos egresados de nuestra escuela de cine. En fecha reciente concluí un capítulo de la serie televisiva Promesa, bajo la dirección general de Mirta González, y de Ricardo Miguel, mi capítulo en específico” .

Eslinda Núñez…¿vigente muchos años más?

“Me gusta mi profesión, vivo eternamente enamorada de ella, y siempre que me ofrezcan un trabajo que pudiera ser interesante, lo haré”.