Erdwin Vichot: salió a la calle virtual con su laúd a cuestas

Erdwin Vichot: salió a la calle virtual con su laúd a cuestas

Cualquiera diría que las plataformas digitales son un sinónimo de novedad. El paraíso de la fusión, los géneros alternativos y las últimas tendencias en la moda sonora. Para desmentir esta sentencia me agarro de las cuerdas de un laúd que ha encontrado en la red de redes la tesitura exacta, el tono preciso para romper las barreras que la Covid-19 impuso a los espacios físicos. Hablo del laúd del bautense Erdwin Vichot Blanco.

El mejor arte guajiro ya es habitual en el virtuoso artemiseño, pero esta vez no le bastó pasearse por los géneros del campo y exhibir la tradición. Ante los cibernautas y en un derroche de versatilidad, Vichot montó el corcel de la espinela con la misma destreza con la que arranca voces de su instrumento.

La frescura de sus metáforas, el decir llano y directo no opacan la carga de sensibilidad que hay en sus creaciones. En las temáticas nos reencontramos con el hombre de monte, con el músico que truca la cuerda en hilo de oro y bejuco tierno. Es su antojo la intermitencia de un afluente de imágenes donde se pierde y resurge como Fénix a reclamar aplausos para el alumbramiento creativo.    

Poeta hizo al laúd Erdwin Vichot y en acto de valentía lo puso a contender con Jesusito Rodríguez, un artista con espacio fijo en el podio de la palabra sublimada. No puede decirse si en acto de osadía o de confianza, su ejecución de piezas antológicas del pentagrama internacional pasearon las partituras de la memoria que agradece la conexión y fideliza la magia, posible también desde la pantalla.

España, México, Perú, Venezuela y otras latitudes desfilan por la gracia del punteo. Complacen los temblores de la cuerda la exigencia del clásico, el joropo, la ranchera, el paso doble y un amplio diapasón de sonoridades que reconoce el contendiente.

El músico no transige. Elabora estudios para su instrumento, improvisa conciertos desde su habitación y convoca a familiares y amigos a la complicidad. Con las propuestas de Erdwin acercarse puede no ser tan peligroso y mantener la distancia implica no disfrutar de un arte de excelencia.

Erdwin Vichot se contagió de creatividad en esta etapa de recogimiento. A pesar de su esfuerzo, de su disciplinada voluntad, de ser de Bauta y estar en la mira de todos, salió a la calle virtual con su laúd a cuestas. No consigue frenar el empuje de sus musas que insisten en iluminarlo todo y repartir talento, incluso a través del nasobuco.