Esteban: otro tanto para el protagonismo infantil dentro de la cinematografía nacional

Esteban: otro tanto para el protagonismo infantil dentro de la cinematografía nacional

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Medios audiovisuales y radio, película cubana, crítica, cine cubano
  • El largometraje, realizado por Jonal Cosculluela, cuenta la historia de un niño que se enamora de la música.
    El largometraje, realizado por Jonal Cosculluela, cuenta la historia de un niño que se enamora de la música.
  • En este filme se corona una historia de niños para el cine cubano.
    En este filme se corona una historia de niños para el cine cubano.
  • Fotograma de la película.
    Fotograma de la película.

La opera prima de Jonal Cosculluela Esteban (2016) se incorpora a una reciente tradición en el cine cubano de contar historias donde el centro de las mismas sean niños

Cierta similitud podemos encontrar a simple vista entre los filmes Esteban y Conducta, pues las circunstancias sociales, familiares, de contexto entre uno y otro niño son muy similares, sin embargo, el centro de la propuesta de Jonal Cosculluela radica en la formación de un artista.

Como mismo Paradiso (José Lemaza Lima, 1966) es una novela sobre la formación de un escritor, o Juan Cristóbal (Romain Rolland) es una novela acerca de la formación de un artista, Esteban se convierte en un diario de la primera etapa de formación de un niño por la música, específicamente por el piano como instrumento.

La contraposición social expresada desde la raza del menor, las circunstancias en las que vive, con una madre que intenta hacerlo todo para sobrevivir y un padre más interesado por la cantidad de agua que asimilan los tragos que vende que por la educación de su hijo, hacen de su deseo, el verdadero motor impulsor para expresar algo que resulta muy importante para la vida: los sueños. Quizás por ello, el filme más onírico del cine cubano sea Suite Habana (Fernando Pérez, 2003), porque en él se condensan los sueños.

Claramente podemos dividir el filme en dos partes. La primera, marcada por la vida común de Esteban y su madre, el barrio, la escuela; y una segunda: mayormente interesada en la etapa de formación del artista y sus deseos… lo que pervive en él y no cede, a pesar de los regaños, las piruetas para conseguir el dinero que necesita para cada clase.

Entre los mayores aciertos que podemos sumarle a esta propuesta está la caracterización de los personajes, cada uno con la necesaria dosis de matices para situarlos en su justa humanidad, pecando y amando, luchando y dudando. A lo que se suma las interpretaciones de ese profesor seco, hosco, pero tremendamente humano y exigente que encarna Manuel Porto; la señora que se preocupa por el niño, por conocer quien lo obliga a vender de todo por la calle, que asume Corina Mestre. En el caso de Yuliet Cruz, un rostro que se ha erigido como representante de una nueva promoción de actrices, donde sus desempeños en el cine han alcanzado la necesaria verosimilitud. En cada caso se ha desdoblado con entrega y demostrado sus dotes como interprete lo que la hace acreedora de varios lauros por sus interpretaciones. Junto a Conducta, en Esteban se consagra como madre en historias similares y algunos de los tics de la primera actuación quedan en la memoria del espectador, y se agolpan mientras uno sufre el drama de Esteban y su pasión por el piano.

Pero es Esteban quien se gana el reconocimiento, por la manera en que logra articular el grupo de relaciones humanas con los que lo rodean, sea en el ámbito familiar desarticulado en que vive. En la escuela, donde traba amistad con el gordo del aula o en la calle, donde tiene que hacer parte de su tiempo vendiendo los productos de los cuales obtiene pequeños dividendos para sus clases.

El filme se preocupa por demostrar un mejoramiento humano en el propio Esteban y en la madre a partir de la incorporación del piano y del profesor a la vida de ambos. Y no es que la historia olvide las circunstancias en las que tienen que moverse, sino que los privilegia en pos del sueño de Esteban.

Cuando repasamos la presencia del niño dentro del cine cubano, nos percatamos que su historia es reciente y que el protagonismo alcanzado por ellos, amerita volver siempre sobre estas historias por la fuerza que alcanzan y la manera que pueden ser abordadas. Aunque antes a Viva Cuba (Juan Carlos Cremata, 2002), se había presentado a niños en pantalla, no es hasta este filme donde se corona una historia de niños para el cine cubano, pues en ella aparecen como personajes protagónicos. La historia de este filme, los mostraba en su negativa a separarse por la partida de la familia de Malú del país.

En el caso de La edad de la peseta (Pavel Giroud, 2006), se muestra los conflictos de la época republicana a través de la perspectiva de Samuel, un filme que exponía la historia, sin tomar un punto de vista hacia la misma. Aspectos técnicos como la fotografía y la edición, son sus más valiosos atributos.

Por su parte Havanastation (Ian Padrón, 2011), indagaba en un tema bastante complejo de la realidad social actual. Dos niños de una misma escuela poseen diferencias económicas notables. El grado de relación de los demás con cada uno de ellos está marcado por esta situación. Sin embargo, un hecho casual, los une y da lecciones de la enseñanza, los valores y la amistad.

Y sin embargo (Rudy Mora, 2012) jugaba con los límites entre fábula y verdad. Un mundo de fantasía que habitan estos niños en los cuales se trastoca la realidad para no hacerse palpable por ninguna parte. El filme no ubicado en ningún contexto, apelaba al musical, la ciencia ficción y al cine para niños, elementos que aportaron para su elaboración.

En el caso de Conducta (Ernesto Daranas, 2013) lleva hasta el clímax a un niño obligado por las condiciones en que vive a ser adulto. Se comporta como tal, trabaja, se gana su dinero y sostiene una casa a como puede. El acertado trabajo con la dirección de actores le valió al protagonista el Coral en Actuación dentro del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Esteban se incorpora a esta lista, diversifica los caminos de exploración hacia la infancia como etapa de la vida y esta vez lo hace desde un enfoque donde prioriza su deseo por dominar las teclas blancas y negras de un teclado.

Estos filmes cubanos también dialogan con otros realizados a escala universal. Quién no recuerda el protagonismo del personaje infantil en La vida es bella (Roberto Benigni, 1997), la manera en que el filme es narrado le permite al director indicar el centro de atención en el niño. Cómo asume un niño de seis años un proceso tan complejo y doloroso como la guerra. Otros filmes lo han mostrado desde una visión más idílica o nostálgica, como pudiera ser Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988), donde el recuerdo permite la identificación con este niño que todos fuimos alguna vez. También Cero en conducta (Jean Vigo, 1933) o Los 400 golpes (Francois Truffaut, 1959) reflejaban lo que afirma la investigadora María de Lourdes Mariño:

La niñez aparece como el dispositivo anárquico por excelencia, la estación psicológica del individuo en que se condensa toda la potencialidad de cambio y reacción frente al medio. Se centran en la destrucción de la homogeneidad del sistema educativo, debido a que este no representa en su visión de la sociedad, la posibilidad de regeneración de los inconformes y marginales; sino la tentativa más elaborada de la sociedad contemporánea para hacer desaparecer las distinciones de tipo ideológico y las diferencias relativas al comportamiento y modos de vida. (2015: 212)1

Dentro del contexto latinoamericano también se puede referir: Cidade de Deus (Fernando Meirelles y Katia Lund, 2002) como uno de los principales referentes en la región.

La premisa es mostrar en pantalla una realidad para continuar trabajando desde el discurso audiovisual a una sociedad inclusiva, justa y que incorpore las diferencias de cada uno de sus integrantes.

Una problemática es común a la hora de abordar el tema de la representación infantil en la pantalla. En la mayor parte de los casos, la perspectiva parte desde los adultos, hasta los niños. Lo que conlleva a algunos a pensar: Por supuesto, pocos niños hacen cine o televisión. La cuestión no solo radica ahí, sino que, de manera natural reproducimos patrones de adultos para representar a los niños.

En el 2013, se daba a conocer un informe que refería aspectos importantes sobre este tema: “Por lo común, los medios reproducen el esquema según el cual la niñez y la adolescencia deben ser objeto de control de los adultos, a quienes se considera portadores de una suerte de derecho natural a decidir por ellos inclusive sin pedirles opinión en los asuntos que, según su nivel de desarrollo, tienen derecho a darla” (Muleiro, 2013)2.

Nota:

1 María de Lourdes Mariño: “Comer del pote de la basura: Filmes con protagónicos infantiles y crítica social en la reciente cinematografía cubana”. En: Lastre, R. (comp.) (2015): Anatomía de una isla. Jóvenes ensayistas cubanos. Holguín, Cuba: Ediciones La Luz.

2 Muleiro, H. (2013): Por una comunicación democrática de la niñez y la adolescencia. UNICEF.