Evoca Danza Contemporánea de Cuba memoria de Ramiro Guerra

Evoca Danza Contemporánea de Cuba memoria de Ramiro Guerra

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  • Danza de amor que se fue, en honor a la memoria del maestro Ramiro Guerra. Foto: Agencia Cubana de Noticias
    Danza de amor que se fue, en honor a la memoria del maestro Ramiro Guerra. Foto: Agencia Cubana de Noticias

El estreno mundial de Danza de amor que se fue, del coreógrafo británico Billy Cowie, es la obra que, en honor a la memoria del maestro Ramiro Guerra (1922-2019), Premio Nacional de Danza 2000, llevara a la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso la emblemática compañía Danza Contemporánea de Cuba (DCC).
Ese estreno se estructura —desde la vertiente estético-artística— a partir de poemas del genial vate, escritor y dramaturgo granadino, Federico García Lorca (1898-1936), y en ella interviene un elenco básicamente femenino —al que se une un hombre, quien desempeña un papel singular— baila una obra que cuenta con la música del maestro Billy Cowie.
Como parte de los estrechos vínculos profesionales establecidos entre la agrupación antillana y el Brithis Council han subido a las tablas insulares otras obras como esa; por ejemplo, Tangos cubanos, estrenada en 2015, y cuyo autor es el ilustre coreógrafo europeo.
DCC, que jerarquiza el maestro Miguel Iglesias, Premio Nacional de Danza 2018, incluyó en el programa artístico la reposición de la obra Mambo 3XX1, con coreografía del talentoso creador George Céspedes, Premio del Certamen Iberoamericano de Coreografía (CIC) Alicia Alonso. Esa puesta concede gran importancia a la música en escena, y en ella participan 21 bailarines que hacen referencia a nuestro siglo.

Los integrantes de DCC, con la excelencia artístico-profesional que los identifica en cualquier coliseo nacional o foráneo, demostraron con creces cuánto aman la vida y la obra del eminente creador cubano, ya que bailan con el cuerpo, la mente y el alma, dominan con razón y emoción la técnica académica y la interpretación teatral, y además, intelectualizan y espiritualizan los movimientos corporales en que se estructura el arte danzario en general, y la danza contemporánea, en particular.

Por otro lado, habría que reiterar el hecho de que la danza contemporánea deviene una realidad que fluye y refluye, como las olas de un mar apacible o bravío, dentro de lo inmóvil, y se hace movimiento físico que expresa emociones, pensamientos, vivencias, experiencias, contradicciones, entre otros estados subjetivos del yo. Al mismo tiempo, dicha disciplina artística se torna efímera y eterna, ya que procede —¿quién lo duda?— de la esfera afectivo-espiritual, hacia la cual lleva a los danzantes, y los impulsa, con la misma fuerza que —según José Martí— “el huracán arrastra y destruye”; indicadores técnico-interpretativos que los bailarines han interiorizado e incorporado a su estilo único e irrepetible de danzar.
Disfrutar de un espectáculo de una de las mejores compañías de su tipo, a escala universal, deviene una verdadera caricia a la sensibilidad humana de los fieles seguidores cubanos y extranjeros de esa manifestación danzaria, que la popular agrupación ha colocado en la cima de la montaña en el campo de la danza contemporánea mundial, con apoyo en la poética y la estética que la han identificado desde hace seis décadas, cuando fuera fundada por el finado maestro Ramiro Guerra.