Evocan la memoria de Lydia Cabrera en el espacio Jueves Literario

Evocan la memoria de Lydia Cabrera en el espacio Jueves Literario

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jueves literario, cultura cubana, Asociación de Escritores, sala Caracol, UNEAC
  • Mayté González Díaz, profesora del City Colleges of Chicago, reflexionó sobre la obra de Lydia Cabrera.
    Mayté González Díaz, profesora del City Colleges of Chicago, reflexionó sobre la obra de Lydia Cabrera.
  • Lydia Cabrera y su obra fueron centro del debate.
    Lydia Cabrera y su obra fueron centro del debate.

Lo único que los españoles no pudieron arrebatarles a
los esclavos africanos fueron sus creencias y espiritualidad

Eusebio Leal Spengler

El espacio Jueves Literario, que auspicia la Asociación de Escritores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y tiene como sede habitual la sala Caracol de nuestra institución, la cual está cumpliendo el aniversario 55 de su creación, tuvo como invitada especial a la intelectual cubano-americana, Mayté González Díaz, graduada de la universidad estadounidense de Chicago

En ese contexto, dedicado a homenajear a la eminente escritora, etnóloga y antropóloga Lydia Cabrera (1922-1991), la también profesora del City Colleges of Chicago presentó el ensayo Lydia Cabrera: resistencia y descolonización, donde la aspirante al grado científico de Doctor en Literatura Latinoamericana y Caribeña destaca la vigencia del discurso etnográfico del volumen La laguna sagrada de San Joaquín, como una forma idónea de resistencia intelectual y espiritual a una totalidad homogénea de percibir la cultura afrocubana.

En dicho estudio etnográfico, una de las voces más autorizadas en los campos de la etnología y la antropología insulares, se refiere al culto a Yemayá (deidad del panteón yoruba), y para describir los pormenores de esa ceremonia ritual, adopta dos posturas: una pasiva (solo observa y reseña lo que ve y escucha) y otra activa (hace evaluaciones de carácter objetivo-subjetivo sin interferir en lo más mínimo con la esencia del fenómeno que lleva a la letra impresa).

Los métodos sui generis utilizados por Lydia Cabrera rompen los cánones establecidos académicamente por la metodología de la investigación etnográfica y antropogénica, ya que ella llega a incursionar en ese complejo, pero fascinante campo de las religiones afrocubanas, porque sus nanas (niñeras) eran descendientes de africanos; esa fue la motivación fundamental o el detonante que la incitó a pesquisar acerca de ese tesoro religioso y espiritual que los colonizadores hispanos no pudieron arrancarles a los esclavos traídos a la fuerza del continente africano. Y, consecuentemente, dar a la luz de la publicidad obras emblemáticas (El Monte, por ejemplo) de la literatura especializada, tanto cubana, como foránea.

Según González Díaz, las disímiles virtudes que posee su obra literaria en general, y ese libro en particular, se encuentran no en las páginas de esos textos, sino en las voces de quienes los protagonizan, ya que —en todo momento u ocasión— fue fiel a la lengua de nuestros ancestros africanos. Los babalaos (máximos representantes de la Regla de Osha o Santería) y babalochas emplean una «lengua secreta», inaccesible al profano o no iniciado, para comunicarse entre sí, y consecuentemente, mantener bien ocultos los principios fundacionales e indicadores generales y específicos en que se estructura el panteón yoruba.

La ilustre cuñada de don Fernando Ortiz (1881-1969), decano de las ciencias antropológicas en la mayor isla de las Antillas y allende los mares, recogió in situ vocablos, ceremonias, ritos, sacrificios e incorporó a los patakies (güije, chichirikú, entre otros), al corphus narrativo de La laguna sagrada…

Lydia Cabrera no interpreta ni formula planteamientos en relación con lo que observa y escucha en ese medio religioso de procedencia africana. El registro etnográfico que ella pone a disposición del lector se sustenta, básicamente, en la lectura que hacen de dicho registro los seguidores —la mayoría, creyentes— de sus puntuales aportes al desarrollo de la etnología y la antropología universales. No creo que nadie, en su sano juicio, sea capaz de colocar en tela de juicio tal afirmación.

En las descripciones correspondientes, prevalece no su opinión como investigadora o experta en la materia, sino la de los participantes en las ceremonias o sacrificios de animales en honor a los orishas. Por otra parte, percibe la estrecha relación existente entre el hombre y Madre Natura, y además, menciona —in extenso— cómo se efectúan los ritos lucumíes, pero no incluye juicios ni análisis sobre lo que ha visto o escuchado en el ámbito religioso. Solo usa los datos empíricos y la objetividad del método científico para explorar ese cautivante mundo de la subjetividad humana, aunque —precisa la disertante— «siempre habrá una brecha entre el que escribe y el que es objeto de la indagación etnográfica».

Por último, González Díaz aclaró que la lúcida mirada estética de Lydia Cabrera siempre se alejó, años luz, de las concepciones europeizantes para analizar, entender e interpretar los intersticios de las religiones afrocubanas.

Una vez finalizada la bien documentada exposición de la profesora Yamilé González Díaz, un participante le preguntó si Lydia Cabrera había incluido en sus estudios de campo el estado de posesión en la Regla de Osha o Santería; intervención que desencadenara una encendida polémica acerca de si ese fenómeno subjetivo debe percibirse como expresión de enfermedad mental o afección neuro-psíquica —como se pensaba hasta la caída del Muro de Berlín, la desaparición del bloque socialista este-europeo y la desintegración de la Unión Soviética— o si es el resultado de influencias psico-socio-culturales y educacionales, así como de características personográficas. En ese interesante debate intervinieron, además de la distinguida visitante, el poeta y ensayista Alex Pausides, presidente de la Asociación de Escritores de la UNEAC, la poetisa, escritora y periodista María Elena Llana, otros miembros de nuestra organización, así como representantes de la prensa local que cubrían dicha actividad.