Exposiciones de Rubén Rodríguez en Santa Clara

Exposiciones de Rubén Rodríguez en Santa Clara

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Plásticos, Villa Clara, Arche Galería, Mejunje
  • Parte de la más reciente exposición de Rubén Rodríguez.
    Parte de la más reciente exposición de Rubén Rodríguez.
  • Otra de las obras del creador Rubén Rodríguez.
    Otra de las obras del creador Rubén Rodríguez.

El próximo miércoles 23 de marzo se inaugurarán las muestras personales Líneas de deseo y Aventuras del cuerpo de Rubén Rodríguez, en Galería Mejunje y Arche Galería de la UNEAC de Santa Clara, a las 4:00 p.m. y 9:00 p.m., respectivamente.

En ambas exposiciones se abordan, con ejemplar dominio, las técnicas del dibujo y la pintura. Destacan además la síntesis de la forma, la sobriedad cromática y el uso de la línea como principal recurso expresivo, propios de un lenguaje plástico esencialmente contemporáneo.

La sexualidad y su expresión a través de los cuerpos, es una temática recurrente en gran parte de la obra de Rubén Rodríguez, asumida siempre con total desenfado. Líneas de deseo y Aventuras del cuerpo son, como toda su obra, una provocación constante a la imaginación del espectador, con quien comparte un espacio donde lo posible y lo inverosímil se confabulan.

A continuación las palabras del catálogo, a cargo del especialista Antonio Pérez Santos.

Digamos que Rubén Rodríguez no seduce al espectador con el imperio de lo decorativo o de lo suntuoso, si bien su obra —consistente y bien plantada— recorre, desde los procesos propios de la pintura (de su signo específico), el  camino de los maestros. En medio del remolino de renovación e innovación de los años ochenta, se centró en apuntalar una poética asentada en el dominio de los medios y requerimientos técnicos del arte. Nada puede reprochársele en términos de realización y de factura.

Rubén es hoy un creador consumado en el sentido de gran autor. Primero, por sus rigurosos años de formación con muchos magisterios destacables, pero con el peso y el sello innegable —aun cuando no sea una marca evidente y legible— de ese avant-garde que fue Antonio Vidal. Segundo, por su ya larga ejecutoria de más de treinta y cinco años y, sobre todo, por la extensión y alcance de su producción. Y es que, a estas alturas, para él pintar es un hecho: pinta como quiere. Ahora bien, calificar su método de estricto o ceñido sería solo un pecado más, si esto nos lleva a ignorar toda la carga procesual —como elaboración artística y como trabajo realizado con la materia pictórica— que, bajo ese tamiz de sobriedad y contención, se oculta.

El énfasis en la línea a carbón —cara a la tradición pictórica cubana desde Wifredo Lam hasta nuestros días, solo que ahora es protagonista prácticamente absoluta del discurso e impone su propia semántica— marca y determina el resto de las relaciones formales. La planimetría, la hegemonía a nivel compositivo de la figura humana, la insistencia en los blancos, los negros y en las distintas gradaciones de grises —salpicados a veces por ligerísimos y casi imperceptibles acentos azules, amarillos, verdes y rojos— subrayan el dramatismo y expresión general de las obras.

Las anteriores observaciones de estructura y morfología no servirían ni anticiparían mucho, si no develaran las claves que estimulan y predeterminan el acercamiento activo, la lectura compleja y desafiante. Rubén acomoda su arsenal de registros visuales para introducirnos, desde una traza personal y acabada, en la prominencia de su arte, nos involucra en la aventura de los cuerpos y en la avidez por el sexo en su dimensión orgiástica y hasta en sus podredumbres. Eso sí: sin traumatismo ni escandaloso arbitrio. Más bien, guiño y complicidad de por medio, nos toma de la mano y nos invita a un tránsito natural.

No se trata de construcciones elípticas, porque el tema está ahí ante los ojos. Mas algo de callado, de supuesto, de enigma, ronda las atmósferas de sus cuadros: no es pura evocación, pero se evoca; ni pura metáfora, pero se alude. El público sabe lo que se está viendo y también lo que no se está viendo. De esta manera, el detalle y la anécdota tienen espacio aun para la cimentación individual y colectiva de sentidos y de significados plurales. No es el carácter voluptuoso lo que nos atrapa; es la violencia oscilante entre la sujeción, lo referido y lo explícito. Es el palpable acto de entrega y posesión, de someter y ser sometido. Todo lo anterior nos permite entonces participar del propio asombro del artista y compartir con él ese peregrinaje sublime y angustioso del ser sexual.

El valor de sus recreaciones y conjeturas radica en la fuerza plástica de la representación y también en el ademán desafiante de su sincero erotismo, cargado de referencias y citas a los genitales y de éxtasis culminativo. El cuerpo humano siempre será un paisaje exótico: una pradera con senderos insospechados, con trillos que se bifurcan hacia la existencia, la exploración, la zozobra y el deseo.