Falleció el escritor cubano Efraín Morciego

Falleció el escritor cubano Efraín Morciego

Con profunda tristeza, la Asociación de Escritores de la Uneac, comunica a sus miembros que este 26 de agosto, a las 6:00 pm, falleció el poeta y narrador cubano Efraín Morciego Reyes, una de las voces más sólidas de su generación:  la nacida en 1950, hace ya 70 años.

Enfermo de cirrocis hepática y prácticamente ciego, Efraín protagonizó una memorable lectura en el centro cultural Cubapoesía durante los días de la Feria Internacional del Libro de la Habana.

Una lectura de poemas  donde  Efraín Morciego recitaba sus versos con aquella manera peculiar que tenía  desde sus tiempos de juventud, con la imaginación del pintor y el teatrista, y del artista performático.

Y así queremos recordarlo los amigos y rendirle homenaje. No con una nota necrológica, sino a través de sus versos. Algunos de los que nos regaló aquella tarde durante el encuentro de poetas cubanos y latinoamericanos en 25 y Hospital, en la barriada habanera de Cayo Hueso, invitado por el equipo de Cubapoesía, que de esta manera se adelantaba a celebrar entre amigos el cumpleaños 70 de este poeta camagüeyano.

Cómo dijera alguien en alguna oportunidad, los  mejores versos de Efraín Morciego Reyes, como auténticos documentos de una específica aventura humana, sobreviven la corrosión del tiempo.

HAITIANO

Adorno del rincón, sauce apartado,

mínimo fósil

de quien sudó mañanas y trapiches,

escanciador de viandas,

negro puro.

Auténtico abejorro de paciencias,

tierno del animal,

arique y ébano.

Yarey perseverante,

mediodía.

Haitiano,

¿quién descolgó medallas de tu pecho,

por qué tu calma,

tu amor de oruga y miel

y bibijagua?

Humano ser,

inédito del habla,

cuánto fulgor en ti,

¿cómo probarlo?

UNA FRONTERA PARA BLANCA DELIA

Este es tu espacio apenas permitido,

he aquí la línea divisoria,

otro paso

pudiera resultar dichoso,

no avances más.

Encenderé tu cara

con una andanada de flores

al primer intento.

Ni a fuerza de caderas

iré al desnadie.

Advierto que no pasas

aunque tenga que erigir una cabeza de playa

en tus entrañas.

Estás a raya.

El amor de mi tiempo engorda

a pan y agua.

Frente a mis costas

desfilan veinte torpederos

que te abatirán desgajada.

No insistas, pierdes tiempo.

¿De qué vale tu fantasmal figura

en la noche peor?

Mi ejército se dejaría decapitar

frente a tus párpados.

Acepto

que he de pagar un trozo de muralla

por cada pecho tuyo,

que en tu vientre caerá desgranada

toda la infantería,

pero hasta aquí no llegas.

Te puse el corazón en la mirilla,

no avances, para ya.

Una retirada estratégica es siempre aconsejable.

Cuenta con que se me oxidaron

las rodillas.

Me atrevo

a devolver los prisioneros,

a firmar el decreto de paz

a riesgo de tus labios,

darnos las manos,

tomarnos una copa,

celebrar un banquete si te empeñas,

pero al primer descuido

traiciono yo primero,

te tuerzo el ánimo,

te pego un adosbrazos y te hundo a tiempo,

y en plena eternidad.

CANTO DE AMOR

(Fragmento)

…Nací en el campo,

la leche de mi madre mojó el pedregullo

la primera vez que los sinsontes

cantaron en la cerca.

Bebía del pezón cuando llegaron

y fue el primer entretenimiento que tuve

y dejé de mamar

y mi madre siguió dando leche,

y se rió de mí,

y se sintió orgullosa

y nos maravillamos con los sinsontes.

Y la leche de mi madre

goteó sobre la tierra.

Donde cayó la leche

no nació árbol alguno.

—Será un dagame—pregonaba mi padre

sin espejuelos.

—Habrá una fuente— dije yo para mí

en mi idioma posible de niño.

Pero mi madre mojó los turromotes

para que no nacieran

robles ni jaboncillos.

No eran árboles sueltos,

era la tierra que se alimentaba

y para dar fe de ello cantan los sinsontes.

SOLEDAD PRIVADA

Allí están las medias de Nathalie

flotando en el patio.

Cada vez que aparece una prenda suya

la lavo enseguida

(y que no vaya a ocurrirle nada).

Cada vez también que prendo un cigarro

y arrojo la colilla por la ventana

tengo el temor de herir a Nathalie

pues veo flotar sus medias

dislocadas —como ella misma—

por el patio.

A veces se me olvidan

y quedan solas, en el cordel,

las huellas de mi hijita

flotando al aire de la medianoche

igual que ideas de marineros

(o de emigrantes).

Mis hijos corren hacia mí

por el calmante de una pesadilla

vociferando, de tanto protegerla,

la palabra imposible: ¡PaEfra…!

He aquí, padres del mundo,

los calcetines de una criatura

flotando a la deriva y al desamparo.

Las ropas de mis hijos

se han empapado en el Estrecho de La Florida

y todo lo que cuelga en mi patio

son dos gorriones de soledad.

2005

Este último poema da título precisamente al último de sus libros, publicado hace algún tiempo por la colección SurEditores del Festival Internacional de Poesía de la Habana y del Centro Cultural Cubapoesía.

Llegue a sus hijos y a los amigos de Efraín Morciego Reyes las más sentidas condolencias de los escritores cubanos.

Efraín Morciego Reyes (Camagüey 1950- La Habana 2020) poeta, novelista e Investigador. En 1981 obtuvo la primera mención del concurso de novela Cirilo Villaverde de la Uneac. Cursó estudios en el Instituto Superior de Literatura Máximo Gorki, de Moscú. Fue presidente de la Brigada Hermanos Saíz en Camagüey.

Efraín Morciego tiene publicadas las obras Rústicas y rupestres, 1978; Juan Olimpio, un primer teniente de 14 años, 1981; El crimen de Cortaderas, 1982; Provisiones de la memoria, 1986; El monte de las cien caballerías,1989; Problemas con una Kriyumba en 2003 y el poemario Soledad Privada, 2011, publicado por la Colección Sur.