Gala del Ballet Nacional de Cuba en la Plaza Ignacio Agramonte

Gala del Ballet Nacional de Cuba en la Plaza Ignacio Agramonte

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Escénicos, Ballet Nacional de Cuba
  • Las Sílfides, Percusión para seis hombres. Foto Nancy Reyes
    Las Sílfides, Percusión para seis hombres. Foto Nancy Reyes

El Ballet Nacional de Cuba (BNC), la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y la Universidad de La Habana (UH), culminaron los festejos por el sexagésimo aniversario del acto de desagravio que le ofreciera la FEU al Ballet Alicia Alonso, con una función de lujo, efectuada en la Plaza Ignacio Agramonte (Plaza Cadenas), de la capitalina Alma Mater.

El programa artístico incluye Las Sílfides, Percusión para seis hombres y la suite de Don Quijote, con un elenco de lujo encabezado por las primeras figuras Viengsay Valdés, Anette Delgado, Sadaise Arencibia, Dani Hernández, Patricio Revé y Ginett Moncho, así como por los bailarines Claudia García, Maureen Gil, Mercedes Piedra, Daniel Barba, Raúl Abreu, Françoise Llorente y Yankiel Vázquez, muy bien secundados por solistas e integrantes del cuerpo de baile de una de las mejores agrupaciones danzarias del orbe.

En esta ocasión, no me voy a referir a la excelencia artístico-profesional que caracteriza a los bailarines insignia de la emblemática compañía, sino a los más tiernos retoños que se forman al calor de las sabias enseñanzas de los maestros y ensayadores, en quienes descubren —a través del ejemplo vivo— los valores éticos, ideo-estético-artísticos, humanos y espirituales que configuran la personalidad de un bailarín integral.

Con intensas y agotadoras jornadas de trabajo en la barra, en los ensayos, en las clases y en los escenarios naciones y foráneos, a donde han sabido colocar en la cima de la montaña el bien ganado prestigio del BNC y de su directora general, la prima ballerina abssoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, esos noveles danzarines demuestran in situ que han aprendido a dominar —con elegancia y precisión— la técnica académica y la interpretación teatral (dos caras de la misma moneda), y al mismo tiempo, intelectualizar y espiritualizar los movimientos corporales utilizados por el bailarín para expresar pensamientos, emociones, sentimientos, vivencias y experiencias, entre otros estados subjetivos del yo.

Por consiguiente, no me asiste la más mínima duda de que, tanto los bailarines consagrados, como los que crecen « […] como las palmas […], como los pinos», al decir martiano, y en consecuencia, despuntan como futuras estrellas de la casi septuagenaria agrupación, tan cubana como universal, se entregaron en cuerpo, mente y alma al arte de las puntas, para lograr que dicha función deviniera única e irrepetible, como sentida evocación al aniversario 60 del homenaje de desagravio que le ofreciera la FEU al Ballet Alicia Alonso. Las cerradas ovaciones que el público les tributara a esos carismáticos bailarines, confirman —con creces— mi apreciación objetivo-subjetiva reflejada en esta crónica.