Gracias por la invitación a presentar La Gaceta de Cuba

Palabras de Cira Romero

Gracias por la invitación a presentar La Gaceta de Cuba

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Escritores, La Gaceta de Cuba, sala Villena
  • Presentación de La Gaceta de Cuba, julio-septiembre 2016. Fotos: Héctor Navarro
    Presentación deLa Gaceta de Cuba, julio-septiembre 2016. Fotos: Héctor Navarro
  • Presentación de La Gaceta de Cuba, julio-septiembre 2016. Fotos: Héctor Navarro
    Presentación de La Gaceta de Cuba, julio-septiembre 2016. Fotos: Héctor Navarro
  • Presentación de La Gaceta de Cuba, julio-septiembre 2016. Fotos: Héctor Navarro
    Presentación de La Gaceta de Cuba, julio-septiembre 2016. Fotos: Héctor Navarro

Como escolares sencillos, los lectores de La Gaceta de Cuba, sin temor a quedarnos con la carabina al hombro, la esperamos con la misma puntualidad con que el Big Ben repercute, quizás, no lo sé, en todo Londres, solo que, para nosotros, el Gacetón, como me gusta llamar a esta publicación, se deja escuchar cada dos meses. Presento el número 4, correspondiente a julio-agosto de 2016, cuando septiembre ha dejado transcurrir apenas la primera quincena. Estamos, pues, asistiendo, cual aquel repique londinense, a una de las pocas cosas que en Cuba es puntual. ¡Enhorabuena!

La lectura del índice me indica que este número tiene una distribución equilibrada: un dossier dedicado a José Soler Puig por el centenario de su nacimiento,  «Mundos de Soler Puig», y lo que considero sería otra especie de dossier, sino en cantidad, sí en calidad, enunciado como «Vida de Casal». En medio de ambos, y sin título común para englobar los trabajos que acoge, un conjunto  de siete textos variados. Como de costumbre, la sección donde ninguno quisiera figurar, el «Obituario», y la dedicada a la crítica de libros y otras manifestaciones artísticas. Para cerrar, «El punto», concedido esta vez, a modo de homenaje, a quien falleció el pasado 6 de junio: Héctor Zumbado, al reproducir un trabajo suyo aparecido en el número 2, de 1983, de la entonces La Nueva Gaceta: «El equilibrio. Una zumbona reflexión».

La preparación del dossier sobre el autor de Bertillón 166 estuvo a cargo de quien fuera una de sus más entrañables amigas y estudiosa de su obra, la narradora y ensayista Aida Bahr, que lo presenta y, además, colabora con el ensayo «Los hombres de nuestro mundo», donde, aborda un tema curioso: la amplia variedad de oficios y profesiones que se despliegan en la narrativa soleriana. Pero antes, Graziella Pogolotti nos entrega «Contra la rutinización del hacer y del pensar» en el cual, entre otras formulaciones, profundiza en algunas de las razones acerca de por qué la obra del homenajeado «ha sido víctima de una permanente marginación»; Eric Carballoso en «José Soler Puig, el radialista» se ocupa de la amplia labor que en el medio radiofónico desempeñó Soler en la emisora santiaguera CMKC, para la cual cubrió varios espacios, sobre todo, el dedicado a la novela. Sin que fuera un hombre de la radio, como apunta el autor, Soler dejó una rica trayectoria en este medio que es abundantemente comentada en este texto. «El camino de Bertillón 166 a Ciudad en rojo (Soler Puig en el recuerdo)», de Rebeca Chávez, no da cuenta, como pudiera pensarse, de cómo ocurrió el trasvase de la novela al cine, pues, como bien lo subraya, «La película no es la novela», respetando así la autonomía del cine frente a una obra literaria, sino que va más allá, a los recuerdos de cuando se creó Cultura’64, e, incluso, se retrotrae a la todavía recordada polémica entre Ambrosio Fornet y José Antonio Portuondo a propósito del prólogo de este a la segunda novela de Soler: El derrumbe. Miguel Mejides con «El novelista revisitado» entrega un texto evocador, de esos que participa de la difícil ética de saber querer bien y por qué a otro escritor, mientras que Sacha, con «Silencio y clamor» va más allá de testimoniar sobre su maestro Soler y nos aporta un hermoso texto fecundante y sincero. Un cuento de Soler, «Por siempre jamás», uno de los últimos escritos mientras practicó este género, publicado en Cultura 64 en 1966, se ofrece a modo de pincelada. Espero compartan conmigo la opinión de que se trata de un dossier bien pensado y equilibrado, un homenaje a quien se caracterizó, además de por ser un excelente narrador, por poseer como caudal personal algo que se dice rápido pero importa mucho: calidad humana.

Lo que llamo segundo momento de esta entrega, centrado en Julián del Casal, aporta dos trabajos de especialistas en su obra: un ensayo de la camagüeyana María Antonia Borroto, «Des Esseintes, Huysmans y Casal: el mito y los hombres» y, de Leonardo Sarría, «Una correspondencia ignorada. Cartas de Julián del Casal a Magdalena Peñarredonda». El primero, en su rigor metodológico y expositivo, requiere de una lectura despaciosa para allegarnos a sus propuestas asentadas en las convergencias y divergencias entre Joris-Karl Huysmans, autor de la novela A rebours, donde aparece el personaje Des Esseintes y las diferencias palmarias entre los modos de este y de Casal, pues emparentarlos implicaría negarle al cubano su originalidad y ver en él solo posturas de calco y pose. Las doce cartas reunidas, presentadas y anotadas por Leonardo Sarría, conservadas en los fondos de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, fueron remitidas por el autor de Hojas al viento a su amiga Magdalena Peñarredonda, valiente patriota cubana, heroína de la guerra del 95. Estas cartas son anticipos de la edición de lo que se conoce del epistolario de Casal, que aparecerá próximamente por la Editorial UH y, junto con las publicadas en el 2014 en La Siempreviva, amplían de manera asombrosa nuestro conocimiento sobre este excepcional poeta, más sobre su íntimo pensar y vivir que sobre su propia obra. Mediante ellas nos enteraremos de que Casal no tiene «más que un sillón y una silla en el cuarto»; o que se levanta «a las seis de la mañana, tomo dos grandes tazas de café —siempre el estómago lo primero—, y me marcho a la redacción», mientras reafirma que «Cuando más pienso, se me arraiga más la convicción de que el campo se ha hecho para los animales», a la vez que sabemos su impresión al conocer a Antonio Maceo, pues, dice, «nada me ha agradado tanto como él […] es la persona que más quiero y la que me ha reconciliado algo con la vida, infundiéndome un poco de amor patrio entre la negrura de mi corazón».

El bloque que llamé intermedio presenta una entrevista al dramaturgo Amado del Pino realizada por otro dramaturgo: Ulises Rodríguez Febles, un fragmento de la segunda temporada de la novela «Un verano en Facebook», perteneciente a la serie narrativa «Que te vuelva a encontrar», de Edel Morales, poemas de Ernesto García Alfonso y Yanira Marimón, quienes, con ellos, recibieron mención en el vigésimo primer premio de poesía La Gaceta de Cuba; un texto de David Mateo, «Reconversiones», sobre la producción visual de Adislen Reyes; «Conversación con Marilyn», de Roxana Pineda, directora del grupo Teatro La Rosa, que expone, al desnudo, dolores y alegrías acerca de sus experiencias como actriz y teatróloga. Por último, «La heterodoxia, fundamento de un pensamiento cultural», de Graziella Pogolotti, que, como ven, repite dos veces en este número, antes, ya lo comentamos, con un texto sobre Soler, y ahora con un trabajo donde esboza —no había espacio para más— las raíces y el desarrollo de las ideas de Fidel a lo largo de su batallar político. Afirmo, y ustedes lo podrán corroborar, que es, quizás, lo más lúcido de lo mucho que se ha escrito en torno al aniversario noventa del líder cubano, no obstante la apretada síntesis.  

En la sección «Crítica» se comenta sobre Roberto Segre y su presencia habanera, por Nelson Herrera Ysla; en teatro Fernando León Jacomino alude a la puesta de «Camilo» por La Candelaria, que inauguró el reciente Mayo Teatral; en artes plásticas Estela Ferrer nos introduce en el mundo de las manualidades «Tres lecciones de manualidad en el arte» a partir de la muestra colectiva Libro de Horas, en tanto que los libros de ensayos Diferente, cine y diversidad sexual, de Frank Padrón y José Martí y José Lezama Lima: la poesía como vaso comunicante, de Caridad Atencio, son comentados por Antonio E. González Rojas y María Elena Capó, respectivamente. Los dos de cuentos, Doce plantas bajo el sol, de Aristídes Vega Chapú, y Mucho pa la chiva, de Héctor Cabrera Bernal los atienden, en ese orden, Norge Céspedes y Hamlet Fernández. Así concluyen las 64 páginas de este número de La Gaceta de Cuba, integrado ya a una colección que prestigia tanto a quien la patrocina, la UNEAC, como a aquellos que se ocupan de forjarla con un denuedo envidiable.

Muchas gracias