Gran Cinema en colores. Exposición personal de Aida Ida Morales Hernández

Gran Cinema en colores. Exposición personal de Aida Ida Morales Hernández

Etiquetas: 
Plásticos, Villa Clara, Arche Galería, UNEAC, Samuel Feijóo
  • Durante la inauguración de la expo Gran Cinema. Fotos: Eridanio Sacramento.
    Durante la inauguración de la expo Gran Cinema. Fotos: Eridanio Sacramento.
  • Cartel de la exposición.
    Cartel de la exposición.
  • Durante la inauguración de la expo Gran Cinema. Fotos: Eridanio Sacramento.
    Durante la inauguración de la expo Gran Cinema. Fotos: Eridanio Sacramento.

Arche Galería exhibió en 2014 la exposición personal Gran Cinema de Aida Ida Morales. Un considerable volumen de su trabajo fue mostrado entonces en homenaje al centenario de Samuel Feijóo: dibujos todos realizados con tinta negra sobre fondos blancos de cartulina, como los que concibió —desde inicios de los años setenta— para publicar en Signos. Fue una exposición abarcadora, recorrió cuatro décadas de su trabajo, con dos paradas especiales, la primera en un grupo de obras que finalmente dieron título a la muestra, los “Cinemas”, y que encarnan esa vocación de contar frecuente en la obra de la autora; la segunda, en la serie de sus magníficos dibujos sobre mimbres, que propiciaron en el espacio expositivo ese “ambiente doméstico” tantas veces recreado por ella. No sin razones quedó fuera todo el dibujo con colores de Aida que hoy —con las imágenes de Gran Cinema aún frescas en la memoria— exhibimos en Arche Galería para completar la visión del público sobre el trabajo de una de las autoras de más fecunda obra en la plástica de Villa Clara, quien arribó recientemente a la edad de ochenta y cinco años.

Es conocido que la revista Signos se convirtió en el principal espacio de exhibición y de promoción para los creadores populares nucleados en torno a Feijoo. También es conocido que, en su desarrollo, la obra de muchos de ellos excedió aquellas páginas. Es el caso igualmente de Aida Ida, quien entregó todo su talento al espíritu del arte popular en un acto —a mi modo de ver— no tanto de renuncias sino más bien de libertad1. Quiso Feijóo resguardar la creación auténticamente popular del mercado y de los centros de poder —como las grandes capitales—, pero no convirtió a ninguna de sus revistas en una camisa de fuerza para los dibujantes. Al contrario: los alentó, los dio a conocer. Desde sus inicios, fuera de las planas de Signos, y a la vista de Feijoo, Aida abordó los medianos y grandes formatos —apropiados más para museos y galerías—y, asimismo, el dibujo con colores de tinta, tempera y, en menor medida, de óleo. La obra con la que identificamos a Aida desde entonces le debe a ese primer estímulo—no solamente editorialista— que recibiría oportunamente de Samuel Feijoo; pero, sobre todo, es resultado de su inherente aptitud creadora, talento, de su capacidad de buscar dentro y fuera, entretejiendo siempre nuevas historias.

Así Aida Ida—de manera paralela a la ejecución del dibujo con tinta negra, a plumilla o pincel, que la ha distinguido— emprende hasta hoy la realización de un conjunto de dibujos con colores, no menos valioso. El uso del color es lo que hace la diferencia entre esta exposición y la de 2014. No se puede decir, sin embargo, por esto que estemos en presencia de una obra estrictamente pictórica, aunque podamos encontrar tal caso. Como norma, el pigmento es manipulado por la línea, por un arsenal de variadas líneas que otorgan al trabajo de la artista incuestionable carácter e identidad. Con colores ella dibuja; estos no le restan protagonismo a la línea: se unen a ella para saturar, someter todo el plano de cartulina en un impulso que ya hemos llamado barroco. El color en Aida puede ser mancha, base anticipada, al unísono dibujos de fondo y figura a través de la línea que delimita y completa las formas, decora los fondos. Con sus calibres separa o une, según el caso, a la una con respecto al otro. Su obra toda parece ser apoteosis de la línea, no importa su color.

El trabajo de Aida es sumamente complejo, no solo desde el punto de vista formal, aunque muchos de sus temas sean análogos a los de otros artistas populares. Con frecuencia perdemos en él importantes detalles porque en un cuadro habitan otros, muchos cuadros, porque dentro de una narración ella entrelaza más de una historia; como buena maestra ofrece pistas: juega con el espectador a los hallazgos. Se mantiene y nos mantiene atentos. No solo trata cuestiones propias del arte popular como mitos, leyendas y tradiciones; con mirada aguda aborda asuntos de la vida doméstica que nos son comunes, el día a día de la ciudad en que habitamos, cuestiones de más largo alcance de la realidad que compartimos. Solo hay que realizar un sosegado viaje por su obra ahora que Aida nos vuelve a convidar mostrándonos también sus matices.

 

Por: Yamirka Rodríguez Guerra.

Recordemos que Aida Ida estudió y logró una sólida formación en la Academia de San Alejandro de La Habana en la década de los cincuenta del pasado siglo. Optar por la estética de Signos fue una decisión personal que atemperaba sus intereses temáticos con las formas expresivas para comunicarlo.