Guanabacoa la bella con sus murallas de guano

Guanabacoa la bella con sus murallas de guano

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Guanabacoa, historia, historia de Cuba, Escritores, Cultura
  • Guanabacoa, donde más se ha trenzado en Cuba lo negro africano con lo europeo blanco.
    Guanabacoa, donde más se ha trenzado en Cuba lo negro africano con lo europeo blanco.
  • Guanabacoa, donde más se ha trenzado en Cuba lo negro africano con lo europeo blanco.
    Guanabacoa, donde más se ha trenzado en Cuba lo negro africano con lo europeo blanco.

Así rezaba un dicho muy popular en La Habana  que remarcaba los atractivos de la cercanaVilla Guanabacoa (pertenece a La Habana), al noroeste de ciudad  y que limita, además, con otros municipios como Cotorro, Habana del Este, San Miguel del Padrón y Regla, con un área de 127, 4 kilómetros cuadrados, surcados por los ríos Bacuranao y Martín Pérez. Su topónimo (Guanabacoa) es el mismo que decían sus aborígenes.       

Tuvo mucha relación con la esclavitud pues, incluso en su territorio estuvo el primer mercado de negros traídos de África, en su población siempre hubo gran presencia  de etnias africanas como, después, abundante descendencia, lo que explica la rica y fuerte presencia afrocubana en toda su vida cultural regional, numerosa es la música que se refiere a Guanabacoa como símbolo de santería, ritmos, comidas, bailes y lenguas llegadas de África. Allí cobraron notable importancia los cabildos.

Con tanta riqueza cultural de origen africano pletórica de polirítmias, tambores, músicas y danzas, no extraña la cantidad de relevantes artistas (Bola de Nieve, Ernesto Lecuona, Rita Montaner, Tony Fergo, Enriqueta Sierra) nacidos en su suelo, e igual, artesanos, albañiles, navegantes y carpinteros de ribera desde muy temprano debido a su cercana bahía y puerto que la gran flota de la corona española utilizaba como astillero, fondeadero y sitio de aprovisionamiento en su incesante trafico  al continente americano.

A la llegada de Cristóbal Colón (1492) habitaban Guanabacoa más de 300 indios y en 1555, el ayuntamiento habanero decide la construcción de un pueblo para los aborígenes que se hallaban dispersos por la región circundante. De ahí nace Guanabacoa. En 1743 el rey Felipe V le concede el título de Villa de la Asunción de Guanabacoa.

El muy interesante Museo Histórico de Guanabacoa (Martí 108, entre Versalles y San Antonio), instalado en una hermosa casa del Centro Histórico, cuenta con importante y completa colección de cultos religiosos afrocubanos (Regla de Ocha, Regla de Palo Monte y la Sociedad Abakuá). En sus salas se pueden aprecian el vestuario de las deidades Ochún, Changó, Yemayá y Obatalá, con sus respectivos colores amarillo, rojo, azul y blanco. Próximo al Museo está la Casa de la Cultura (antiguo Liceo Artístico y Literario), donde la actividad cultural se ofrece con exposiciones,  recitales, clases de música, literatura, pintura, baile, teatro y donde no faltan los homenajes a los artistas locales.

En una sala del Museo está el Munanso: espacio donde el babalawo realiza sus adivinaciones religiosas. En otras salas se muestran calderos y atributos de la Regla de Palo Monte; y otras, imágenes de una iniciación abakúa. En su amplio y fresco patio se celebran conciertos de música y danzas relacionadas con estos ritos religiosos afrocubanos.      

Guanabacoa, vecina de las ultramarinas Regla y Casablanca,  es donde más se ha trenzado en Cuba lo negro africano con lo europeo blanco. Ningún otro sitio cubano—salvo La Habana y Matanzas—, acumuló tanto arte popular, folclor, sincretismo religioso, cultural y social.

El más ilustre de los cubanos, José Martí, dictó allí conferencias y hablando de Guanabacoa, dijo “No sé qué tiene este pueblo, que se me antoja el más cubano de todos los pueblos”.

La rumba, la rama de la música cubana que mejor expresa lo cubano, tiene mucha relación con su nacimiento por todas esas características socioculturales que apuntamos líneas arriba.

Guanabacoa es también la tierra del güemilere, única fiesta pública de la santería cubana donde se ofrecen cantos y bailes como ofrenda o regalo a los orishas (dioses afrocubanos) pues, como dice la estudiosa Inés María Martiatu: en el güemilere, los orishas bajan a la tierra a comunicarse con los hombres a través de sus adoradores.