Habanero al fin, la ciudad se me coló en la historia como un personaje más

Habanero al fin, la ciudad se me coló en la historia como un personaje más

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Alberto Marrero Fernández, Poeta, narrador, Premio Alejo Carpentier. UNEAC. Presidente Asociación de Escritores

Alberto Marrero Fernández, es poeta y narrador. Ha obtenido múltiples premios y reconocimientos por su destacada labor como escritor. Su novela Agua de paraíso, se alzó con el premio Alejo Carpentier en 2019. Marrero, también es un hombre de acción. Prestó servicios durante 32 años en las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Fue director de la Editorial José Martí, Vicepresidente del Instituto Cubano del Libro y actualmente se desempeña como Presidente de la Asociación de Escritores de la UNEAC.

Dialogar con Marrero, nos conduce a veces a la reflexión sobre temas cotidianos y sociales, y otras, nos empuja al «combate cultural».

El motivo fundamental de esta entrevista es la publicación de su obra más reciente, su segunda novela, La verdad que huye que salió a la luz por la editorial DECO Mc Pherson S.A. Agradezco que en medio de sus múltiples actividades haya accedido a responder estas preguntas. 

¿Recuerdas el primer texto que escribiste? ¿Cuál es tu primera publicación? ¿Háblanos brevemente sobre tus obras publicadas y los premios obtenidos?

Mi primera publicación fue una plaquette, sin ISBN, de apenas 14 poemas, que titulé Inclinación de la balanza. La publicó Ediciones Extramuros, cuando aún no había Riso, en 1986.  Me queda un ejemplar que parece un papiro sacado de una tumba egipcia. La mayoría de esos poemas pasaron después a otros libros, reescritos, por supuesto. Nunca dejo de reescribir, es una manía casi enfermiza de la que no me puedo librar, una quimera de perfección a la que nunca se llega, una suerte de «cercanía infinita», como titulé otro de mis libros de poemas publicados años más tarde.

He publicado varios cuadernos de poesía y colecciones de cuentos, así como decenas de reseñas críticas. Poemas y cuentos míos han sido publicados en revistas y antologías de editoriales del país y del extranjero. También he escrito dos novelas y algunos prólogos para libros ajenos. Te enumero las publicaciones y de paso los premios que he recibido.

- El pozo y el péndulo, premio Pinos Nuevos en su primera edición en 1994. - Último viento de marzo, premio de cuento Hermanos Loynaz en el 2003. - Los ahogados del Tíber, premio de cuento del concurso Luis Rogelio Nogueras, del Centro del Libro y la Literatura de La Habana en el 2004.- La cercanía infinita (poesía), Ediciones Unión, 2005. -  Efecto Babel (cuento), Editorial Letras Cubanas, 2007.  -El límite del tiempo abolido, premio de poesía Julián del Casal de la UNEAC en el 2009. - La mansedumbre de los elefantes, premio de cuento de La Gaceta de Cuba en el 2009.- El salto mortal de la escritura, premio de poesía Alejandra Pizarnik, auspiciado por la Revista Amnios, la Casa del Alba, la Casa del Yeti y la Embajada de Argentina en Cuba, en el 2014. -Las tentativas, Premio de poesía Nicolás Guillén en el 2015 y publicado por Letras Cubanas ese mismo año. - No mates a Mayakovski, premio de cuento El hilo y la cuerda, convocado por la filial de la Uneac de Villa Clara en el 2016 y publicado en La letra del escriba en el 2017.  -Agua de paraíso, premio de novela Alejo Carpentier en 2019. - La verdad que huye, novela, Editorial DECO Mc Pherson S.A, 2020. 

Eres poeta y narrador. ¿Cómo asumes cada uno de estos géneros literarios? ¿Hay influencia de uno sobre otro? ¿En cuál te sientes más cómodo?

Ya lo he dicho en otras entrevistas: soy poeta, me siento poeta, con dos o tres poemas memorables, sin sonetos ni décimas (algo que me reprocho), pero poeta en esencia. La narrativa vino después. Ahora alterno la escritura de cuentos y novelas con la poesía. Lo hago sin conflictos, si bien algunos amigos dicen que esta última se me ha contaminado un poco de narratividad, tornándose más directa o coloquial, a diferencia de mis primeros poemas, que eran más líricos y figurados. Pero te juro que eso no me preocupa mientras haya un lector, un solo lector como pedía Paul Valéry, que disfrute lo que escribo y cómo lo escribo.

En resumen, me divierte contar historias, urdir tramas, incluso detectivescas, con personajes ahítos de paradojas, perversos a veces, astutos, rocambolescos, farsantes, ilusos, tanto como gozo escribir un poema de subrepticia metafísica, con aparente simpleza de palabras.

Recientemente ha salido a la luz por la editorial DECO Mc Pherson S.A tu segunda novela La verdad que huye ¿Por qué este título? La editorial en la presentación del volumen expresó: «la excelencia descriptiva de su autor le permite crear ambientes inolvidables de La Habana, protagonista de extraordinario relieve en la novela, con todo su esplendor sensorial y complejidad social» ¿Puedes abordar acerca de lo referido?

El título proviene de una frase del médico criminalista francés Edmond Locard que aparece como exergo en la novela: «En toda pesquisa criminal el tiempo que pasa es la verdad que huye». Hace unos tres años, mientras escuchaba una conferencia sobre la novela negra y policial, dictada por un autor español, en el Centro Dulce María Loynaz, se me ocurrió la historia. Dos policías españoles en La Habana, a finales del siglo XIX, enfrascados en la lucha contra el delito común. Al terminar la conferencia, le describí a Víctor Fowler el proyecto concebido allí mismo, en medio de la conferencia. Lo que tal vez cautivó a Fowler no fue la historia en sí, sino mi intención de utilizar al poeta Julián del Casal como personaje, a partir de la hipótesis de que este escribió crónica roja (con seudónimo) en la prensa. Días después Víctor me facilitó, en soporte digital, una gran cantidad de textos y periódicos de la época que me permitió comenzar a escribir de inmediato la novela.

Habanero al fin, la ciudad se me coló en la historia como un personaje más. De ahí la descripción de ambientes, calles y sucesos que acompaña al desarrollo de la trama. En el proceso de la escritura, descubrí muchas cosas de la ciudad y su historia que no sabía. Es falsa la tesis de que el escritor lo sabe todo cuando comienza a pergeñar una obra. 

¿Cómo ha sido su experiencia con esta editorial? ¿Qué opinas de este proyecto?

Hasta ahora muy bien. Muy profesionales, éticos y respetuosos con los autores. Para mí es una posibilidad que se ha abierto para que nuestra literatura se mueva y se conozca en otros mercados y circuitos.

¿Cuáles son tus escritores  fundamentales, los que han marcado tu obra. ¿Cuáles son tus escritores preferidos?

Hace tiempo que abandoné fanatismos o preferencias exclusivistas por tal o más cual autor. En una época solo reconocía a un grupo selecto de grandes escritores, que no te voy a enumerar para no caer en pedanterías de neófito. Ahora comprendo que otros autores también fueron importantes en mi formación (todavía no concluida), incluso mis contemporáneos. En una frase: me siento marcado por todo que lo he leído y sigo leyendo, aunque hoy, por un problema de tiempo, me dedique más a releer. En la relectura he hallado lo que se me escapó cuando leí por primera vez una obra.

¿Qué significa para un escritor ser el Presidente de la Asociación de Escritores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba? ¿Cómo te las ingenias para llevar la presidencia y además, mantenerte escribiendo tu obra?

Significa que he asumido un compromiso moral con los escritores y con la cultura de la nación. Si acepté ser elegido, debo trabajar en interés de los demás, sin otra pretensión que servir a esta organización fundada por Fidel hace ahorita 60 años.  Así pienso.

Yo aprovecho bien el tiempo. No lo gasto en tonterías. Siempre me acuerdo de aquella idea que Raymond Carver expresó en una entrevista, cuando afirmó que un escritor que se queja de no tener tiempo para escribir, lo mejor que puede hacer es dedicarse a otra cosa. Exacto. En la literatura no se puede ser vago. Conozco a algunos que llevan 20 años escribiendo una novela y todavía no han pasado de la primera frase.

¿Cómo ha sido el trabajo en la Asociación de Escritores en estos momentos de aislamiento por la situación del Covid-19? ¿Han surgido ideas nuevas? ¿Cómo lo estás enfrentando desde el punto de vista personal? ¿Crees que la literatura es un ejercicio paliativo?  ¿Te servirá de trigo para futuras creaciones?

La pandemia vino a frenar muchas ideas de trabajo, pero hemos buscado alternativas que tal vez se hubiesen demorado en aparecer sin la crisis. De lo difícil han salido soluciones, muchas duraderas. La toma de las redes sociales y en general del mundo digital, ha sido una experiencia tremenda que mantendremos después de la pandemia. Poetas, narradores, escritores de la Ciencias Sociales y de la Historia han desplegado encuentros, mítines virtuales, lecturas, publicaciones on line que han despertado el interés de los lectores.

Por otro lado, la Asociación de Escritores ha continuado trabajando con las instituciones afines en las respuestas a los planteamientos y acuerdos del IX Congreso de la Uneac. Nada ha quedado para mañana. Ya tenemos un primer acercamiento a las probables soluciones. Asimismo, hemos organizado todo el proceso de los concursos literarios que correspondían a este año. No ha faltado la preocupación por los miembros con respecto a su estado de salud y situación personal.

Yo he aprovechado esta etapa de aislamiento para escribir. Terminé un nuevo poemario y comencé una tercera novela, que es de cierta forma una continuación de La Verdad que huye.

¿Qué te da miedo?  ¿Qué es lo que más te enfurece? ¿A tu juicio cuál es la palabra más peligrosa? ¿Cuál la más esperanzadora?

Me da miedo morirme antes de tiempo, como a cualquiera. O quedarme ciego. Me enfurecen los hipócritas, los que critican exactamente lo que ellos no hacen, los mediocres disfrazados de profeta, los vagos que viven a la sombra de los creadores, los resentidos que viven a la caza de los defectos y errores de los que trabajamos.

Las palabras no son peligrosas, son los actos de los hombres. Actos como los que acabo de describir. Las palabras, o mejor, los actos que más me gustan son amor y trabajo.  En los conceptos que ellas reflejan anida la salvación de la humanidad.

¿Qué les aconsejarías a los jóvenes escritores? ¿A los jóvenes en sentido general?

No me gusta dar consejos como si uno fuese un experto del oficio. En todo caso les diría: Superen, si pueden, a sus maestros, pero no dejen de quererlos. Eso significa que siempre los jóvenes escritores tienden a negar a paradigmas y cánones, pero esto ha de hacerse reconociendo los aportes de cada generación, sin pisotear a nadie, sobre todo a los clásicos.