Hilda Vidal y sus secretos del siglo XXI

Hilda Vidal y sus secretos del siglo XXI

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: Plásticos, Galería Villa Manuela
  • Esta exposición está abierta al público hasta el próximo 20 de julio de 2018. Foto: Rubén Ricardo Infante
    Esta exposición está abierta al público hasta el próximo 20 de julio de 2018. Foto: Rubén Ricardo Infante

No faltaría más. Una propuesta de Hilda Vidal entraña un misterio, un toque mágico y ese enigma que siempre esperamos de un gran creador como es ella misma.  Hace casi cuarenta años, en la penúltima década del siglo XX, escribí unas páginas sobre su pintura, una exposición que viró el mundo al revés. Su expresión era muy singular comparada con la pintura que se cultivaba por aquella época. 

Sin embargo, a mi juicio, el rasgo más sobresaliente de aquellos cuadros espectaculares era su conciencia de género, su capacidad para convertir la mirada suya de aquel momento en un barómetro que medía, de forma callada, la explosión de una sensibilidad diferenciada, por su condición de mujer. 

Me atrevería a decir, esta tarde, hoy, que Hilda nos anticipaba  —no sin saberlo, no sin sospecharlo—  temas que estarían frecuentados por un número considerable de pintoras cubanas.

En un panorama legítimamente vanguardista donde señoreaban las excepcionales obras de Amelia Peláez, Julia González y, entre otras, Loló Soldevilla, cada una a su modo, a su manera, la obra de Hilda Vidal se plantaba con la fuerza de un misterio indescifrable, como un tótem, surtidor de inquietudes pero, sobre todo, de revelaciones desconocidas hasta entonces y mucha admiración.

En esta exposición nombrada ¿Sospecharán cuántos secretos hay? que incluye veintitrés telas y estamos inaugurando, con sumo gusto, en la galería Villa Manuela, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Hilda Vidal ofrece al espectador un vasto trazado de sus presupuestos formales, de su depurada técnica que no es otra cosa que una natural suma poética de una vocación de estilo, siempre latente en su innovador lenguaje pictórico, que ha buscado y encuentra la esencia más lírica de los ensueños de un yo hecho a la medida de su entorno y de su historia individual, femenina.  

Entre los motivos de sus anfitriones se distingue esta apreciación, digna de ser observada, cuando afirma que una de las mayores virtudes de Hilda Vidal: “…es el uso de un lenguaje eminentemente figurativo de hondas resonancias expresionistas, marcado por un rigor geométrico exacerbado y una variada paleta cromática”. 

Así, en sus palabras al catálogo —no por breve menos hermoso—  el crítico Toni Piñera llega a la conclusión de que:

No hay dudas, Hilda Vidal es una pintora original, culta e inteligente, y sus cuadros están repletos de enigmas […] donde yacen implícitas citas del arte oriental, las máscaras de Kabuki, la ópera de Beijing, entre muchas otras. […] Técnicamente, en sus cuadros, nada falta ni sobra.

Parecería que un duende amigo y sabio acompaña los trazos de una pintura particular, privada, que es un acto de fe a favor de la condición humana. 

Ávida de modernidad —que ha sido una constante en su carrera—, Hilda Vidal crea una bella metáfora de lo cotidiano, un balance personal de imágenes y costumbres propias de nuestro entorno,  asentadas, al mismo tiempo, en interiores muy habaneros que integran, por derecho propio, la intensidad de una gran urbe, al pulular sus habitantes en una dimensión real y onírica a la vez.  Sus rostros, nubes, ventanas cercados por hombrecitos, siempre presentes, son únicos y nos conmueven porque forman parte legítima de eso que Adelaida de Juan nos enseñó a apreciar: “la belleza de todos los días”.  Todo ello, por cierto, ya en pleno siglo XXI.

Los invito, entonces, a disfrutar de esa belleza.

El Cerro, 21 de junio, 2018