Huellas eternas del arte en Gibara

Huellas eternas del arte en Gibara

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  • Jorge Luis Betancourt presenta sus artilugios en el Museo de Bellas Artes de Gibara. Foto de la autora
    Jorge Luis Betancourt presenta sus artilugios en el Museo de Bellas Artes de Gibara. Foto de la autora

Pocas veces la existencia humana permite el misterio de apreciar el pasado tangible como si fuera acabado de hacer. Museos, catedrales, bibliotecas, instituciones culturales diversas hablan de sucesos, objetos y personalidades, pero escuchar y tocar con los ojos lo que un día fue, como si desde Nueva York llegara en imponentes vapores el artilugio, para encantar salones.

Como deleite único en el elegante Museo de Artes Decorativas de Gibara —ciudad que recién cumplió dos siglos y dos años de fundada— el artista, músico y restaurador Jorge Luis Betancourt Sánchez se acerca a la mítica ciudad, premiada por las aguas del Atlántico y rescatada del olvido geográfico gracias al séptimo arte y al influjo de su gente conservadora de tradiciones culturales autóctonas.

La villa bicentenaria, sede del Festival Internacional de Cine, recibe la muestra itinerante de fonógrafos y victrolas, artilugios que no regatean en las salas de hogares el lugar que ocupan los descendientes reproductores de música contemporáneos.

Son, sencillamente, huellas imborrables del ingenio humano, ansioso de plasmar la belleza de las artes: la música como la más sublime de ellas y el más fino y precioso trabajo con las maderas pulidas y la incorporación de los avances ingenieros en materia de grabación y reproducción del sonido, pasos en indetenible evolución de la industria musical mundial.

En las manos de Jorge Luis resurgen como el ave fénix los fonógrafos y las victrolas, íconos de épocas extinguidas por el paso del tiempo y que gracias a instituciones, al coleccionista y su equipo de trabajo tenemos la posibilidad exclusiva de disfrutarlas.

Presentada en las ciudades de La Habana y Bayamo en 2017 y 2018 respectivamente, Huella Eterna exhibe como pieza principal el fonógrafo Edison Modelo C, construido en Orange, New Jersey, Estados Unidos, en 1898.

Fue este el primero de una gran carrera de reproductores de música que revolucionaron los finales del siglo XIX junto a la aparición de las primeras imágenes cinematográficas y que, como aquellas, tuvieron a la isla de Cuba como una de los primeros escenarios en América.

Entre las novedades de esta edición de Huella Eterna, dos victrolas recién restauradas, la VV XI de 1910 y la VV 80, nos acercan a lo más universal y bello de la interpretación lírica, desde Rita Montaner, los grandes tenores Enrico Caruso y Tito Schipa, y el compositor cubanísimo Ernesto Lecuona.

Ninguno de estos artilugios esperaba intacto en salas o habitaciones para ser descubiertos y adquiridos por el coleccionista. La mayoría de los allí exhibidos requirieron el ejercicio del don, de la gracia restauradora del patrimonio cultural cubano de Betancourt Sánchez y su equipo, de pericia, de mañas, de cuantiosos y difíciles recursos materiales y también de inteligencia y amor en cantidades ilimitadas e incondicionales.