Inútiles: viaje sociológico por el sur

Inútiles: viaje sociológico por el sur

Etiquetas: 
17 Festival de Teatro de La Habana
  • Percibí esa vibra al ver la obra Inútiles, interpretada por la agrupación chilena Teatro Sur, dramaturgia y dirección de Ernesto Orellana. Foto tomada del sitio web de la compañía
    Percibí esa vibra al ver la obra Inútiles, interpretada por la agrupación chilena Teatro Sur, dramaturgia y dirección de Ernesto Orellana. Foto tomada del sitio web de la compañía

En una de las múltiples ediciones del Festival Internacional de Poesía de La Habana, conocí a una poeta mapuche. Ataviada diariamente con la vestimenta típica de su pueblo, su verso —arropado también de la fronda de los bosques, la cristalinidad de los lagos y la frescura de ese terruño—, vibraba entre la melodía del canto a los ancestros y la armonía y cadencia de la lengua guaraní.

En una de las tantas noches de parrandas poéticas propiciadas por la cita, me habló de su pueblo —gente que venera a la Pachamama—, del culto a sus antepasados y la riquísima cultura que posee esta población originaria de Chile; de la sempiterna lucha que mantienen por el reconocimiento a esa cultura y contra el desprecio que el invasor impuso –peyorativamente los llamó Arauco-, mantenido hasta hoy por los gobiernos de ese país que aceptaron, copiaron y reprodujeron la ignominiosa denominación.

Percibí esa vibra al ver la obra Inútiles, interpretada por la agrupación chilena Teatro Sur, dramaturgia y dirección de Ernesto Orellana. La puesta en escena apela a la manera tradicional del teatro, revisita los postulados clásicos: actos, escenas, diálogos intensos, trabajo físico de los actores, dicción y montaje escénico.

La obra recoge en visceral recorrido histórico la génesis, desarrollo y permanencia del odio y desprecio al pueblo Mapuche, gestado inicialmente en la conquista, luego y, es lo peor, lo más vergonzoso, sustentado por una clase poderosa nacional que relegó a estos aborígenes a la nada.

El esplendor de esa clase decadente, corrupta y soez —la Iglesia como institución liada a esta y que reforzó la grosera vilipendia contra el indio mapuche—, es representada en toda su dimensión magistralmente en las tablas.

Y esto es una de las claves en la dramaturgia en Inútiles. Las intensas pláticas entre los tres personajes que encarnan a la familia aristocrática en La Frontera, aterrador lugar en los bosques al sur del Reino de Chile en tiempos fundacionales de esa nación y reunidos para celebrar una Cena de acción de gracias, grafican toda la barbarie de esa clase. El conflicto se destapa al conocer que varios sirvientes indios se han fugado.

El poder, la lucha por detentarlo; la opulencia, el poco amor y respeto por el originario; la falsa moral y el doble rasero; la reproducción de un modelo eurocentrista que derrocha y condena, hacedor de los más repudiados y crueles vicios, a la vez que es capaz de enjuiciarlos en los demás, es recreado.

Los diálogos resultan convincentes, reforzados por la ironía, el humor y la burla, siempre desde lo hegemónico que ve al subalterno como basura. Igualmente el hilo conductor, fortalecido por los puntos de giros y los climas que la ambientación favorece.

La escena, el comedor de la residencia. Al centro una mesa, sobre ella copas de vino que son constantemente servidas —símbolo de gula y perversión—. Dos magnas cortinas, al fondo un altar en el que permanece una figura de mujer cubierta de tela blanca, toda una metáfora de blancura y trasparencia de este personaje que resulta ser una india mapuche, relegada allí como hija bastarda del extinto señor de la casa. Sobre ella descansa un yelmo y el atavío guerrero del invasor, signo y evocación al ¿descubrimiento, conquista, encuentro?

En el sentido espacial la obra en bastante movida, los personajes se mueven constantemente en los parlamentos, a los cuales imprimen vital energía, acentúan cada acción dramática convincentemente.

Las luces hacen lo suyo, fundamentales en las transiciones y en la creación de matices según la intensión y el momento dramático; enaltecen ese halo decadente que por momento exige el drama, así como de esplendor.

Esta dramaturgia en su concepción es arriesgada en grado sumo, a mi entender juega con dos planos narrativos superpuestos en el tiempo, de manera que a pesar de acontecer las acciones en el siglo XVII, se dialoga sobre el contemporáneo, logrando una especie de paralelo temporal en el discurso: es puesto en boca de los personajes temas como el medioambiente y el salario mínimo en sorprendente extrañamiento.

Otro extrañamiento se produce al final cuando esos planos narrativos convergen al caer las cortinas que han servido de ambientación: el antes y el después se juntan para reafirmar vigencia del discurso sobre el pueblo Mapuche.

Otros de los elementos destacados es  la música.

Deseo ser sincero, si le reprochara algo a esta puesta tendría que ver con unos de sus momentos climáticos: el discurso en que la india mapuche, desde el altar, ejecuta parlamento sobre la liberación, a mi modo de ver innecesario, un tanto convencional y que rompe con los varios significados que venía proponiendo la obra hasta ese instante.

Inútiles es una obra política que reflexiona sobre Chile, su pluralidad étnica, el poder, el falso nacionalismo en contra de lo nacional verdadero y autóctono; la manipulación, la farsa institucional de fines mezquinos; el también falso discurso sobre el socorrido derecho ciudadano y la esfera pública, así como la permanencia y auge de una democracia representativa que depreda al originario; en fin, un logrado estudio sociológico sobre esa nación.