Inventan la trampa y nos atrapan en la red de otro Mimundo

Inventan la trampa y nos atrapan en la red de otro Mimundo

Nacer y vivir la infancia en el campo presupone hablar el día de mañana como si estuviéramos hablando de nuestra madre y la primera novia. Es como hablar de nuestra primera relación sexual, lo cual no quiere decir que sea solamente el acto. Nacer en el campo es reconocer la diferencia de las mañanas, el sabor de las frutas, saber de flores y abejas, conocer el misterio de la tierra. He dicho todo esto porque para hablar de Rubén Rodríguez y Paca Chacón y la Educación Moderna (Premio Herminio Almendros 2006 y publicado por la Editorial Oriente en el 2007) debo hacer referencia a trabajos anteriores.

Primero me topé con Mimundo (Editorial Oriente 2005), alguien me dijo que le había gustado y me tiré sobre él, me sobrecargó la nostalgia de ese mundo en el campo del que hablaba: un personaje llamado Danito cae en una poza y comienza a aventurarse en un mundo fantástico, seres y personajes inolvidables. Confieso ahora que tal vez nunca pueda llegar a ser un buen crítico porque la nostalgia llegó a encerrarme, pero eso también es bueno en la literatura, provocar la emoción. Después me leí uno de los primeros libros de Rubén que nada tienen que ver con el mundo ficcional para niños y jóvenes, pero no lo disfruté tanto como Mimundo.

Cuando llegó El garrancho de garabulla (Ediciones Holguín 2006) no reconocí al narrador de Mimundo. El garrancho... propone un mundo también de aventuras, pero es un mundo donde la tristeza pasa a un segundo o tercer plano, parece que Rubén destierra la tristeza y comienza un ciclo donde el rejuego con el lenguaje, las historias y los personajes nos hacen escapar de una realidad inmediata. La magia de El garrancho... no contiene elementos fantásticos, lo fantástico está en la precisión de la historia y la concepción de personajes convincentes, como si estuviéramos muy cerca de Ernesto Escritor del Campo, de la desvergonzada Panchita Catá, la traviesa Erika y la abuela Delia escuchando las novelas en distintos horarios del día, todo asociándolo con ellas. Ernesto plantea: dicen mis amigos Jóvenes Escritores Prácticamente Desconocidos, que hay que escribir sobre la ciudad, que ya no se usa escribir sobre el campo, y le responde la bisabuela Petrona escriba de lo que sabe, porque si escribe de las cosas que no conoce la gente se va a dar cuenta.  Rubén lo acata muy bien, le muestra a esos jóvenes lectores, o los que no son tan grandes, a volver a los encantos de un lugar que llaman Campo. O cuando reflexiona sobre la propia escritura:

(...) los escritores deben cazar las palabras. Aunque muchas de ellas se parecen, nunca son iguales. El escritor tiene que buscar las palabras correctas, que encajen entre las otras como las piezas de un rompecabezas. Cuando encuentra la palabra precisa, tiene que agarrarla rápido y ponerla entre las demás, para poder construir frases armoniosas.

Él era un cazador de palabras. Pensaba y pensaba, y cuándo hallaba la palabra justa, la tomaba rápido y la palabra caía en la hoja en blanco. En la casa evitaban molestarlo cuando estaba cazando, porque cualquiera podía espantar la palabra posada en el pensamiento, como las palomas que cazaba el abuelo Tomás con su escopeta de perdigones.

Precisamente, Mami Maritza le había espantado una de las palabras más difíciles de atrapar: un adjetivo. Una palabra que significara ágil y también pequeño. Casi la tenía. Se había arrastrado sigilosamente, oculto por las hierbas altas de su mente, hasta divisarla. Era pequeña y también ágil, pero cuando casi la agarraba… Mami Maritza comenzó a hablar del churre y el adjetivo escapó velozmente.

 

En El garrancho..., Ernesto se va a la ciudad para ser escritor, debe tomar té y relacionarse con otros escritores, Ernesto le enseña el libro a la gran escritora que lo anuncia como suyo. Entonces se desencadena un juicio donde finalmente se reconoce que El garrancho... es escrito por Ernesto, gracias a las preguntas de la bisabuela Petrona. Panchita Catá se reconoce como una impostora. Ernesto regresa al campo y se lleva con él a Erika y a su mamá.

Paca Chacón..., es la segunda parte de El garrancho... retoma las historias de Ernesto, mejor dicho ahora se centra en el personaje de Erika quien asiste a la escuela rural multígrado. Esperanza es la maestra de la escuela pero de un momento a otro aparece otra maestra y Esperanza desaparece, la nueva maestra con su librito nuevo establece un reglamento disciplinario diferente, casi militar, donde Lalo, Guillermo, Paco y Erika ven transformarse el conocimiento. Es tan villana la maestra que transforma a los niños y su entorno familiar hasta el punto de hacerle daño a la relación de Ernesto con Mami Maritza. Mami Maritza huye de Ernesto; pero Ernesto corre en su búsqueda. Parece que vivimos unos de los rescates amorosos más grandes, pasamos junto a Ernesto por todos los pueblos a donde llega persiguiendo el tren.

Paca Chacón y la Educación Moderna es un libro que nos apabulla de alegría, nos plantea hipótesis sobre las relaciones humanas y sobre las relaciones dentro del propio mundo de la escritura.

Leer un libro de Rubén Rodríguez siempre constituye una sorpresa, es encontrar varios divertimentos. Rubén trabaja con ese propósito: divertir; ya lo confesaba en una entrevista y lo mostraba en pinceladas en libros como La madrugada no tiene corazón, Gusanos de seda y El garrancho de Garabulla. Creo que para hablar de su poética narrativa hay que hablar de su  vis cómica, el humor con que hilvana narradores, personajes, el tono y los puntos de vistas.

Libro a libro, este escritor levanta expectativas de ese mundo que recrea para los niños y jóvenes con un estilo particular donde no le preocupan tanto los seres hechos y rehechos por escritores clásicos. Pero no valen más mis palabras, el público comenzaría a sospechar que estas son palabras de vana apología como sucede en muchas ocasiones. Pero no.  Aquí tenemos la serie sobre El garrancho de garabulla, no se lo pierdan, sean niños, grandes y pequeños crean en el amor y amen, como lo demuestra Rubén.

Apéndice

Carta de mi primo Armando desde una escuela multígrado para Rubén

El Granizo                                                                               28 de mayo de 2007

Rubén:

Reciba mis saludos. He pensado muchos inicios de una carta para un Escritor, pero creo que debo comenzar así, por tradición, como me acaba de enseñar la maestra que es como Esperanza. Sabe, Rubén, mi maestra es como ella y en el aula somos dos de primero, cuatro de segundo y uno de quinto. Parece que escribe sobre mi escuela, pero acá no hay río. Y mi abuela también escucha las novelas de Radio Progreso, la de las once y cuarenta y cinco y la de las dos. Pero hay otra que es como Paca, una vez escribió árbol con hache y le dijimos, se escribe sin hache y ella  nos mandó a callar, y se fajó con otra maestra delante de nosotros. Yo tengo un primo que también es Escritor del Campo y me dio a leer El garrancho de Garabulla y me acordé de los quesos y la mermelada de guayaba que mamá me da en el desayuno. A veces no tiene tiempo para jugar pelota conmigo y escribe y escribe un montón de hojas. Tengo una vecina que es tan mala como Paca y quería echar a pelear a mamá con mi papá, pero papá hizo como Ernesto y no se lo permitió. Me gustaría tener todos sus libros, los guardo debajo de la almohada para soñar con Erika, a veces pienso que ella podría ser mi novia. Cuídese mucho, ya sé que se hace difícil encontrar adjetivos y sustantivos para escribir, y mucho más para escribirle a un escritor.

Saludos, Armando de Jesús.