Isla en versos

Literatura

Isla en versos

En esta tierra, mulata
de africano y español
(Santa Bárbara de un lado,
del otro lado, Changó),
siempre falta algún abuelo,
cuando no sobra algún Don
y hay títulos de Castilla
con parientes en Bondó:
Vale más callarse, amigos,
y no menear la cuestión,
porque venimos de lejos,
y andamos de dos en dos.
Aquí el que más fino sea,
responde si llamo yo.

De esta manera describía a Cuba Nicolás Guillén en La canción del bongó, una isla caribeña que desde siempre ha estado bañada por las aguas del mar Caribe y los versos de sus poetas, que recopilan en estrofas la historia, hermosa y contradictoria al mismo tiempo. Y es que esta tierra devino mulata, como la describió el poeta nacional y fundador de la UNEAC, a causa del flujo constante de culturas dispersas que arribaron a ella y terminaron impregnándose en la esencia nacional, una con tantas mixturas como la lista de ingredientes de cualquier ajiaco criollo.

La mayor de las Antillas ha visto emerger desde los versos románticos de José María Heredia y Gertrudis Gómez de Avellaneda, los modernistas de José Martí, y Julián del Casal hasta las voces de disímiles figuras como Dulce María Loynaz, José Lezama Lima, Roberto Fernández Retamar, Nancy Morejón, Fina García Marruz y Carilda Oliver Labra, una lista casi interminable de quienes han encontrado en la poesía una forma de expresión del mundo circundante y los universos interiores de las mentes creadoras.

Este 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, enaltece una de las formas más preciadas de la expresión e identidad y lingüística de la humanidad. Dicho género, practicado a lo largo de la historia en diversas culturas alrededor del mundo y en todos los continentes, abarca identidad y valores comunes transformados en versos, un poderoso catalizador del diálogo y la paz, como lo definió la UNESCO.

«La poesía siempre es pura, y siempre es social. Y siempre es revolucionaria, aunque la ideología del poeta no lo sea», decía Cintio Vitier en una entrevista con la periodista Rosa Miriam Elizalde y agregaba: «nos pasamos la vida discutiendo si esto es poesía pura y lo otro es poesía social, pero de algo sí estoy muy seguro: la poesía y la historia revolucionaria son indisolubles, cualesquiera sean las apariencias de una y otra».

El arte de escribirla puede abordar las más diversas emociones humanas: el horror y la valentía, el amor y el odio, la historia y el olvido. Cada poeta encuentra en ella un canal de comunicación capaz de atravesar las barreras racionales y adentrarse en un terreno más profundo y complejo, el de la sensorialidad.

Alex Pausides la reconoce como «la esencia del espíritu humano, sus realizaciones y sus derrotas, la expresión de la vida y de la muerte; todo se revela en ese memorial de la condición humana que la poesía registra y enaltece».

Este género juega con el lenguaje, a veces predomina el verbo barroco, rebuscado, mientras otras se convierten en un diálogo coloquial y desobediente. Para Nancy Morejón, uno de los aspectos más fascinantes de la poesía moderna es la posibilidad que ofrece de incorporar corrientes literarias y experiencias sensoriales más allá de la personal.

«La poesía se ha alimentado en el último siglo de otros géneros literarios como la narrativa y el habla popular, caracteres marcados en el llamado conversacionalismo latinoamericano», así lo expresaba la también ensayista, periodista, crítica literaria y teatral en una entrevista para La Jiribilla.

Sin embargo, esta producción poética llega hasta los escritores más jóvenes con aires trasgresores, que a la vez buscan hurgar en las raíces históricas. Para Giselle Lucía Navarro, Premio David 2019, «la poesía es una necesidad espiritual. Una forma de contrapeso que me permite mantener el equilibrio y enfrentar las bellezas y crudezas de la vida».

En esa voracidad poética las voces actuales narran el devenir histórico de un país que se trasforma una y otra vez. De ahí que Martha Luisa Hernández Cadenas, quién también mereciera el Premio David de Poesía en el año 2017 defina al acto de crearla como:

«Para escribir poesía: he usado como tinta la sustancia extraída de mis vértebras». La poesía se expande como acontecimiento. Lo experimentado puede ser imperecedero o fútil, su orden dependerá de lo sensorial, lo quebrado y el goce en el que tiene lugar la vida. La poesía es un estado de supervivencia, algunos podríamos referirnos únicamente al lenguaje, prefiero hablar de poeisis y hambre.

«Cada poema es un proceso de (re)conocimiento en el tiempo, por eso huele como nuestros huesos y se mueve como el cosmos. En la poesía convive todo lo acontecido y lo que está por acontecer, porque a ella pertenece el alma de lo común: la soledad, el deseo, la piel, el miedo y los impulsos. Cuando digo que acontece es porque la poesía es premonitoria y salva, nos salva de nacer sin memoria».