José Yaque: una aproximación a su poética de la creación

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    José Yaque: una aproximación a su poética de la creación

Acercarse en su creación artística a los ritmos e impulsos inconscientes, seguidos por la Naturaleza, es el interés más íntimo y profundo del joven artista plástico cubano José Yaque. El carácter semiesclarecido de esta búsqueda suya se siente en el alcance de sus palabras, a la hora de intervenir en comentarios explicativos acerca de su obra, que tuvo lugar cerrando julio en el espacio cultural de las Charlas con artistas de la galería ArteContinua, en la sede de esta institución en el Barrio chino de La Habana. Esta galería internacional de arte contemporáneo tiene otras tres sedes, la primera creada en San Gimignano (sede matriz), Les Moulins y Beijing. La habanera es la última establecida de ese conjunto galerístico.

Las charlas con artistas en este centro tienen un carácter abierto. Buscan dar a conocer los resortes y motivaciones profundas que han llevado a algunos de nuestros jóvenes al derrotero de ideas y formas artísticas que los caracterizan dentro del panorama plástico nacional. Se trata de aprovechar esos encuentros para mostrar de modo personal las imágenes de sus obras y dar a conocer cuáles han sido hasta hoy las áreas de sus respectivos intereses creativos, así como de sus reflexiones, sus propósitos, y los resultados o hallazgos que han ido encontrando en los últimos años de su quehacer.

José Yaque ha sido el primero en efectuarla. Corresponde por nuestra parte ofrecer algunas valoraciones analíticas sobre su obra, pues afortunadamente, más de una vez he estado presente en ese desnudamiento de confesión sincera por este artista sobre su acción creadora. .

Se hace evidente el no estar animado por acelerar sus búsquedas en aras de una feliz comercialización, porque ante todo está deseoso de experimentar e interrogarse sobre una pregunta mayor: la del origen último de la creación. Precisamente Origen es el nombre de su exposición personal abierta en ArteContinua. Al efecto le seduce en sus pinturas cómo los materiales reaccionan al ser sometidos por él a una constante modificación, sobre todo en los procedimientos de lavado, al agregarle sustancias líquidas modificadoras de los aspectos iniciales de los materiales rústicos empleados. Eso ha centrado su atención desde sus años formativos en el ISA.

Le maravilla observar las respuestas imprevistas dadas por los materiales a sus modos de intervención. Al punto que sus resultados visuales son en buena medida más el efecto del azar, de lo contingente, a consecuencia de la interacción de las sustancias empleadas y las agresiones e impulsos externos a los cuales las somete. En esa actividad de aventura no sabe a qué resultados exactos le llevará. Intuye posibles efectos, pero las circunstancias fortuitas serán las que condicionarán el modo específico de las texturas, de las formas y la visualidad general a alcanzar.

En su poética creativa creo observarlo complacido en el deseo de acercamiento a los modos en que la Gran Naturaleza realiza sus actos de transformación de lo existente. Deteniéndose a reflexionar cómo ésta, soberbia y omnipresente, sobre la cual existimos, finalmente nos envuelve para convertirnos en acumulaciones, siempre acumulaciones de restos individuales y de civilizaciones desaparecidas, transformadas progresivamente en ruinas, en magma, en sedimentos cubiertos por numerosas capas de tierra.

La naturaleza obra de una manera aparentemente callada, sin proceder a accionar cambios durante un prolongado tiempo histórico y geológico. A pesar de eso, realiza en ese largo periodo un proceso de acumulación de tensiones internas. Una vez transcurrido ese tiempo, estallan fuerzas ocultas que encuentran salida y se manifiestan con intensidad acelerada, donde encuentra su cauce el impetuoso flujo de las energías creadoras, en su cualidad de ser altamente remodeladoras, produciendo la contracción y la remodelación de cuanto ha caído bajo su accionar.

Esa sutileza de análisis conceptual lo encuentro en el trasfondo de las operaciones mentales y sobre todo prácticas de este artista, de quien me aventuro atrevidamente a sostener el criterio de estar casi permanentemente en la búsqueda introspectiva de sí mismo, bajo la interrogante permanente de por qué ocurren asimismo en él esos periodos de aparente inactividad creadora y de cómo en un momento dado se estremece su pensamiento y su cuerpo, motivado por impulsos crecientes, prácticamente irrefrenables, que le hacen volcarse sobre los lienzos o producir instalaciones. Aparecen sus obras bajo el tono compulsivo de la creciente emisión de una energía creadora desbordada, responsable de los efectos plásticos de las realizadas en los últimos años.

Sostengo declaradamente y lo afirmo con seguridad, que Yaque encuentra en la Naturaleza -aunque pudiera parecer desmesurado- a un alter ego suyo, una duplicidad, una imagen en espejo de su manera de intervención artística. (Aquí no importa quién tiene la precedencia sino la cercanía de sus comportamientos).

La Naturaleza se manifiesta en ese sistema de pensamiento como la Gran Creadora. Representa conceptualmente de una manera universal el origen y fundamento de todos los impulsivos imaginables y más allá aún, de la gestación de lo inexplorado o en vías de franca formación potencial y real. Siendo realmente la manera de actuar de aquella de donde emanan los esfuerzos más profundamente sentidos de los artistas –no solo de él- en el emprendimiento de las remodelaciones de los materiales, en una propensión de búsqueda de aperturas de horizontes inexplorados dirigidos hacia el encuentro de nuevas formas de ser el Ser.

Obsérvese en sus pinturas la manera de presentarse las texturas y la distribución de formas abstractas. Siempre sugieren un panorama de horizontes tectónicos, de capas superpuestas, las cuales lejos de una disposición lineal apaisada, se retuercen, vibran, se doblan, se levantan y caen formando pliegues, introduciéndose en las capas vecinas y aflorando en proyecciones. Ese es el efecto plástico en sus cuadros.

A su vez, esas formas con notoria semejanza visual alcanzan a ser creadas por parte de la naturaleza mediante la acción de las fuerzas modeladoras, producto de un análogo efecto plástico de ablandamiento, trituración, descomposición y maceración generalizada, sobre los componentes que quedan sedimentados bajo sus diferentes capas, sean estos minerales, rocas, animales extintos, osamentas humanas o las edificaciones construidas por el hombre.

La naturaleza tiene a todos por igual.  No hace distinción entre ellos, no guarda pudor ni se detiene ante lo fenecido, humano o animal, tampoco sobre las formas sedimentadas del pasado geológico, a las cuales somete análogamente a procesos de compresión, con una intensidad y energía tal en el desencadenamiento de sus fuerzas subterráneas que los materiales pierden su consistencia inicial y adquieren nuevos estados. Dado ese modo de actuar se genera la creación de nuevas sustancias con texturas, formas y colores sorprendentes, capaces de producir la sorpresa y admiración de los observadores, al encontrar las manifestaciones de sus efectos sensibles, sugeridores de extrañas formas estéticas, que no por inquietantes resultan deslumbradoras. Ante las cuales pueden sentirse prendados quienes las contemplen geológicamente, en el deseo de mirarlas aun sobrecogidos, pretendiendo escuchar imaginariamente las sonoridades producidas por el viento al deslizarse sobre sus superficies, o experimentarlas táctilmente, como si se tratase de enigmáticas obras de arte.

Las fuerzas colosales de superposición de la naturaleza no vacilan en comprimir por capas a los sedimentos de cualquier tipo, orgánicos o no. No repara, no da tregua, porque ese accionar no es consciente, no obedece a una direccionalidad previamente calculada. No obstante, sigue una dirección de acuerdo al conjunto de factores en juego.

De un modo aproximable, hace Yaque en su proceder artístico, al someter en su actuación despiadada a los materiales empleados en sus pinturas. Lo hace de manera semejante al modo que lo natural desencadena sus fuerzas tectónicas. También en él con la misma indiferencia de aplastar en esos procesos a las formas y sustancias a su paso. Todo es susceptible en sus pinturas de ser arrollado, triturado, lavado, escurrido, secado, vuelto a agregar nuevos materiales sobre los lienzos de sus pinturas, sin pretender alcanzar una imagen concebida de antemano. Es el azar quien ha de determinar los resultados. Yaque se sirve instrumentalmente de esos procesos. Le une el comprometimiento de su cuerpo entero a esa visión, además de sus manos, para ir amoldando lo logrado plásticamente a su satisfacción artística y estética.

Se observa en sus últimas producciones una mayor seguridad, menos tanteos, más esclarecimiento de hacia dónde pudiera dirigirse. Él es sin duda un aventurero, muy satisfecho de serlo. Como tal se lanza a hacer exploraciones mentales y prácticas sobre el sentido filosófico del ejercicio creador. Seguramente tiene presente en su visualización los resultados alcanzados por las fuerzas tectónicas, las cuales actúan de manera involuntaria, pero causal. Eso le hace recorrer diferentes maneras de intervención sobre los elementos materiales y remodelarlos, al punto de borrar el estado inicial de las cosas tomadas a su paso para imprimirle nuevos aspectos. Generando en esas mezclas, fusiones y transformaciones, la emergencia de sustancias híbridas reveladoras de propiedades textuales y visuales propias de esas combinaciones y de las acciones llevadas a cabo.

Lo decisivo en este artista es lanzarse frente al lienzo en una actitud no precisamente compulsiva -a diferencia de los iniciadores del movimiento del action paintig- sino de una manera más serena, más tanteadora. Dispuesto a realizar las acciones en un plazo meditativo mucho más largo frente al soporte. Este último puede adoptar diversas posiciones durante el acto de pintar. Colocar el lienzo en posición vertical o permanecer recostado en el suelo, sintiendo la acción desatada por las sustancias y pigmentos vertidos sobre él, distribuyéndose en su superficie.

Lo hace movido por un impulso en parte voluntario, dejándose arrastrar como haría la propia Naturaleza, entre dirección pautada por la energía dispuesta y lo imprevisible. En ese fluir, los ritmos de su cuerpo se des-automatizan, siguen una música interior no sonora, con la cual parece entrar en armonía, en una orquestación en la cual su Yo sigue las alternancias y cambios, pretendiendo alcanzar en su entrega personal un estado no místico, pero sí espiritual.

Por su parte, y de un modo algo análogo, aproximable metafóricamente, Yaque, en sus actos de transformación, descomposición, lavado, compresión y desnaturalización de las sustancias, de los pigmentos y materiales empleados, modifica las formas iniciales y las cualidades visuales de esos elementos, convertidos en una sustancia aglutinante, densa, heterogénea y pegajosa, adherible a la superficie del lienzo, produciendo luminiscencias y colores por efecto de la luz incidente.

Retomo la idea de haber en él un intento de acercarse a la condición primaria y última del origen de la creación, émulo de los principios físicos seguidos por la Naturaleza. Esta es su Gran Modelo, el origen último de las fuerzas remodeladoras conducentes a la Creación. Entiéndase claramente que crear no significa hacer surgir de la nada. Todo lo contrario. Parte de lo situado a su disposición, y de lo imaginado, que de por sí no puede sustraerse enteramente de lo existente. La creación es tal vez para todos, paradójicamente y en esencia, siempre un verdadero acto de destrucción, de alteración y modificación profunda de lo utilizado.

Este acercamiento conceptual a los procesos naturales que intuyo con firmeza en él, sospecho lo ha ido encontrando en una aproximación intelectual, en la idea del efecto del fluir incesante e indetenible que desintegra y amalgama cuanto cae a su paso. Lo cual en el hacer inconsciente de la naturaleza y en el semiconsciente suyo, jamás se detienen a considerar de una manera lastimosa el grado de maceración a que someten los elementos, alterando sus constituyentes. Al punto de ambos coincidentemente hacer de lo existente una tábula rasa.

Esa idea de recabar para el artista la interrogante del por qué esa condición asociada de ser un sujeto productor de obras a partir del empleo de materiales y su remodelación, como el fundamento último y la razón más profunda de la creación, estimo ha ido llevando a Yaque a sentir en el proceso artístico un misterio aproximable a los que tienen lugar en los procesos transformadores de la naturaleza a nivel oculto bajo el subsuelo por el efecto de la indetenible acción de ablandamiento, fractura y desintegración, provocando la conversión y el surgimiento de nuevos materiales, de cualidades y modos diferentes o inusuales de su manifestación. Tanto en uno como en otro se pierden las cualidades y aspectos iniciales, al ser sometidas las sustancias a las presiones de las fuerzas actuantes, no dejando oportunidad de conservarse como fueron.

En esos actos de recomposición de los materiales, encuentra un espejo metafórico a su personal procedimiento artístico y en última instancia al arte en general. Creación en la naturaleza y en lo artístico parecen haberse dado amistosamente las manos en su obra y establecer un satisfactorio y mutuo acuerdo de correspondencia. Parece estar situado en ese feliz punto de cruce, desarrollando de manera reflexiva en sus introspecciones y en la práctica, los primeros trazos conceptuales y el esbozo de las formas de su poética de la creación.

Ante tamaña osadía intelectual, quién no ha de reconocer grandeza en este artista pese a la aparente sencillez de su modo de mostrarse y ser ante los demás. Tal vez le venga de haber sentido en lo profundo de su alma que la Naturaleza no necesita ser grandilocuente en sus gestos para rendírsele veneración, al ser siempre genuina a sí misma. Esa sinceridad consigo como artista que sigue sus impulsos e ideas más esenciales es lo que aprecio más en él, porque en su actividad artística personal encuentra contenida potencialmente la resonancia de la grandeza creadora del Universo, de cómo lo grande se dimensiona en lo pequeño. Algo a lo cual la sabiduría antigua y la ciencia más reciente se acercan sorprendentemente en el deseo y la aspiración de revelar esas secretas e íntimas correspondencias de la creación al nivel de la Naturaleza y el arte.