La ciencia ficción es el espejo que colocamos en el futuro para entender mejor el presente (I)

La ciencia ficción es el espejo que colocamos en el futuro para entender mejor el presente (I)

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José Miguel Sánchez, YOSS, ensayista, crítico, narrador, ciencia ficción, fantasía heroica, editorial DECO Mc Pherson S.A, Prueba de destrucción

José Miguel Sánchez, (re)conocido por YOSS, es ensayista, crítico y narrador. Tiene una vasta y notable obra de ciencia ficción y fantasía heroica. Sin embargo, su trabajo no se limita solo a estos géneros. También ha publicado novelas y cuentos de realismo y literatura infantil y juvenil.  Ha obtenido varios premios y menciones, tanto en Cuba como en el extranjero.

Yoss, es Licenciado en Biología por la Universidad de La Habana, tiene una vida rica en experiencias diversas y dentro de sus multifacéticas funciones, toca la armónica. Y fue vocalista del grupo de heavy metal TENAZ.

Dialogamos con el escritor motivados por su reciente publicación en la editorial DECO Mc Pherson S.A a propósito de su libro Prueba de destrucción.

Agradezco su inmediata respuesta y la amabilidad en responder estas preguntas. 

¿Recuerdas el primer texto que escribiste? ¿Cuál es tu primera publicación? ¿Háblanos brevemente sobre tus obras publicadas y los premios obtenidos?

Esa pregunta podría tener dos respuestas. Lo primero que escribí fue a cuatro manos con mi amigo de la primaria Alejandro Jiménez Taboas, que luego se convirtió en médico: una novelita de misterio fantástico, de la que apenas si recuerdo el título «la historia de la llave y el doctor criminal» y que nunca terminamos. Pero, en realidad, comencé a escribir a los 15 años, en 1984, después de que mi padre, que cada principio de verano pasaba por las librerías para comprarme libros, llegara a casa diciéndome que ese año no había títulos nuevos de lo que más me gustaba leer, ciencia ficción. Me dije «pues yo lo escribiré; no puede ser tan difícil» me senté, y con mi pésima caligrafía, en un fin de semana tuve unas cuantas cuartillas que intitulé El planeta rojo ¡qué tópico!

Cuando la secretaria de mi padre me hizo el favor de pasármelas a máquina y las leí, me di cuenta de que eran una bazofia, y aquello me intrigó: si había leído tanto y tan bueno ¿por qué no podía hacerlo igual? Así que perseveré, aprendí a escribir a máquina, le empecé a llevar mis cuentos, horribles e ingenuos entonces, a mi vecino y escritor Arnoldo Águila, él me llevó, a principios del 85, al taller literario de ciencia ficción Oscar Hurtado, que entonces tenía como asesora a Daína Chaviano.

Allí conocí a Raúl Aguiar, con quien aún me une una gran amistad, y él me llevó a otro taller de ciencia ficción, el Julio Verne… así que durante casi 3 años escribía dos cuentos por semanas: uno para leerlo el martes por la noche en el Hurtado, otro para el jueves por la noche, en el Verne.

En 1987 concursé en el premio Juventud Técnica de relato corto de ciencia ficción, con una historia cómica… y gané. La premiación fue en 1988, y pocos meses después, en julio, ganaba también el codiciado premio David, con mi libro de relatos Timshel. Fue esa mi primera publicación: al año siguiente, 1989, apareció en Unión, con mi nombre verdadero José Miguel Sánchez, porque José Rodríguez Feo, que fue mi editor, insistió en que no necesitaba un seudónimo tan raro como Yoss… bueno, más que seudónimo es un alias, todo el mundo me llama así desde los 11 años: el resto de mis más de cincuenta libros hasta hoy publicados han aparecido con esa única palabra en la cubierta.

No creo que pudiera ser otra cosa que escritor. Me gusta escribir, más que haber escrito. Y escribo mucho, casi cada día. Tengo 51 años y he publicado más de medio centenar de libros. Novelas, selecciones de cuentos, libros de ensayo, de divulgación científica, juegos… y muchas antologías. Aunque la mayor parte de lo que escribo es ciencia ficción o fantasía, también he publicado novelas y cuentos de realismo, e infantojuveniles ¡aunque odio esa palabrita!

Me han traducido a 13 idiomas: inglés, francés, alemán, italiano, ruso, polaco, búlgaro, japonés, croata, chino, holandés, gallego y bengalí. He ganado muchos premios nacionales, desde aquel David: el de la revista Revolución y Cultura, el Pinos Nuevos, la Edad de Oro ¡2 veces! el Calendario, el Luis Rogelio Nogueras; e internacionales: el UPC, el Domingo Santos, el Julia Berlanger.

He asistido a convenciones mundiales de ciencia ficción y fantasía en España y Francia, impartido talleres de escritura creativa en Italia, Andorra, Chile e Inglaterra y representado a Cuba en varias Ferias del Libro Internacionales. Muchos me dicen que ya he hecho bastante, incluso demasiado... pero yo sigo pensando que lo mejor de mi obra aún está por escribirse, y que jamás me voy a retirar, mientras siga respirando.

Tienes una vasta obra en la literatura de Ciencia Ficción y has alcanzado importantes reconocimientos, por lo que es indudable tu habilidad en el género. ¿Por qué te decides por él? ¿Consideras que los autores de CF tienen un don especial para crear un mundo desconocido? ¿Vaticinan el futuro? ¿Es la ciencia ficción una literatura de evasión?  ¿Qué aporta esta literatura?

Para mí, la ciencia ficción es la literatura del cambio. Es el espejo que colocamos en el futuro para entender mejor el presente. Es la manera de preguntarnos qué consecuencias tendrán mañana nuestras decisiones de hoy. Es una herramienta para analizar la realidad jugando a deconstruirla. Es material para resistir lo cotidiano, combustible para la imaginación, esa cualidad que muchos desprecian, pero sin la que la vida es tan gris que no vale la pena ser vivida. También es una manera de evadir la censura, de decir lo que uno quiere sin ser encarcelado ni estigmatizado por eso. Y de hacer pensar.

Muy importante, porque creo que el verdadero cometido de un escritor no es escribir hermosas frases en un trabajadísimo estilo… sino llegar al corazón y a la mente de sus lectores; hacerlos cuestionarse lo que son y lo que los rodea. Por eso la ciencia ficción me parece el vehículo idóneo… y si los autores y críticos del mainstream la desprecian por advenediza y escapista, siempre les replico que a los únicos a los que le molesta el escapismo… es a los carceleros. No encierren a la fantasía, no se conviertan en carceleros de la imaginación. Atrévanse a soñar.

A diferencias de los autores de realismo, que describen un ambiente que ya existe, y que los lectores conocen y comparten, los autores de ciencia ficción escogemos «inventarla en el aire»: o sea, crear mundos diferentes a este, pero que parezcan coherentes en sí mismos, para situar en ellos nuestras historias. Es atractivo sentirse demiurgo, describir cada detalle ... pero también difícil, porque son muchos los aspectos a tener en cuenta, cuando se dibuja una sociedad en un planeta distante o un futuro alternativo ¿qué idioma hablan? ¿Cómo son la fauna y la flora locales? ¿Tienen Inteligencias artificiales a su servicio o están en guerra con ellas? ¿Han contactado a otras razas inteligentes? ¿Pueden viajar en el tiempo? Es fascinante trabajar a profundidad esos worldbuildings... pero sin olvidar que son sólo el escenario para ubicar lo que realmente cuenta: la trama, la historia.

Aunque alguna que otra vez algo aparecido en nuestros libros se haya vuelto realidad, es pura coincidencia, siempre. Los autores de CF no prevemos el futuro; preparamos a los que lo construirán para hacerlo. A menudo, por ejemplo, se nos tacha de pesimistas, cuando escribimos sobre asteroides que golpean la Tierra, razas alienígenas que la atacan, plagas que diezman a su población ¡incluso más terriblemente que el actual coronavirus! Y demás amenazas. Pero es que no queremos que esas cosas ocurran. Escribir sobre ellas es, de algún modo, exorcizarlas. Porque advertimos que pueden ocurrir. Para que se tomen medidas a tiempo y no nos cojan por sorpresa. Si es que la humanidad es capaz de aprender de sus errores, claro.

Recientemente ha salido a la luz por la editorial DECO Mc Pherson S.A tu libro Prueba de destrucción ¿Por qué este título? ¿Puedes abordar sobre esta obra?

Es un antiguo término de ingeniería aeronáutica: prueba de destrucción se llamaba a los ensayos de resistencia dinámica a los que se sometía el fuselaje de cada nuevo modelo de avión, antes de disponerse de las actuales simulaciones informáticas. El aparato sometido al test siempre terminaba rompiéndose bajo la tensión aplicada, pero proporcionando valiosa información sobre sus niveles de resistencia.

El libro que publico con Mc Pherson es una colección de relatos de ciencia ficción. El último, que le da título a esta selección, trata de una prueba de destrucción… a la que son sometidos dos humanos muy diferentes: una condenada a muerte y su guardián. Se les aísla en condiciones extremas, bajo las que sabe que ambos, tarde o temprano se quebrarán: lo que interesa es cuándo y cómo. Obviamente, no es un experimento muy ético que digamos… como no lo son tampoco los que lo ejecutan.

Los otros cinco relatos tienen distintos temas: «El adversario pálido» contiene elementos de fantasía pura ¿qué ocurriría si un humano pretende derrotar al espíritu de la batalla, una entidad que por miles de años ha estado presente en cada lucha, con distintos aspectos? «Los desahuciados» parte de una premisa casi cómica ¿y si la humanidad fuera expulsada de la Tierra por no haber cumplido las condiciones de un contrato de arriendo que ni siquiera sabía que habían suscrito? «Los buitres» explora un viejo tópico de la Teoría de la Conspiración: los extraterrestres insertados entre nosotros, pero desde una óptica diferente: la de los dueños de esa institución tan capitalista que son las casas de empeño, que se reúnen una vez al año para contarse sus experiencias.

«Los polizones» aborda otro lugar común del género: el naufragio de un viajero espacial en un planeta inhóspito… acompañado por dos polizones que viajaban en su nave, y que resultan increíblemente persistentes en su lucha por sobrevivir; y «Prima por lejanía» explora lo que podría ocurrir si una empresa extraterrestre contratara desempleados humanos en secreto para trabajar lejos de la Tierra por un sueldo magnífico. Se trata de seis enfoques diferentes de problemáticas habituales en la ciencia ficción, con las que aspiro a que ningún lector se aburra… ni se quede sin cuestionarse algunas cosas de la realidad.