La cigarra canta en el Teatro Guiñol de Holguín

La cigarra canta en el Teatro Guiñol de Holguín

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Escénicos, títeres, Holguín
  • El Teatro Guiñol de Holguín estrenó la obra La cigarra, basada en el conocido cuento de Onelio Jorge Cardoso. Fotos: Ernesto Herrera Peregrino
    El Teatro Guiñol de Holguín estrenó la obra La cigarra, basada en el conocido cuento de Onelio Jorge Cardoso. Fotos: Ernesto Herrera Peregrino

En saludo al Día Mundial del Títere, celebrado desde el 2003 a iniciativa de la Unión Internacional de la Marioneta, UNIMA, y recordando, en el sexto aniversario de su desaparición física, al director y renovador del trabajo de la compañía, Miguel Santiesteban, el Teatro Guiñol de Holguín estrenó la obra La cigarra, basada en el conocido cuento del escritor cubano Onelio Jorge Cardoso.

El Guiñol holguinero, con dirección artística y general de la actriz Dania Agüero Cruz, “toma a uno de los autores cubanos que otrora plagara la escena nacional dada la teatralidad, la gracia y la espiritualidad que definen a su narrativa y facilitan los procesos de adaptación dramatúrgica”, escribe en el programa de la puesta María de los Ángeles Rodríguez González, quien realizó la adaptación teatral del texto original de Cardoso.

Si bien la compañía holguinera –que celebró el pasado 2017 sus 45 años de fundada– parte del conocido texto del autor de Taita, diga usted cómo y El cuentero, preservando los temas abordados en el original, como el abuso de poder y el papel del artista dentro de la sociedad, esta puesta del Teatro Guiñol de Holguín incorpora otra línea de acción que propicia el recurso del teatro dentro del teatro y “refiere asuntos puntuales de la contemporaneidad cubana, como el desmembramiento de la familia, la vulnerabilidad de los ancianos y, pretenciosamente filosófico, descubre en el miedo la emoción primaria y responsable de toda la negatividad y el sufrimiento de los seres vivos”, añade María de los Ángeles.

La sinopsis es sencilla, como lo es, aparentemente, la fábula de Onelio Jorge. Dos ancianos esperan la llegada del nieto en verano –un nieto que en las postrimerías anuncia la llegada con toques en la puerta, pero al que nunca vemos aparecer en escena– y para atenuar la espera, los miedos, la vejez, la soledad, ensayan una obra de teatro donde los protagonistas son animales de la campiña cubana. Así la actriz Karel Fernández nos entrega al personaje de la Vieja y además, la manipulación de los títeres de la abeja, la hormiga y el caracol. Lo mismo hace Alejandro Álvarez con su Viejo y también con el escarabajo, el sapo y el caracol. La cigarra permanece como una alegoría –más que como un personaje en sí– mediante una ilustración al fondo de la escena, que se quita en dependencia de la presencia o no de la cigarra, y la música en vivo del violín de Rogelio Mariño Padrón.

La envidia, los celos… enturbian las relaciones en la campiña insular y el canto de la cigarra parece molestarle a muchos, nos dicen los actores del Guiñol, basándose en el cuento de Onelio Jorge. Estos viejos ensayan a manera de juego y esto es importante subrayarlo, porque, además, recuerda –salvando las necesarias distancias– por momentos a Dos viejos pánicos, texto imprescindible en la dramaturgia de Virgilio Piñera: en lo lúdico, en el énfasis en el miedo, en la doble representación de una o varias realidades en la vida de dos ancianos… mediante los recursos del teatro dentro del teatro.

Si bien es cierto que el estreno de La cigarra reduce el protagonismo del muñeco, constante en la línea y el repertorio del grupo, y evidente, entre otras, en obras como El Ogrito, La calle de los fantasmas, Galápagos y Ruandy, lo poético e intimista de la propuesta, apoyada por el sistema de luces, que bien puede lograr mejores aciertos en dependencia del trabajo y las puestas por venir, concuerda con el diseño sobrio y esta vez menos imponente del experimentado diseñador Karell Maldonado, a cargo, desde hace unos años, de la renovación visual de la compañía.

Este es un montaje diferente en las anteriores puestas del Guiñol: más complejo en su estructura y además, con música en vivo para semejar el canto de la cigarra, esa que, al final, con su canto, logra el desenlace feliz de la historia. “Tan es así –subraya María de los Ángeles Rodríguez en su texto– que se sustituyen los usuales cantos y bailes por la música en vivo, utilizando un único instrumento como símbolo o voz de una protagonista omnipresente. Ya eso sucedió con El Ogrito; por eso podría volver la precaución de algunos sobre la relación entre las edades de los receptores y las complejidades de los temas manejados. Quién sabe si desde los orígenes del teatro, el títere, la inteligencia y la sensibilidad estén emparentados con el amor, por aquello de no tener edades”.

Si bien La cigarra requiere limar algunos detalles propios de la puesta, incluso relacionados con la modulación de las voces de los actores y el desenvolvimiento escénico de los mismos, cuestiones que con sucesivas puestas irá logrando el joven colectivo, la concreción de una nueva propuesta del Teatro Guiñol de Holguín, en una ciudad que necesita y reclama teatro infantil en sus salas y en sus centros educaciones, conlleva al más sincero agradecimiento y al aplauso unánime por parte de todos los que escuchamos el canto de la cigarra.