La historiografía de la Revolución Cubana

La historiografía de la Revolución Cubana

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Escritores, Tertulia Histórico-Social, sala Villena, historia de Cuba
  • Prestigioso panel para esta Tertulia por Carlos Alzugaray, Jorge Fornet, Oscar Zanetti y José Luis Rodríguez. Foto: Héctor Navarro
    Prestigioso panel para esta Tertulia por Carlos Alzugaray, Jorge Fornet, Oscar Zanetti y José Luis Rodríguez. Foto: Héctor Navarro
  • Prestigioso panel para esta Tertulia por Carlos Alzugaray, Jorge Fornet, Oscar Zanetti y José Luis Rodríguez. Foto: Héctor Navarro
    Prestigioso panel para esta Tertulia por Carlos Alzugaray, Jorge Fornet, Oscar Zanetti y José Luis Rodríguez. Foto: Héctor Navarro

“La historiografía de la Revolución: balance y perspectivas”, fue la temática que, en la habitual Tertulia de Literatura Histórico-Social, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, presentó el Grupo de Trabajo sobre la Revolución Cubana.

Con la conducción de Ivette García y de Juan Valdés Paz, Premio Nacional de Ciencias Sociales, importantes problemas relacionados con el estudio, investigación y socialización de la historia de la Revolución Cubana convocaron a la reflexión y al debate a un prestigioso panel de intelectuales conformado por Carlos Alzugaray, Jorge Fornet, Oscar Zanetti y José Luis Rodríguez.

¿Existe una Historia de la Revolución cubana? Fue la interrogante fundamental planteada por el doctor Valdés Paz, cuya respuesta inmediata fue:

“No disponemos de una Historia acabada sobre la Revolución Cubana, de su proceso de desarrollo, como tampoco contamos con una historiografía, no obstante haber transcurrido más de medio siglo y partiendo además de la necesidad de su conocimiento por parte de las nuevas generaciones”.

En relación con las perspectivas de una historiografía general, el doctor Oscar Zanetti, expuso la necesidad de “analizar los problemas de y con las fuentes para construir una historia general de la Revolución (…). Uno de los problemas radica en que, quizás, no poseemos un mínimo de conceptos entre historiadores cubanos y extranjeros referida a una interpretación de una historia general de la Revolución (…) o de una periodización de la historiografía de la Revolución”.

El también profesor universitario puntualizó que “no es lo mismo hablar de la historiografía de Cuba durante el período revolucionario que de la historiografía de la Revolución; de igual manera que no es lo mismo hablar de la historia de Cuba del período revolucionario, que de la historia de la Revolución cubana. Son puntos de contacto y áreas complejas, y esto es algo de suma importancia (…). De la etapa insurreccional estimo que, inicialmente, la principal contribución al respecto, el principal hito, corresponde al Comandante Ernesto Che Guevara cuando publicó su libro Pasajes de la Guerra revolucionaria y, en cierta medida también, obras testimoniales de dicha etapa escritas por Julio García Oliveras, por Rodríguez Loeche, por Quevedo (…), entre otros. Posteriormente se publican otras obras como Camilo, Señor de la Vanguardia, por William Gálvez y las recientes contribuciones realizadas por Fidel Castro en cuanto a táctica y estrategia de la guerrilla”.

Rememoró que el primer texto no testimonial sobre nuestras luchas independentistas y, en específico, sobre la Guerra de los Diez Años “son los maravillosos Episodios de la Revolución cubana, que publica Manuel de la Cruz en 1890, y que es puramente anecdótico; luego aparecerían otros sobre la toma de Bayamo, sobre Guáimaro (…). Todo ello quiere decir que la ausencia de historiografía no sólo ocurre con temas acaecidos en tiempos recientes, sino también mucho antes”.

Refirió Zanetti que, tras el derrocamiento de la tiranía y ya durante el período revolucionario, entre los temas menos tratados están las organizaciones revolucionarias a su interior y sus relaciones entre sí, como “cuestiones fundamentales para construir una historia”. En relación con el período conocido con el nombre de La Revolución en el poder, fue una etapa donde existieron historias internas (testimoniales) tan sólo conocidas por sus protagonistas, muchos de ellos ya lamentablemente desaparecidos “y quienes no dejaron testimonios, y otros que se nos van escapando sin dejarlos”.

Acotó que muchos estudios de esa etapa son monográficos, “pero otros que se dan como Historia, no son propiamente Historia; son el resultado de estudios sociológicos, económicos, politológicos… Pero realmente, no son textos historiográficos (…). Desde el punto de vista temático predomina todo lo referido a las relaciones internacionales y, particularmente, las relaciones Cuba-Estados Unidos; las misiones militares internacionalistas con sus distintas características; el tema cultural y quizás en alguna medida, lo económico (…). Sobre La Revolución en el poder, apenas contamos con historiografía en el sentido más convencional; estamos necesitados de estudios que planteen qué pasó, cómo pasó y por qué pasó”.

Entre los problemas que limitan las investigaciones, el Académico cubano citó “el tradicional, las fuentes, al no existir un flujo establecido —aunque existen normativas, leyes—, por parte de los organismos del estado y de sus archivos (…) algunos no catalogados”. Citó a continuación la existencia de archivos, como los del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex), en los que sí se permite el acceso a investigadores y estudiosos”.

Por su parte el connotado economista y profesor José Luis Rodríguez señaló, entre otras cuestiones, sobre la inexistencia de una Historia económica de la Revolución, “tan solo testimonios parciales”, además de acotar que el primer problema en el campo de la economía es la falta de información, como también reveló acerca de la presencia de trabajos de investigaciones académicas (para el otorgamiento de títulos máster, doctorados), “cuya conservación no está asegurada ni clasificada”.

Criticó asimismo, el trabajo informativo de la prensa cubana en relación con la esfera económica: “está ausente mucha información, al igual que es imposible trabajar con la que se tiene”.

Abogó Rodríguez por la enseñaza de la Historia Económica de la Revolución cubana en la enseñanza media superior y superior a través de la confección de libros y de la preparación de talleres en los centros estudiantiles, “pues esta concluyó en todos nuestros textos académicos en 1959”; además de que hace falta rescatar testimonios de viejos economistas que hicieron —el caso de Carlos Rafael Rodríguez—, y continúan haciendo historia en este país.

Acerca de la historia de las relaciones internacionales y, en específico, de las relaciones Cuba-Estados Unidos, el diplomático Carlos Alzugaray recordó la reciente visita del presidente estadounidense Barack Obama a la Isla, y las diversas reacciones de su discurso dirigido al pueblo cubano, “para el cual hubo una reacción equivocada (…). Obama no dijo que nos olvidáramos de la historia, sino que conozco la historia pero rehúso estar atrapado por ella. (…) Y esto lo dijo no solo con intenciones dirigidas a Cuba, sino dirigidas también hacia Estados Unidos, e incluso, hacia determinados sectores que no se lo perdonan (…). En ese discurso él contó su propia historia, mas yo le hubiera respondido que él sí está atrapado por la historia producto de la base de Guantánamo y el bloqueo económico y comercial, pero no estamos aún en el proceso de restañar heridas abiertas”.

Afirmó que, en cuanto a historiografía, “tenemos muchas deficiencias y las relaciones internacionales no escapan a ese análisis” y resaltó a continuación que: “Si existe un aspecto de la Revolución Cubana en el que podemos observar con mucho orgullo, resultados y efectividad es en lo relacionado con la historia de las Relaciones Internacionales de Cuba, de la política exterior de la Revolución cubana y, sin embargo, no existe una Historia de las Relaciones Internacionales de la Revolución Cubana”.

Durante su disertación Alzugaray expresó, entre otras cuestiones, que “la historia no puede ser considerada como un instrumento del trabajo político-ideológico. Este fue un camino que llegó de la URSS y del campo socialista europeo que trajo muchos y costosos errores. El mejor trabajo político-ideológico es que los historiadores lleguen a hacer una buena historia; explicar cuándo, cómo y por qué pasó”.

Aclaró que “la mayor parte de la literatura existente respecto al tema de las relaciones internacionales prevalece gracias a la labor y enormes esfuerzos personales de investigadores y estudiosos quienes con mayor o menor éxito han acometido dicho tema, y es por lo general una obra dispersa e inconexa (…). Existe un claro desbalance de todo lo escrito en este terreno, en especial, sobre lasrelaciones Cuba-Estados Unidos… Mucha gente se basa en la famosa carta de Fidel a Celia Sánchez pero en mi caso me baso en el discurso de Fidel durante su primer viaje a Estados Unidos (abril 1959), como primer ministro, cuando dijo: “Lo que tenemos que hacer en Cuba es con nosotros, no es con ustedes. Estamos interesados en las inversiones norteamericanas y en el turismo norteamericano”.

Igualmente el Diplomático afirmó que existe una cierta aprensión oficial a tocar temas que aún son tabúes, como es el caso de la labor del Departamento América del Comité Central del Partido:

“He hablado con varios compañeros para hacer una buena historia oral, testimonial, porque los éxitos de Cuba en América Latina y el Caribe, los éxitos de la Revolución Cubana y de la Revolución latinoamericana no son explicables, sin explicar la actividad de ese Departamento”, dijo para recordar seguidamente la existencia del libro La utopía desarmada (del autor Jorge Castañeda) encaminado a destruir el prestigio e influencia de esa dirección. Y todo esto hay que combatirlo; hay que hacer nuestra historia de las relaciones internacionales”.

En relación con la temática cultural el prestigioso escritor Jorge Fornet, realzó el trabajo que se realiza en dicha esfera donde “existe más libertad” y, en específico, en la Casa de las Américas –de donde es directivo–; se trabaja mucho más en colectivo como también hay más información pública.

Describió Fornet la prominente labor llevada a cabo por la Casa de las Américas desde su fundación; todo un trabajo editorial y de contacto y compromiso con connotados escritores de este continente, al igual que la influencia del Premio Literario Casa de las Américas para el mundo literario universal. A la vez relató cómo llevó a cabo la confección de su libro El año 71, en el que logra como escritor profundizar en un tema difícil pero ya fundamental para la memoria histórica y cultural de la Revolución Cubana.

Finalmente, Ivette García recordó que la tertulia realizada es precedente clave de la reunión que, en enero próximo, “estamos programando con los organismos e instituciones vinculadas a la investigación histórica sobre la historia de la Revolución Cubana y la socialización de sus resultados”.

Historiografía de la Revolución Cubana: un objetivo urgente para emprender por todos los revolucionarios honestos y con infinitas aspiraciones de continuar adelante el curso de la Revolución triunfante de Enero de 1959.