La lectura y la escritura son para mí necesidades cognitivas y expresivas que se complementan (II)

La lectura y la escritura son para mí necesidades cognitivas y expresivas que se complementan (II)

En esta segunda entrega de la entrevista a Juan Nicolás Padrón Barquín, ensayista, investigador, editor y profesor, el también poeta se refiere a su experiencia con la editorial DECO Mc Pherson S.A., a sus planes futuros y envía un especial mensaje a los jóvenes escritores.

¿Cómo ha sido tu experiencia con DMc Pherson? ¿Qué opinas de este proyecto? ¿Tienes planes futuros acerca de otras publicaciones?

La Editorial DECO Mc Pherson, recién nacida en las plataformas digitales, no se ha presentado todavía con libros en papel, pues la pandemia le jugó una mala pasada, como a otros tantos empeños culturales. Se trata de un proyecto prometedor, y por lo que sé de él, resulta una excelente alternativa editorial para los escritores cubanos, como evidencia su catálogo, que incluye libros de autores de mucho prestigio. Su equipo es muy capaz, especialmente en la gestión editorial, y parece que también en el diseño. DECO Mc Pherson ya ha demostrado, aún sin presentarse públicamente con libros impresos, que está empeñada seriamente en la promoción de los autores cubanos. El hecho de que radique en Panamá, el centro de las Américas, es una ventajosa oportunidad para la comercialización en América Latina, especialmente en las ferias. Podría significar un gran complemento de promoción del libro cubano, casi siempre disminuido entre tantos productos artísticos de mejor venta.

Mi experiencia actual con esta editorial ha sido una de las mejores que he tenido, al menos por la cantidad de libros que me han aceptado para publicar. Ya salió a la luz la reedición de La llegada de los dioses; se terminó y se está vendiendo por Amazon Diez poetas cubanos: una supuesta selección de diez heterónimos, de igual nombre que la antología que promocionó a Orígenes, y con un apócrifo antólogo; un juego con posibles poetas del cambio de era, entre «aquel» siglo y el presente; las fotografías que ilustran a estos inexistentes poetas fueron construidas por Eduardo Rodríguez. Otro libro «raro» también está en maquetación en estos momentos, Criaturas temibles, escrito por un fingido adolescente inglés, apasionado por los mitos de seres que alguna vez alguien vio, o hasta fotografió; las imágenes que me enviaron a modo de primicia me tienen muy entusiasmado con el resultado final.

Por último, he entregado para el plan del año que viene un libro de brevísimos poemas que se mueven entre la sonrisa y la carcajada, la reflexión y la especulación: Posverdad y otras falsas certezas, y les sugerí ilustrarlos con caricaturas. Todos estos libros son comercializados para países de habla hispana —con ISBN en la Cámara del Libro de Panamá— y su presencia en la Feria de La Habana dependerá de la evolución de la pandemia.

Considero que DMcPherson Shop, empresa comercializadora de productos culturales por encargo, es una opción excelente para la adquisición de libros cubanos. Esta firma trabaja con Gesedi, un grupo de gestión editorial que crea conexiones y vínculos con otros distribuidores y librerías del mundo, una manera moderna, eficaz y eficiente de comercializar en la actualidad los libros, una tarea difícil en medio de tantas mercancías y de tanta publicidad a «productos culturales» que muchas veces no lo son tanto.        

¿Cuáles son tus escritores fundamentales, los que en tu opinión han marcado tu obra?

Esa pregunta me pone en la tarea de ser crítico de mí mismo. No sé si me han marcado o no, pero te pudiera mencionar a algunos de los que más me han interesado. Como principio, los clásicos: el tiempo que uno vive es muy corto para perder tiempo en lecturas riesgosas, aunque también haya que arriesgarse.

Shakespeare me turbó cuando lo leí con unos 15 años de edad: devoré noche a noche sus 54 obras de teatro en una edición Aguilar de papel biblia que tenía en casa. Con Homero y sus Ilíada y Odisea, desde muy joven aprendí mucho sobre literatura; lo añadido hasta hoy no ha sido tanto, pues creo que casi todo ya estaba allí. Otro universo fascinante, en especial por su estudio de la condición humana, es el Infierno, de Dante. El Quijote de Cervantes me asombra por su vigencia renovada; siempre que vuelvo a él, encuentro algo nuevo. Las obras de Dostoievski, sobre todo Crimen y castigo, continúan siendo uno de mis referentes en cuanto a la construcción psicológica de personajes, al igual que las de Cortázar y unos cuantos narradores más como Faulkner.

La preparación de la escena es para mí magistral en Hemnigway, y en Norberto Fuentes. Me admira el espesor cultural o calado de Rousseau, Voltaire, Emerson, Sartre, Camus, Nietzsche, Barthes, Husserl, y los desafíos de Simone de Beauvoir. Vuelvo y sigo aprendiendo con el humor del ruso Chéjov, el chileno Parra, el mexicano Huerta, el brasileño Drummond de Andrade, el guatemalteco Monterroso, el estadounidense Willy Cupy, etc. Me gusta detenerme en la minuciosidad descriptiva de Víctor Hugo, Balzac, Poe, Quiroga, Novás Calvo y Onelio, y en la agilidad de Truman Capote, Albee, Miller, Kundera, entre otros.

Disfruto la maravilla de juegos con el lenguaje y la fabulación de Sor Juana, Quevedo, Góngora, García Márquez, Rulfo, Borges, Carpentier y Lezama. Me gusta matar al sujeto a la manera de Pessoa o Wichy Nogueras, y me reta la pericia narrativa de Joyce, Virginia Woolf, Proust, Eco y Vargas Llosa, o el debatirse del individuo moderno entre la burocracia y el Poder en la obra de Kafka y Orwell.

Vuelvo periódicamente a la enormidad para poetizarlo todo de Whitman, Neruda, Gorostiza o Paz, pero también la capacidad para apresar lo cotidiano en poéticas tan diferentes como las de López Velarde, Luis Carlos López, Virgilio Piñera y Eliseo Diego, y los cuentos de Eduardo Heras. Me sigue emocionando la magistral y solidaria expresión del dolor humano en César Vallejo, Gabriela Mistral y Raúl Hernández Novás. Pueden asombrarme las audacias expresivas de poéticas bien distantes como las de Williams, Eliot, Pound, Ungaretti, Huidobro, Girondo, Tablada, De Greiff, Aurelio Arturo, Nicolás Guillén, Brull o Poveda.

No encuentro más inmensidad universal que la de Martí. He dejado en el tintero contemporáneos y otros compatriotas a los que me atan lazos literarios y amistosos.

¿Cómo estás enfrentando estos momentos de crisis por la situación de la pandemia? ¿Crees que la literatura es un ejercicio paliativo?  ¿Te servirá de trigo para futuras creaciones?

No es nada raro para mí pasarme horas leyendo y escribiendo durante muchos días; ha sido mi dinámica por muchos años, solo que, a esos períodos de preparación de prólogos, conferencias, cursos, libros o algún proyecto, les seguían otros de visitas, viajes, vida social…, cancelados en el último semestre. Pero ya desde hacía dos o tres años atrás había bajado la intensidad, como si estuviera esperando este momento. Por tanto, la pandemia me llegó como una gran oportunidad para adelantar algunos proyectos ya comenzados. He concluido dos y voy por dos más, además de seguir escribiendo para algunos medios digitales.

La lectura y la escritura son para mí actualmente necesidades cognitivas y expresivas que se complementan, y un paliativo para los rigores de la experiencia, para afianzar lo que me han dejado vivencias enriquecedoras y olvidar las tóxicas. Cuando uno tiene el disco duro en rojo, a punto de llenarse, adivina la toxicidad, la intuye, la presiente, la huele… y marca «eliminar», para proteger la «caja negra» contra la entrada de ciertos virus. Todo lo asimilado sirve como trigo para futuros panes. Ojalá haya conseguido perfeccionar el «detector de mierda» que nos legó Hemingway, al menos para saber qué no me voy a leer, o debo leerme «en diagonal», y separar lo que me interesa, bien por el placer de una buena lectura o por lo que representan para el desarrollo de temas pendientes. También uno tiene que estar dispuesto a enviar a la papelera de reciclaje muchos proyectos fallidos. 

¿Qué te da miedo?¿Qué es lo que más te enfurece? ¿A tu juicio, cual es la palabra más peligrosa? ¿Cuál la más esperanzadora?

Me da miedo perder la capacidad de sorprenderme o de entusiasmarme, o sea, aburrirme; mantenerme triste medio día, olvidar lo que me gustó, no tener nada pendiente, repetir los cuentos o los argumentos, que se me olvide una palabra que conozco bien… Me enfurece, no ya que quieran darme gato por liebre, sino ratón por vaca; que crean que no me doy cuenta y no me hablen claro, aunque sea duro, difícil o intenso; que mezclen hipocresía con cinismo, y además, intenten presentarse como benefactores; que me escondan cartas, no den la cara, se agachen y empujen… ¿Palabra más peligrosa?: burocracia, que no solo puede entrañar la ignorancia de la «burrocracia» y/o la inmoralidad de la corrupción, y suele ser acompañada por el autoritarismo, el dogmatismo, la represión y otras desgracias; es muy peligrosa porque ninguna sociedad moderna puede sostenerse sin un poco de ella, pero el problema consiste en cómo mantenerla en sus precisos límites. No tengo ninguna duda de que la palabra más esperanzadora de todas las que existen es libertad; no descubro nada nuevo, ni soy original.

¿Qué le aconsejarías a los jóvenes escritores? ¿A los jóvenes en sentido general?

Para mí la juventud y la vejez son eventualidades sin mayor importancia: lo primero pasa, y lo segundo también, con la muerte. Tampoco estoy en condiciones de dar consejos; muchas veces los necesito, especialmente de los jóvenes, porque los viejos…, ya sé lo que me van a decir y hasta con qué palabras… Solo podría añadir, en general, que para escribir, además del talento —si natura non da, Salamanca non presta—, hay que saber leer más allá de las palabras escritas y vivir intensamente, y nada de eso está relacionado con la edad. A todos los seres humanos podría sugerirles que intenten vivir en libertad, sin perjudicar la de los otros.