La música viva de Violeta Parra

La música viva de Violeta Parra

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  • El 2017 celebra el centenario de la artista chilena Violeta Parra. Foto tomada de Internet
    El 2017 celebra el centenario de la artista chilena Violeta Parra. Foto tomada de Internet

Bastarían solo los versos de un himno universal como Gracias a la vida para que la chilena Violeta Parra (1917–1967) se convirtiera en un icono cuyo legado trasciende Latinoamérica como símbolo de libertad creativa, creación comprometida y resistencia. Este año se celebra el centenario de su nacimiento y los homenajes se multiplican a lo largo de su país natal, mientras en todo el continente se organizan actos para rendir tributo y recordar a la inmensa folclorista popular promotora de la Nueva Canción Chilena.

Violeta del Carmen Parra Sandoval nació el 4 de octubre de 1917 en la municipalidad de San Carlos, provincia de Ñuble, en el seno de una familia de artistas y creadores chilenos. Era hija de una campesina costurera y de un profesor de música, quienes le inculcaron a todos los hermanos la pasión por las artes: Roberto también destacó como cantante popular, mientras Nicanor, considerado el creador de la antipoesía, es hoy una de las voces ineludibles de la lírica hispanoamericana de todos los tiempos. Suyos son los conocidos versos de Defensa de Violeta Parra donde escribe: “¿Por qué no te levantas de la tumba/ A cantar/ a bailar/ a navegar/ en tu guitarra?/ Cántame una canción inolvidable/ Una canción que no termine nunca/ Una canción no más/ una canción/ Es lo que pido/ Qué te cuesta mujer árbol florido/ Álzate en cuerpo y alma del sepulcro/ Y haz estallar las piedras con tu voz/ Violeta Parra”.

Violeta pasó su niñez en el campo y allí aprendió a tocar la guitarra a los nueve años. En Chillán, donde se traslada su familia, murió su padre y viaja entonces a Santiago de Chile invitada por Nicanor. Tras abandonar los estudios, pues tiene clara una vocación, la música, la joven Violeta lideró un dúo musical con su hermana Hilda: las Hermanas Parra. Luego sus hermanos Clara, Roberto y Eduardo se unirían a la formación que pasó a llamarse Los Parra. Interpretaban valses peruanos, boleros, corridos mexicanos y canciones españolas, a la vez que trabajan en circos, bares y quintas de recreo. En esos años nacen sus hijos Isabel y Ángel, luego de casarse con el trabajador ferroviario Luis Cereceda, un militante comunista que la introdujo en ambientes políticos de izquierda. Luego nacerían otros hijos de su matrimonio con Luis Arce y graba sus primeros discos de corta duración con su hermana Hilda para el sello RCA Víctor, fonograma que contiene temas populares como El Caleuche, La cueca del payaso y La viudita.

Desde 1952 Violeta trabajó en circos populares y junto a sus hijos realizó giras por el país y los alrededores de Santiago. Animada por su hermano Nicanor, comienza a rescatar, recopilar e investigar la auténtica música folclórica chilena mientras realiza recitales en las universidades del país andino. Esta investigación hace que descubra la poesía y el canto popular de los lugares más diversos de Chile: Violeta termina convirtiéndose en una recuperadora de la cultura popular, hecho que determina su trayectoria artística. A partir de 1953 se producen sus primeras intervenciones en la radio chilena en el programa Canta Violeta Parra y conoce a intelectuales como Pablo Neruda y Pablo de Rokha.

Un año más tarde Violeta recibe el premio Caupolicán a la folclorista del año, graba los exitosos sencillos Casamiento de negros y Qué pena siente el alma y su carrera resulta entonces imparable. Viaja por primera vez a Europa invitada al V Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes de Varsovia, en Polonia. Conoce la Unión Soviética y se traslada a París donde vive dos años, llevando a cabo presentaciones y realizando contactos para difundir su trabajo. Entonces graba en la Fonoteca Nacional del Musée de l’Homme de La Sorbonne; allí deja un guitarrón y cintas de sus recopilaciones de folclore chileno. Graba, además, en 1956 su primera larga duración: Guitare et chant: chants et dances du Chili, y una serie de canciones que se editarían posteriormente.

Un año después regresa a Chile y funda en Concepción el Museo Nacional del Arte Folclórico. Además, graba con EMI Odeón los discos: Canto y guitarra (1957), Acompañada de guitarra, La tomada y La cueca, estos últimos en 1958. En muchos de estas producciones Violeta se interesa por las cuestiones sociales: temas como Yo canto a la diferencia y Por qué los pobres no tienen son ejemplo de ello, lo que conlleva que su música sea censurada en varias ocasiones. En 1960 edita en Argentina el álbum Toda Violeta Parra. Además, en estos años diversifica su actividad artística pues trabaja con cerámica, tejido, pintura al óleo y arpilleras, mientras viaja por todo Chile ofreciendo cursos de folclore y recitales. Varias de estas obras plásticas forman parte de la colección permanente de la Casa de las Américas, en La Habana. Además, la editorial de la prestigiosa institución cubana publicó hace algunos años una recopilación de las décimas escritas por la creadora chilena.

De vuelta en la capital francesa, Violeta graba el LP Recordando a Chile, también llamado Una chilena en París, junto a sus hijos Isabel y Ángel, conocidos entonces como Los Parra de Chile. De esta época son temas antológicos como Paloma ausente y Arriba quemando el sol. En 1964 se convirtió en la primera latinoamericana en exponer individualmente sus piezas en el Museo del Louvre, en el pabellón dedicado a las artes decorativas. Escribió también el libro Poesía popular de los Andes y la televisión suiza filmó un documental sobre su trabajo titulado Violeta Parra, tejedora chilena, transmitido recientemente por la televisión cubana y que constituye una de las escasas referencias audiovisuales que se conservan hoy de la artista.

Entonces conoce al antropólogo suizo Gilbert Favre (1936–1998) quien sería el destinatario de sus más importantes composiciones de amor y desamor, entre ellas Corazón maldito, El gavilán, gavilán, Qué he sacado con quererte y “Run Run se fue pal norte”, uno de sus temas más hermosos y sobrecogedores. Compone, además, textos socialmente comprometidos como Miren cómo sonríen, Qué dirá el Santo Padre, Arauco tiene una pena y Según el favor del viento, bases de la corriente musical conocida como Nueva Canción Chilena, recogidas en las numerosas ediciones de Canciones reencontradas en París.

Cuando regresó a Chile en 1965 decidió establecer una carpa en la comuna de La Reina, con la intención de convertirla en un importante centro de cultura folclórica, actualmente Centro Cultural La Carpa de La Reina. A pesar de contar con una carrera exitosa y de ser una referente musical, comenzó a sufrir una fuerte depresión que desembocaría en su suicidio. En esa carpa, Violeta Parra se quitó la vida a los 49 años con un disparo, el 5 de febrero de 1967.

Algunos atribuyen su suicidio al fracaso que resultó la instalación de la carpa cultural y la indiferencia del público chileno. Otros sostienen que fue el desengaño amoroso que sufrió con Gilbert Favre el que marcó su estado depresivo, unido al fallecimiento de su hija y al frágil estado de salud. Por su parte, el mito urbano atribuyó la depresión de Violeta a un amor no correspondido con el cantante Pedro Messone, mientras otros aseguran que el último amor de la intérprete fue el uruguayo Alberto Zapicán. Esta etapa de su vida se narra en la exitosa película Violeta se fue a los cielos, dirigida en 2011 por Andrés Wood, basada en el libro homónimo de Andrés Parra y protagonizada por la actriz Francisca Gavilán.

Poco antes Violeta Parra había grabado su famosa canción “Gracias a la vida” en el disco Las últimas composiciones, lanzado ese mismo año junto a sus hijos y Alberto Zapicán: “Gracias a la vida, que me ha dado tanto/ Me dio dos luceros, que cuando los abro/ perfecto distingo, lo negro de lo blanco/ y en el alto cielo su fondo estrellado/ y en las multitudes el hombre que yo amo/ Gracias a la vida que me ha dado tanto…” escribió Violeta en el que es hoy un himno universal y de alguna manera un paradójico testamento creativo.

Además de Gracias a la vida, interpretada por músicos como Mercedes Sosa, Raphael, Vicente Fernández y Pedro Vargas, el disco contiene también temas conocidos como Volver a los 17, El rin del angelito, Pupila de águila, Cantores que reflexionan y El Albertío. Su obra ha sido, además, versionada por diferentes músicos de toda varias partes del mundo como: Joan Manuel Serrat, Milton Nascimento, Víctor Jara, Inti Illimani, Plácido Domingo, Fito Páez, Elis Regina, Charly García, Caetano Veloso, Chico Buarque, Facundo Cabral, León Gieco, Pedro Aznar, Michael Dublé, Shakira, Joaquín Sabina, autor del tema Violetas para Violeta incluido en el disco Vinagre y rosas, Joan Báez, Richard Clayderman, Rosario Flores, Pasión Vega, quien grabó un disco titulado precisamente Gracias a la vida, María Dolores Pradera, Nana Mouskouri, Susana Baca, Juan Luis Guerra, Daniel Viglietti, entre muchos otros que se han acercado a sus sencillas y profundas composiciones.

En Cuba su música influyó en la consolidación del movimiento de la Nueva Tova. También han grabado sus temas creadores como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Omara Portuondo, Amaury Pérez y Frank Fernández, estos últimos unidos a voz y piano. Silvio por su parte, escribió, además, la canción Carta a Violeta Parra que se encuentra en su disco Segunda cita.

Actualmente, a cien años de su nacimiento y con una devoción universal hacia su obra lírica, plástica y poética, la chilena universal Violeta Parra sigue siendo una de las voces más enigmáticas, profundas y sinceras del pentagrama lírico latinoamericano: la conmovedora voz del folclore chileno y continental que nos convida a agradecer cotidianamente la vida como el mayor de los regalos posibles.