La Orquesta Aragón en el Festival del Danzón al Bolero

La Orquesta Aragón en el Festival del Danzón al Bolero

  • “Si tú escuchas un rico danzón […], ponle el cuño es Aragón [….] Si tú escuchas un son sabrosón […],  ponle el cuño es Aragón”. Foto tomada de Internet
    “Si tú escuchas un rico danzón […], ponle el cuño es Aragón [….] Si tú escuchas un son sabrosón […], ponle el cuño es Aragón”. Foto tomada de Internet

“Si tú escuchas un rico danzón […], ponle el cuño es Aragón [….] Si tú escuchas un son sabrosón […], ponle el cuño es Aragón”.
Los acordes del tema musical que, compuesto por el maestro Enrique Jorrín (1926-1987), identifica a la Orquesta Aragón, llenaron de música, poesía, luz y color el proscenio del Teatro América; prestigiosa institución cultural que, al igual que Radio Progreso, la Onda de la Alegría, deviene el escenario de los grandes éxitos de la Charanga Eterna; agrupación que, dirigida por el maestro Rafael Lay Bravo, abrió y clausuró el Festival del Danzón al Bolero, cuya sede fuera el legendario Coliseo de Centro Habana.
La dirección del espectáculo fue del realizador audiovisual Julio Pulido, mientras la conducción estuvo a cargo de la carismática actriz y locutora Laritza Camacho.
Los pequeños príncipes que configuran el ballet infanto-juvenil del Teatro América, con la gracia y el candor que particularizan a ese ciclo vital humano, bailaron el danzón Fefita, del maestro José Urfé (1879-1957), popularizado en el universo sonoro insular por su hijo, el maestro Odilio Urfé (1921-1988).
La Reina de las Charangas Cubanas interpretó Naranjo y Lucas, del maestro Richard Egües (1923-2006), su flautista insigne, así como Caimitillo y Marañón, del versátil cantante y compositor cienfueguero Julio Valdés (1929-1984), entre otros danzones que integran el repertorio clásico de los “aragonísimos”, como los califica la maestra Carmen Solar, Premio Nacional de Radio.
Posteriormente, interpretó un popurrí de boleros; género musical genuinamente cubano, que los “estilistas del cha cha cha” cultivan con la excelencia artístico-profesional que singulariza todas y cada una de sus presentaciones, signadas por el sonido Aragón, resultado melódico de las caricias que el maestro Rafael Lay Apesteguía (1927-1982) les hacía a las cuerdas de su violín; sonido que luego extrapoló a todos los instrumentos de viento (flauta), cuerda (violines, piano y bajo) y percusión (pailas, güiro y tumbadora), que componen el formato charanguero, al que no renuncian ni renunciarán jamás.
En ese contexto, participaron los miembros de las agrupaciones charangueras de la Escuela Nacional de Arte (ENA) y del Conservatorio “Alejandro García Caturla”, quienes interpretaron —con indiscutible profesionalidad, no obstante la lozana juventud de los futuros instrumentistas— dos joyas de nuestro baile nacional. Los estudiantes de esos centros de enseñanza artística recibieron una cerrada ovación, la cual confirma que el futuro de las orquestas típicas insulares está garantizado.
Los vocalistas Niurka Reyes, Raquel Hernández y Mundito González, acompañados al piano por el tecladista y cantante Félix Bernal, le regalaron al público un “mano a mano”; descarga bolerística caracterizada —básicamente— por la improvisación, devenida verdadera caricia a la mente y el alma de los espectadores.
La Orquesta Aragón finalizó su estelar actuación con el emblemático Pare Cochero, del compositor cienfueguero Marcelino Guerra (1912-1996), número antológico que hizo vibrar de emoción a los fieles seguidores de la que “llegó y triunfó”, y les hizo mover el cuerpo y el alma a los compases de ese rico cha cha cha, que tiene el delicioso sabor del trópico y la dulzura de la caña de azúcar.