La profana familia: una lectura psicoanalítica ortodoxa

La profana familia: una lectura psicoanalítica ortodoxa

  • En La profana…, Nicolás Dorr mezcla el melodrama, el humor grotesco y el desenfado. Foto tomada de Internet
    En La profana…, Nicolás Dorr mezcla el melodrama, el humor grotesco y el desenfado. Foto tomada de Internet

La profana familia, Premio Ace de Dramaturgia en Nueva York, de Nicolás Dorr (1947-2018), Premio Nacional de Teatro, es el título de la obra que, en calidad de reposición, llevara la agrupación Nelson Dorr a la capitalina sala El Sótano, para evocar la memoria del laureado escritor y dramaturgo cubano, lamentablemente desaparecido el pasado año.
La trama de la obra gira en torno a una familia sui generis que prefiere vivir “a su manera”, o sea, sin ley ni orden; y por otra parte, sin tener en cuenta que la comunidad donde interactúa la percibiera como lo que en realidad era: un núcleo familiar que se aparta de los todavía vigentes cánones socio-culturales.
El elenco artístico estuvo integrado por los actores Gladys Casanova (Rosaura, la madre), Carlos Alejandro Rodríguez (Rirri), Sara Benítez (Renata), Geisy Cobas (Raisa) y Alex Guaidinó (Romualdo), quienes —con la profesionalidad que los caracteriza en el campo de las artes escénicas insulares— demostraron, con creces, cuánto aman y respetan la obra de Nicolás Dorr.
En un ambiente hogareño por excelencia, prevalece la fiesta sin límites ni condiciones, hasta que una inesperada decisión, adoptada por la madre, genera un violento disturbio que hace peligrar el equilibrio familiar.
En La profana…, Nicolás Dorr mezcla —con una fórmula que solo él conocía— el melodrama, el humor grotesco y el desenfado, en una puesta en escena deliciosamente transgresora y de palpitante actualidad.
Los actores supieron explorar —con la eficaz orientación de tan experimentado maestro en el arte de las tablas— el inconsciente freudiano, donde yace lo peor del ser humano, y al final de esa búsqueda, lograron encontrar lo que acerca al hombre a la “bestia salvaje” oculta en los más enrevesados parajes de la psiquis humana.
En consecuencia, liberaron el ello, que —según el método psicoanalítico ortodoxo— responde íntegramente al principio del placer, y anula o paraliza la función desempeñada por el superyó; código ético-moral que mediatiza el comportamiento psicosocial del soberano de la creación.

No obstante, el superyó, aunque vencido en un principio, no se sintió derrotado y luchó tenazmente por hacer prevalecer y respetar ese código ético-moral, flagrantemente violado o pisoteado por los integrantes de dicha familia, y halló en la figura materna su mejor aliada para recuperar la posición que —por derecho propio— debe ocupar, y que estaba relegada a un plano secundario o terciario.

A partir de la súbita decisión de la progenitora se desencadenó el combate entre el superyó y el ello, cuyo enfrentamiento colocó en grave conflicto la disparatada situación imperante, hasta ese momento, en el seno de tan controversial familia. Choque entre dos formaciones psíquicas sobre las cuales se estructura —según la teoría analítica clásica— la personalidad humana.

La interpretación personal y el final de esa “tormentosa tragedia familiar”, que hace reír a mandíbula batiente al auditorio y lo incita a la reflexión, los dejo a la elección del lector, a quien invito a alimentar el intelecto y enriquecer el espíritu con esa divertida puesta en escena para que, al decir del colega Reinaldo Taladrid, “cada cual llegue a sus propias conclusiones”.

Por último, cabría preguntarse ¿por qué el autor de La profana… eligió esa técnica, basada —desde el punto de vista teórico-conceptual— en el psicoanálisis freudiano, para concebir y diseñar la estructura de la obra, y consecuentemente, construir el entramado psicológico de los personajes que en ella participan?
La respuesta, al parecer, es sencilla: no cabe duda alguna de que, en el fecundo quehacer dramatúrgico de Nicolás Dorr en el exterior, fundamentalmente en Argentina y Venezuela, el prolífico creador cubano recibió el influjo de la teoría psicodinámica, ya que el Psicoanálisis con enfoque ortodoxo o lacaniano desempeña una función decisiva en la vida científica y cultural de los países del Cono Sur americano y crece silvestre como las flores en la campiña cubana, la pampa argentina o la llanura venezolana.

Ahí está, a mi juicio, la respuesta a esa interrogante, que no solo me formulé como psicólogo con orientación analítico-humanista, sino también como cronista teatral.