La telenovela cubana: tientos y desconciertos

La telenovela cubana: tientos y desconciertos

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  • La telenovela cubana ha vuelto a ser motivo de polémica
    La telenovela cubana ha vuelto a ser motivo de polémica

La telenovela cubana ha vuelto a ser motivo de polémica, rechazo, y hasta de convocatoria en el Pabellón Cuba para analizar qué ingredientes debería tener para satisfacer las expectativas de los públicos que se interesan de manera particular en el llevado y traído género luego de que la más reciente propuesta, La sal del paraíso, provocó airadas reacciones de los destinatarios y la crítica. También el Noticiero cultural anunció que durante esta semana el tema será objeto de análisis.

En el país, de una punta a la otra del archipiélago, se consumen muchas horas de telenovelas de todo tipo y propósitos desde hace prolongado tiempo, tan pronto aparecieron las llamadas reproductoras de videos, mucho antes de la revolución digital del DVD y las memorias flash y de que surgiera esa alternativa de menú audiovisual que es el llamado “paquete”.

Antes de esa evolución técnica se trató de contagiar al género, —que según no pocos era una traslación de las novelas radiales·inventadas” en Cuba—, del espíritu de cambio de la época inaugurada por el triunfo revolucionario que deseaba dejar atrás “el adormecimiento” del pueblo y procurar el reflejo de las luchas y anhelos populares en sus nuevos escenarios de realización. La recientemente fallecida guionista Maité Vera se esforzó en expresar ese empeño dentro de los moldes aprovechables y logró acaparar la atención de los telespectadores con obras como El viejo espigòn y otras muchas que festinadamente han  quedado reducidas a la despectiva calificación de realismo socialista cuando lograron mostrar las características de ese momento de la realidad nacional.

Luego se consiguieron verdaderos hitos de realización como Sol de batey, más tarde, con la propia Maité Vera involucrada, fue memorable Al compás del son y continuaron los esfuerzos “telenovelísticos” sin que se lograra una estabilidad del producto, no solo por la falta de recursos, sino por la carencia de pericia en manejar ese modo de contar historias en TV, aunque, de vez en cuando, se han podido disfrutar de productos de eficacia comunicativa y cierta calidad estética como Latidos compartidos.

Curiosamente los televidentes pueden consumir culebrones foráneos de más de 200 capìtulos, llenos de irregularidades dramatúrgicas, de alargamientos injustificados, como forma de entretenerse, pasar el tiempo, desconectar, pero respecto a las producciones nacionales hay grandes exigencias que satisfacer y un notable espíritu crítico tanto de quienes aspiran a que se cumplan las reglas del juego “telenovelero” tradicional como los que exigen renovación y calidad formal y conceptual.

La televisión cubana no puede competir con las grandes casas productoras de telenovelas del mundo, y particularmente de América Latina por razones financieras fundamentalmente porque cualquier producto televisivo es costoso y ya se conocen las limitaciones en ese plano que tiene el país, pero sí puede y debe asegurarse de que el presupuesto disponible tiene que apostar a los guiones de telenovela, que puedan procurar una acogida favorable por los temas que enfocan y la mayor calidad en el plano estético artístico, elementos que se consiguen sobre todo gracias a la capacidad creativa expresada en el guion como sustento de la narración audiovisual, el conocimientos de los intereses más comunes en los públicos que pretenden una telenovela que refleje aspectos de la realidad pero a la vez que les estimule esperanzas, los entretengas, y les haga disfrutar de pasiones y sucesos sorprendentes pero que resulten veraces.

A las cubanas —y cubanos que también se interesan— les gusta verse reflejados en las artes representativas, disfrutan de las aristas críticas conjugadas con el humor y la certeza al final de que los “malos” no se van a salir con las suyas como parte de las compensaciones ilusorias que requieren ante el contraste con el duro bregar de la vida.

No es fácil satisfacer todos esos imperativos que requieren de investigaciones, colectivos de guionistas elaborando ideas, concibiendo personajes que por sus características propicien verdaderas interpretaciones y que no se reduzcan a reproducir estereotipos, modos y decires que se aprecian en la calle pero para que ser llevados a escena requieren de al menos una mínima elaboración.

Se percibe una cierta saturación del modo facilista de apropiarse de los aspectos mássórdidos de la realidad en películas, telenovelas, obras literarias como si ese fuera el único elemento digno de tenerse en cuenta apelando a los recursos del llamado realismo sucio, cuando en verdad la realidad es multifacética, con tendencias diversas y cualquier obra de pretensiones artísticas construye una realidad a partir de los puntos de vista de los creadores, que puede resultar veraz, convincente en dependencia de los resortes artísticos que sepan emplear, porque el asunto, dicho en términos sencillos, no es de lo que se trata, de los temas que aborda, por duros que sean, sino como lo dice, como lo hace, como lo muestra, y eso es lo que define la calidad  de una película como Conducta, desgarradora y conmovedora a la vez.

Esos factores que pueden condicionar una buena recepción faltaron sin dudas en la entrega más reciente de telenovela cubana: La sal del paraíso.Y por eso no pocos se sintieron desconcertados ante historias mal hilvanadas, situaciones delirantes, acento en las màssórdidas sin contrapeso para el equilibrio a pesar de proponerse hacer visibles temas tan interesantes como el autismo o la  relación entre diferentes como es el caso de la enana y sus pretendientes que no tuvieron el tratamiento que los podía convertir en atractivos para los televidentes.

Las personas encargadas dentro del sistema televisivo para seleccionar los guiones deben ser rigurosos para evitar el gasto en producir algo que no va a satisfacer las grandes audiencias que suelen acoger a las obras de este género, que cómo indica la práctica puede cumplir muy diversos objetivos según como se usen sus recursos expresivos.

Como televisión pública la nuestra tiene que exigirse lo mejor dentro de las limitantes objetivas que existen, asegurarse de que cada producto para ser exhibido tiene que poseer al menos la calidad estándar, intencionalidad para  cumplirá algún objetivo en la percepción de los destinatarios,  que pueden desestimar las ofertas según ese complejo asuntos de los gustos y las tendencias de moda pero no podrán alegar la carencia de interés por algo mal elaborado para ser expuesto, mostrado, públicamente.