“Las revistas como las películas…viven su vida”

“Las revistas como las películas…viven su vida”

Etiquetas: 
Escritores, Audiovisuales, cine cubano, Elpidio Valdés, directores, Carteles, ICAIC
  • Portada de la más reciente edición de la revista Cine cubano.
    Portada de la más reciente edición de la revista Cine cubano.

Mi primer trabajo, con un montón de libras y años de menos, fue a principios de los setenta en el combinado poligráfico 03-05 “Evelio Rodríguez Curbelo” –cuyo nombre me recuerda, con todo respeto, a un asteroide de Saint-Exupéry y a un mártir revolucionario–, antigua Carteles…como le seguían llamando en esa época los obreros más veteranos. Todavía estaban presentes los fantasmas de los antiguos propietarios, los Saraleguis, y los de algunos de sus redactores y correctores como Cabrera Infante, Antonio Ortega, Rine Leal, Elio Constantin y Roberto Branly, por cierto el primero y el último, con diferentes rumbos, reconocidos también como críticos de cine.

En esa añosa imprenta descubrí amontonados en un rincón del departamento de fotomecánica numerosos ejemplares de la década del sesenta de Cine cubano, un verdadero regalo para mi espíritu que me permitía disfrutar esa época dorada de la revista, y escaparme –sin quebrantar la norma laboral– de las paredes vetustas de la fábrica. Con la voracidad del lector veinteañero complementé así mis familiares visitas a la Cinemateca y al entonces llamado Cine de Ensayo La Rampa.

Por esas contingencias de la vida, que agradezco al equipo de la publicación, saldo esta tarde una pequeña deuda de mi “educación sentimental”, al comentar el número más reciente de la revista que se reconoce como la más antigua de su tipo de las que se publican en América Latina. Fundada por Alfredo Guevara y otros profesionales del séptimo arte, durante estos cincuenta y cinco años ha tenido, como toda obra humana, sus altas y bajas, pero la seguimos recordando como una publicación representativa del cine cubano y latinoamericano, más allá de polémicas, encuentros y desencuentros, continuidades y sucesivas rupturas.

Como no soy partidario de repasar los índices y creo en el azar de las dramaturgias revisteras, más allá de las intenciones editoriales, me permito compartir algunos vasos comunicantes de este número 196.

Una de las lecturas que podemos hacer viene de la mano de los homenajes, tanto a figuras nacionales como de otros ámbitos. Tres generaciones de directores reconocidos (Enrique, Rigoberto y Jorge Luis), y un director de fotografía de probada trayectoria, Livio, brindan sus breves pero justos testimonios sobre el más reciente Premio Nacional de Cine, el productor Humberto Hernández. Rigoberto López al reivindicar el “arte coral” del cine, resume en parte en lo que valoran sus colegas al premiado: “Sensibilidad, decisión e ingenio, me descubro hilvanando estas palabras, que bien podrían definir al productor paradigmático, Humberto Hernández, en quien cada una de esas posibles definicio­nes, halla espléndidas resonancias”.

“Las revistas como las películas…viven su vida”
​En estas páginas celebramos los cincuenta y cinco años del Noticiero ICAIC Latinoamericano con Santiago Álvarez al frente, documento fílmico hoy declarado patrimonio en el Registro la Memoria del Mundo de la UNESCO, junto a otros bienes de la humanidad como los discos originales de la música de Carlos Gardel o las listas de oro de los exámenes imperiales de la dinastía china Qing, pasando en nuestra historia por documentos originales de Martí y el Che. En otro aniversario coincidente de la impronta de Santiago, en contracubierta se registra por los cincuenta del documental Now! el cartel que Rostgaard hiciera para la ocasión.

En otro momento los escritores Hugo Luis Sánchez y Laidi Fernández de Juan son firmas autorizadas para este merecidísimo homenaje en sus lozanos primeros cuarenta y cinco a Elpidio Juan Valdés Padrón... El primero por su cercanía a este nombre ineludible de nuestra cultura –recordemos también su antecesor, el destinatario de las cartas del padre Varela, y su sucesor, el protagonista de La vida es silbar-, y cuando digo nombre incluyo al autor y a su personaje de ficción, ¿de ficción?...bueno eso habría que verlo… pues tal vez sea una de las figuras más reales del cine nacional, y si no que le pregunten a los niños de ayer y de hoy…por eso con Hugo Luis cito a un amigo de hace cuarenta años, maestro por naturaleza, el historiador Horacio Díaz Pendás, que dice a tenor de este legado de Padroncito: “Somos portadores de una identidad cultu­ral porque, entre otras cosas, somos memoria […]. De ahí el permanente reto de lograr que cada nueva genera­ción de cubanos tenga en el conocimiento de la historia de su patria, un componente de su cultura”. En cuanto a Laidi, es un juicio oportuno por lo mucho que la dedicado al estudio del humor, y porque como ella reconoce tiene la edad justa de los que crecieron con estos personajes que “llevan junto a nosotros los mismos años de nuestras ilusiones, de nuestras esperanzas y de nuestra fe”.

En la página 120, que no por última es menos importante, se hace memoria de Tony González, muerto prematuramente y recordado por todos los que lo conocieron, y quien fuera entusiasta de la tropa de Elpidio como una de las voces múltiples de las aventuras de Padroncito…y perfil que vimos pasar en más de una ocasión en los cameos del noticiero ICAIC.

A estos homenajes de lo que conforma el canon cinematográfico cubano, Elpidio…, el noticiero, o los profesionales de siempre reconocidos en el Premio Nacional de Cine, se suman las fechas universales como el centenario de ese monstruo que es George Orson Welles (del cual recuerdo hasta sus apariciones más episódicas, como cuando recrea fugazmente a Luis XVIII en Waterloo),o en los 125 de un favorito de siempre, Julius Henry Marx, conocido como el incombustible Groucho, que disfrutamos ahora junto a un cinéfilo llamado Reynaldo González.

Y como colofón de estos tributos un cuento de Antón Arrufat, con el que la revista inaugura una feliz iniciativa, la sección “un cuento de cine…”, que sirve en esta ocasión, además, como reconocimiento a la obra de tan importante autor, justo al cumplir sus plenos ochenta.

Hay otro punto de convergencia en estas lecturas, pues se retoma un tema de tanta actualidad y debate como la Ley de cine. Así lo encontramos en la entrevista del equipo de Cine cubano a la abogada y productora Lía Rodríguez: “Ley de Cine. Mucho se ha discutido sobre este tema y, desafortunadamente, en al­gunos casos, ha hecho surgir algunos prejuicios el solo hecho de su enunciación […]. Es útil y necesario, para el Estado, y para los actores y sujetos que operan hoy en la creación artística cinematográfica y audiovisual, el hecho de llegar a un cuerpo normativo que comprenda, de for­ma ordenada y global, todos los procesos y vertientes que abarca el tema”.

En “Segunda vida. Por una Muestra y un ICAIC más jóvenes”, de Juan Carlos Calahorra, implicado en la gestión actual de la muestra, se religa el reclamo por una Ley de cine y su título ya adelanta el espíritu de su dirección colegiada de apostar a ese futuro inmediato que ya se trastoca en presente, y el reclamo de hacerlo más plural e inclusivo, algo que ya ha estado en los presupuestos desde sus primeras convocatorias, aunque siga adoleciendo de  no tener la visibilidad necesaria en los circuitos más mediáticos. O como apunta Luis Ernesto Doñas: “Creo que la Muestra es el evento más indicado para conocer qué se produce en nuestro cine joven, aunque no es el único. Hay que llegar más a pro­ducciones ultra-alternativas en el interior del país”.

Hay otras resonancias de las nuevas promociones y la mencionada ley. El periodista y crítico Dean Luis Reyes, en quien reconozco su ímpetu y transparencia en el ejercicio de la profesión, le hace una perspicaz entrevista a Carlos Machado Quintela, a propósito de su película La obra del siglo, al que Dean define como el realizador cubano de hoy con más demonio, y quien revela algunas de sus preocupaciones: “Es una película que no tiene miseria; y sí está, en la familia, en las relaciones humanas, no en que no tengan qué comer. Es tan fácil filmar po­breza […]  tenía que ser respetuoso, pero al propio tiempo no podía dejar de hacer la película que me interesaba”.

Más adelante se comentan varias realizaciones fílmicas, en discursos de indiscutible rigor, pero de ellas me detengo en una que se enlaza con la representación del cine más reciente y un pasado que aunque ya lejano, para los de mi generación es una asignatura pendiente, Los amagos de Saturno, de Rosario Alonso Parodi, un filme necesario, donde la realizadora sin renunciar a la pasión “se niega a reconocer alguna verdad como definitiva…”.

A tenor de nuevos realizadores, quiero saludar también a toda una promoción de jóvenes críticos y ensayistas, como Juan Carlos, Celia, Daniel, Antonio, Reynaldo, Rosario –que junto a parte importante del equipo de la revista–, se dan cita en estas páginas alternando con nombres ya establecidos, balance imprescindible para toda publicación.

Ya a estas alturas de mi presentación parece obvio lo que me ha complacido este número. Citar por ejemplo, que el dedicado estudioso Luciano Castillo nos regala una puntual entrevista al imprescindible Costa Gavras. Y que de Rebeca Chávez es uno de los textos que más me han incitado a debatir y compartir su lectura. Y creo que en esa virtud la acompañan los editores, pues desde un punto de vista para nada tendencioso, emplaza censuras y discrepancias estéticas, sin ser contaminadas ni por filias ni fobias. Y en cuanto a coincidencias con la autora, donde se citan con justicia varios filmes, Melaza, Conducta, el ya mencionado Los amagos…me rencuentro con una de mis películas inolvidables…La Batalla de Argel.

Encontramos miradas inteligentes y oportunas al cine mexicano, al español, o dentro de la sección “de película” a estrenos recientes del cine universal, donde Planas, Garrandés, Ramos, Orbea, trascienden con creces lo que sería un discreto comentario o reseña cinematográfica.

Hace varios años que Ediciones ICAIC está dando que hablar, y muy en positivo, en nuestros medios. Las reseñas aquí incluidas dan fe en su diversidad de ese prestigio ganado en corto tiempo, a propósito de los títulos de Dean Luis sobre el cine de animación; Frank Padrón a tenor de cine y diversidad sexual; Carmen Castillo en la preservación de lo más auténtico de la izquierda latinoamericana.

Que se pueda continuar ese perfil de indiscutible valía en cuanto a catálogo y producción, es el mejor homenaje que haríamos a la memoria del buen amigo Pablo Pacheco, animador incansable del libro al que tanto le deben en los últimos años en particular esta publicación, su sello editorial, y el ICAIC. Lo recuerdo en las muchas conversaciones compartidas hasta el final de sus días –memorioso y locuaz, atento y analítico–, o me lo imagino como seguro él disfrutaría de verse, un muy joven Pablo Pacheco con sus amigos de los tiempos mozos –ahora pienso en Enriquito Vignier, Regalado, Tony, entre otros–, cuando tertuliaban en el parque de su querida Madruga para hablar de novias, de cultura y política, y de “todo lo humano y lo divino”.

Creo que a él le hubiera gustado este número, donde los textos aquí reunidos repasan figuras, películas, modos y anti-modas de la filmografía criolla y universal. Se detienen en algunos espacios emergentes,  también están representados la tradición y la historia que nos acompaña, lo que permite lecturas cruzadas que generarán interrogantes sobre el pasado, el presente y el futuro del cine nacional en su interacción inevitable con el mercado y las nuevas tecnologías. Pero ustedes como lectores dirán la “penúltima palabra”, pues parafraseando a Gavras-Castillo, una vez hechas, “las revistas como las películas…viven su vida”.