Lizt Alfonso, compartiendo su sueño

Lizt Alfonso, compartiendo su sueño

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Escénicos, Ballet de Lizt Alfonso
  • La agrupación que es hoy Lizt Alfonso Dance Cuba se fundó en 1991. Foto: Cortesía de la Compañía.
    La agrupación que es hoy Lizt Alfonso Dance Cuba se fundó en 1991. Foto: Cortesía de la Compañía.

Cuando una va a una institución cultural, a ver una obra de teatro, al ballet, a disfrutar de un concierto..., enseguida advierte quiénes están allí por pasión. Entre los públicos saltan a la vista los segmentos: los especialistas, los seguidores, los iniciados, los que han ido a matar el tiempo... Sin embargo, hay espectáculos en los cuales los espectadores se vuelven una masa compacta de vocación, sentimiento y parte. Cada puesta del Ballet de Lizt Alfonso, representa una de estas transformaciones.

La compañía, con más de veinte años, no para de llenar los espacios, dentro y fuera de Cuba. Convoca a personas de todas las edades, identidades de género, colores de la piel, o niveles instructivos. Resume, en su propuesta estética de alta cultura, todos los sabores de la cubanía. Pero estas no son características que se hacen solas, reflejan el empeño de quienes (desde lo artístico y lo administrativo), tributan a la imagen y presencia de Lizt Alfonso Dance Cuba en el panorama cubano e internacional.

Por supuesto, detrás de un proyecto semejante hay una disposición que lo supera, y se refugia en una mujer.

Lizt Alfonso, creadora de este proyecto danzario, le ha puesto alas a sus sueño para luego compartirlo con cientos de personas, encima o debajo de los escenarios.

Confiesa haber sido secuestrada por la danza y por esa combinación mágica de movimientos, música e historias que implica. Desde que tiene uso de razón se recuerda pensando y recreando imágenes en movimiento. Mas, no solo las guarda para sí, las pone a discursar con la gente y, sobre todo, las lega a nuevas figuras del ballet.

¿Por qué ese afán de preparar, cada vez, a más generaciones de niñas y niños para la danza?

La danza es una expresión del alma en estado puro; así también la música. Es saludable que los niños y las niñas sientan y vivan eso. De seguro los hará mejores seres humanos.

La mayoría de los estudiantes que en veinticinco años han pasado por nuestra escuela, la escuela de Lizt Alfonso Dance Cuba, sus Talleres vocacionales, el Ballet Infantil, el Ballet Juvenil, es decir, nuestra cantera, hoy son personas de bien y con perspectivas de vida.

Lo mismo quienes permanecen en la compañía. Eso me hace feliz. 

¿Qué significó para Lizt dejar de bailar?

Algo natural. 

Algunos artistas confrontan problemas al dar ese paso, no fue mi caso. 

Primero, dirigía una compañía que había creado y ello inició un montón de responsabilidades que no solo se concretan en la parte creativa, artística, que es lo que amo hacer; sino además en la parte de management, empresarial, de relaciones públicas, administrativas, de producción, etc. Y eso reclama mucho tiempo.

Ocurría también que las personas iban al teatro para ver bailar a Lizt, y no quería eso. Deseaba que vinieran a ver la compañía y sus puestas en escena. Pues por todas esas razones, en 1998, después de una larga gira por España y de hacer una temporada en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, decidí que mi última función llegaría cuando estas presentaciones finalizaran. Así fue.

Entonces comencé a trabajar para abrir puertas, tender puentes, desarrollar sentidos, cambiar puntos de vista, ampliar horizontes; para tomar toda clase de intención y decisión que nos llevara más allá de nuestras fronteras del cuerpo, la mente y el país.

La agrupación que es hoy Lizt Alfonso Dance Cuba se fundó en 1991, cuando el Período Especial empezaba a hacer sus estragos (y cada vez se puso peor), con la complicación adicional de que éramos una compañía independiente. No nos miraban con buenos ojos. Y nosotros ahí: luchando contra el viento de las mentalidades estrechas y contra la marea que venía con el firme propósito de desaparecernos.

Hablo de esto y no puedo olvidar que me decían que estaba loca. Ahora pienso que lo estaba... Mejor, lo sigo estando. ¡Qué dulce locura! 

Dejar de bailar fue multiplicarme en muchos cuerpos y muchas mentes, capaces de superar lo que hacía. ¡Eso sí que es un regalo!

¿Cuánto esfuerzo, preparación, dedicación... demanda dirigir una compañía como esta, con un precedente de éxito que impone retos cada vez más difíciles de superar?

Lizt Alfonso Dance Cuba es un proyecto de vida, eso está muy claro para mí.

No lo podemos ver más como una compañía, sino como una gran empresa que tiene forma de pirámide ascendente, que cuenta en su base con los Talleres Vocacionales (agrupa a sus más de mil alumnos cada curso), y que terminan de conformarla: el Ballet Infantil, luego el Ballet Juvenil, después la Agrupación Artístico-Docente, adscripta a la Escuela Nacional de Arte (ENA); para finalizar con la compañía profesional y un grupo musical que siempre la acompaña en vivo en todas sus presentaciones y que además compone la música de los espectáculos.

Pero también comprende cursos de verano, que reúne cada año a cientos de niños y niñas, jóvenes y profesionales de la danza de Cuba y el mundo; un concurso coreográfico con frecuencia bianual y que va para su edición 19; un equipo técnico, que hace realidad nuestros sueños escénicos; y un grupo de trabajadores —muy pocos realmente para lo que llevamos a cabo—, que se ocupa de la promoción, las relaciones públicas, la administración y todo lo necesario para que este sueño sea real cada día.

Estamos conscientes de que te va la vida en lo que haces y la entregas con mucho gusto para y por los demás, a partir de ti mismo.

¿Cómo manejas la apertura a los nuevos talentos coreográficos, sin dejar que la agrupación pierda su sello?

Poco a poco se les van dando más y más oportunidades, y más y más responsabilidades al más alto nivel de complejidad. Al final es un entrenamiento que se lleva paso a paso para crecer y madurar. 

Nuestras bailarinas, que son además las profesoras de los talleres vocacionales y de los cursos de verano, comienzan haciendo coreografías para sus estudiantes.

Los más sobresalientes hacen las coreografías del Ballet Infantil y Juvenil, y por supuesto se presentan en las funciones en casa y en otras partes del mundo.

Por último (hasta ahora, porque sé que el futuro nos sorprende), montan sus obras para la compañía. También para eventos especiales que nos solicitan coreógrafos, como ha sucedido en Beijing, Hamburgo y Martinica.

En ellos crean y dirigen con mucha responsabilidad, pero, sobre todo, con una creatividad increíble.

¿De qué manera repercute en la concepción de los espectáculos esa casi constante interacción que tiene el grupo con entes foráneos?

Estar en “el mundo” te obliga a no quedarte detrás, te hace ser más creativo, autoexigente y tener un prisma muy amplio de las múltiples respuestas-soluciones que pueden existir para cada proyecto. Eso resulta increíblemente alentador para el día a día. La meta no solo está en ti, sino también en lo excelente que ves a tu alrededor.

¿Qué espacio crees que ocupa tu compañía en el ámbito cultural contemporáneo cubano? ¿Es por el lugar que has luchado?

El espacio se conquista cada día con los resultados. Recuerdo que cuando comenzamos y nadie, o casi nadie nos apoyaba, ni creía en el proyecto, Omar Vázquez, periodista, que con los años se convirtió en un gran amigo, me aconsejó: “tú sigue adelante y demuestra que realmente tienes algo nuevo que decir, y no te des por vencida que el sol no se puede tapar con un dedo”.

Así que hasta el día de hoy, aunque algunos intentan impedirlo…, el sol sale cada mañana y brilla para los que en la actualidad estamos en cualquiera de los niveles del proyecto, para quienes un día estuvieron y para los que seguirán llegando.