A los 90 años de Alfredo Sosabravo

A los 90 años de Alfredo Sosabravo

Mucho y plenamente tiene que haber vivido Alfredo Sosabravo en sus noventa años de vida, cuando se le ve tan rozagante, casi como un chiquillo inquieto con sus lápices de colores. Así lo percibo, emocionado con sus proyectos, siempre ideando piezas, y dispuesto a asumir nuevos retos.

Cuando joven tuvo un marcado interés por la música y la literatura, y en ambos escenarios, exploró, hasta que llegó al camino de las artes plásticas.

En su etapa de formación incidieron grandes personalidades de la Vanguardia en Cuba como Cundo Bermúdez, Wifredo Lam, Amelia Peláez y René Portocarrero. Sin embargo, recuerda con mucha distinción una muestra que hizo su coterráneo, Lam, en el año 1950 y que le sirvió de impulso para incursionar en la pintura y buscar su propio lenguaje estético.

El conjunto de su obra está cargado, de acuerdo con el propio Sosabravo, de surrealismo, y otras tendencias como el pop, y el realismo mágico, con especial interés en «la naturaleza, el hombre y la máquina». Una singular mezcla resulta su universo artístico, que es único y fácil de identificar por su sello figurativo, repleto de símbolo y color tropical, «no retratista».

Sosabravo es un creador que ha recorrido diversas manifestaciones del arte con igual éxito, siempre con el empeño de mantener una misma línea visual. Se le conoce por sus pinturas, dibujos, grabados, esculturas y cerámicas, aunque su gran pasión ―afirma―, es la pintura, y de ella dice que constituye el soporte para toda su carrera profesional, de donde ha partido hacia las demás vertientes de las artes plásticas.

Los creadores visuales, y el artista de manera general, deben tener cierta sensibilidad y especial cuidado en los detalles para concebir un producto perfecto. A Sosabravo, ser meticuloso le ha valido, durante años, para establecer una expresión definida que ha podido trasladar a todas sus piezas. De manera que hoy, a sus noventa años, cuenta con una labor creativa sólida de gran valor artístico que ha estado presente en las ciudades más importantes del mundo.

El discurso estético de Sosabravo es iconográfico, dinámico, irreal, pero al mismo tiempo simple visualmente y cargado de armonía y colores; que demuestra total dominio de la técnica e invita al espectador a reflexionar, fabular historias, y a construir su propio significado.

Siete décadas de labor ininterrumpida le ha dedicado a la creación con una visión clara que adquirió con el paso del tiempo y que desde los 20 años de edad fue moldeando mientras experimentaba con formas y colores.