Los Caracoles en tiempo de pandemia

Los Caracoles en tiempo de pandemia

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evento teórico Caracoles, virtual, Internet, televisión, Covid-19, UNEAC

Aún no puedo precisar a ciencia cierta si es solo casualidad, pues por apenas uno o dos años, el Caracol de la Uneac con su evento teórico antecedió a la proclamación del Día de la Cultura Cubana (1980), y quizás no siempre ha sido en octubre; pero las décadas que ambos nos ocupan a la vez, autorizan asegurar que se trata, cuando menos, de una muy feliz coincidencia: no concibo mejor integración de los medios (además de su función promotora) a una jornada de la cultura cubana, que compete a todo lo que es Cuba y no solo a los trabajadores de la cultura (para los que ya se escogió el 14 de diciembre), jornada que sin desdoro de todo lo demás, desluciría mucho sin un evento como este, tan inclusivo por definición.

Ni siquiera por los estragos de la pandemia, dudé que habría Caracol este año, aunque por supuesto, como ha de identificar toda trascendencia, nunca ajenos al contexto en que se vive, ahora marcado por la Covid-19: como en toda gran batalla, la cultura y sobre todo los medios, protagonizan su enfrentamiento y derrota educando cómo vencerla, y luego curando y cerrando las cicatrices de las tristes secuelas con la alegría de vivir, profundamente reflexiva; así se ha arraigado el Caracol.

Y aun sin concurso este año 2020, básicamente por las afectaciones de la pandemia en la producción de obras a concursar durante tantos meses, incitando a las que han visto la luz desde septiembre de 2019, a concursar todas en el 2021; sin embargo, no es el primer caso en que el evento teórico, a menudo tan subvalorado, es el que llena dignamente el espacio.

Recuerdo el Cine Plaza concluyendo la primera década del siglo XXI; no menos iba a ser el Caracol de la Uneac, para orgullo de todos los que nos hemos dedicado a la teoría, la crítica y la investigación.

No hay calamidad (excepto los humanoides) contra la creatividad y las ansias de mejorar el mundo: su solución en el ciberespacio ha sido orgánica, como genuina cultura, porque en primer lugar salvamos un evento que engrosa el patrimonio de la Uneac que es el del país, y que enjuicia problemáticas a resolver; al tiempo que mantenemos el buen ejemplo de evitar aproximaciones físicas: esto también es cultura, y no podíamos traicionar desde los medios, el distanciamiento físico que los mismos medios orientan por las ciencias; y como tantos artistas han hecho, el ciberespacio es ideal. Pero más allá, aunque ya habíamos introducido e incursionado en asumir Internet como el nuevo medio entre milenios (ya no tan nuevo, como quedó claro: «llegamos tarde», se señaló; lo que no le resta actualidad), ahora casi en su totalidad se le tributa desde los demás medios hoy más tradicionales, coprotagonizando con todos y cada uno de ellos este Caracol, sin el facilista lugar común de «un día para cada medio».

Atentaban contra esta solución, sin embargo, las mismas limitantes planteadas por los panelistas: el difícil y costoso acceso por la insuficiencia de conectividad, tecnología y habilidades que muchos no hemos podido desarrollar por lo mismo, y por la cultura y la práctica requeridas al respecto; no es aún la cotidianidad que nos urge. No obstante, esto también se salvó con la feliz idea y gestión de televisarlo, lo que logró que el YouTube al que no muchos pueden acceder, quedara al alcance de una mayoría (no solo de nuestros miembros que son los más asiduos, sino de toda la población, que hace años invitamos a los Caracoles, pero con escasos resultados que ahora, la televisión potenció al infinito), en el canal, horario y promoción adecuados.

Feliz antecedente han sido las cápsulas de personalidades de las artes educando con sus vivencias, uno más entre los tantos esfuerzos por que lo más posible de lo televisual sea, realmente, televisivo.

Cierto es también que no se observa la misma confrontación que en ocasiones, propiciaba la presencia física: mas, que no se observe, no quiere decir que no haya existido. Quien navega por las redes digitales conoce de las polémicas de que son escenario, con sus opciones interactivas para escribir y ya hasta hablar viéndonos (a propósito: quizás hubiera ayudado al debate de este Caracol 2020, un teléfono habilitado); en fin, participar en los debates, retroalimentación que así facilitaba este Caracol virtual… en lo que eso sí, debió insistirse más y con más tiempo de antelación, que invitaran a ello los moderadores desde el inicio y sobre todo, los mismos medios que este año lo respaldaron más que antes; en época de pandemia, no podía ser de otra forma, a sistematizarse más sin necesidad de flagelos.

Era difícil detectar para este año temas más idóneos, con panelistas cada uno respaldado por su obra (coincidamos o no con unos u otros criterios: sin sanas e inteligentes discrepancias no hay crítica, investigación ni evolución posible): el  aniversario 70 de la televisión, moderado por la crítica Paquita Armas, con el analista Víctor Fowler y el realizador Rudy Mora, indagando qué televisión tenemos, cuál queremos y yo diría fundamentalmente (como explicitó Fowler), la que necesitamos; así, un mejor aprovechamiento del sistema de telecentros, a lo que agregaría yo, de las radios locales; incluso se mencionó el tan controversial Paquete, «mala palabra» para algunos funcionarios que, de espaldas a la realidad y al desarrollo, se niegan a perder control… por lo mismo que muchos rechazan el universo digital.

Urgente a abordar era la radio en Internet, cuyos panelistas fueron los mejor presentados (tan importante en la difusión masiva, incluido el ciberespacio), ahora de la mano, voz y pensamiento de Alberto Cordoví (presidente de nuestra sección de radio), y con él de Radio Rebelde, Gabdiel Silva (director de información del programa Haciendo Radio), y Pablo Rafael Fuentes, jefe de la página web; con las profesoras de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana, Ana Teresa Badía y Zenaida Costales.

Al enfocar los «Nuevos caminos en Internet para el audiovisual cubano», se disfrutó de voces jóvenes (por supuesto, con obras ya demostradas), como el crítico Angel E. Pérez y la realizadora Patricia Ramos, junto a reconocidos ya veteranos como Jonal Cosculluela, Magda González Grau y Rolando Almirante; debate que trascendió del infinito ciberespacio (es mucho decir, protagonismo fortalecido con la pandemia y que lejos de divorciarse de los espacios abiertos, hasta los promueve: nosotros somos los que nos divorciamos de la calidez humana) a otros asuntos no menos actuales, como incluir todo el país y el mundo, el Fondo de Fomento, el problema de la distribución de la obra cinematográfica y el de los permisos para filmar, una de la problemáticas que comparten cine y televisión, que aplauden la herramienta brindada por las plataformas digitales, solo que ahora nos exige prepararnos para aprovecharla bien, sin relegar la importancia del guion con la puesta en escena y todo lo que lleva cada obra, mientras se crean infraestructuras sólidas para Cuba.

En el mundo hoy tan revolucionado por Internet y las redes digitales, con una perspectiva de futuro cada vez más inmediata y arrolladora, hace años se imponía, como dije al inicio, una acción como esta, aunque haya sido impuesta por una debacle como la Covid-19: a valorar ahora cuánto y qué de eso, está entre lo que llegó que debe quedarse y cómo quedarse, y evolucionar más aún.