Los Caracoles según Rafael Lam

Los Caracoles según Rafael Lam

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  • Rafael Lam
    Rafael Lam

Se agradece a Rafael Lam –«el chino Lam», como le dicen afectuosamente— que hacia los 60 años de la Uneac, comparta sus memorias sobre nuestra sección de crítica e investigación y su evento Caracol: ingresó alrededor de 1986; nunca en su dirección, dedicado a sus libros y contratos esporádicos en radio y tv, prensa escrita y ahora la web, mas ha cumplido encomiendas para acciones de la sección, participando en conferencias y temas en todos sus Caracoles.

De la «etapa gloriosa» de Lizet Vila, quien movía cielo y tierra para que todo funcionara, recuerda Caracoles en El Castillito y en uno de los salones del Habana Libre. Una ponencia sobre culinaria fue un verdadero espectáculo, más sensacional si hubiera llevado las cocinas. Todo era en función de la masividad. A veces ofrecían comida, pagada o no, previendo que muchos vienen de lejos sin dónde comer algo y continuar; y sugiere el apoyo de organismos particulares o no, que en el patio vendan libros, expongan sus comidas, fiambres, cocteles, música ambiente, pantallas, etc.; ejemplar contrapartida a los que se han demostrado malgastadores y a las cadenas de corruptos, difíciles de liquidar.

Los eventos teóricos del Caracol no siempre tenían temas previstos. Son muy esperados los de las telenovelas del momento, los temas candentes de la actualidad; los musicales interesan bastante, aunque no se le ha sacado el partido necesario. Algunos han pasado sin pena ni gloria, quizás por las circunstancias, o los temas, o cierta crisis de apatía: «por eso el Caracol debe ser provocativo, sin efecto no hay resultados».

Lo mejor ha sido oír expertos –Rufo, Calviño, estetas como Víctor Fowler, otros que llaman «culturosos»— en las etapas de Lizet y la de Rosalía Arnáez, quien no siempre tuvo las posibilidades ni el apoyo para lograr grandes cosas. No debe faltar el presidente del ICRT, el funcionario cultural del Comité Central, que estén cara a cara con los artistas, para responder a todas las inquietudes. Así se sabe cómo está el ambiente cultural; que contesten y afronten los temas candentes, sobre todo en estos tiempos de las autopistas libres de la información.

Lo que más debilita al Caracol son los opinantes descontrolados. El tiempo es oro y se debe ser preciso y concreto, como Radio Reloj: solo un minuto, o dos o tres, para evitar que divaguen, el conductor con cronómetro en mano. A un súper especialista se le dice: «Tiene usted tres minutos más, nos interesa su exposición»; crudamente controlados los debates, para evitar «electrones sueltos» que enturbian aguas procelosas, los «piantaos», enredadores, que en Cultura hay «de todo, como en botica».

El moderador le dice diáfanamente: «Por favor concrete, ajústese al tema, abunde con claridad». El evento debe ventilarse, colegiarse en reuniones que aporten todos los miembros posibles; ser fiesta de artistas e intelectuales, de todos; sonar y tronar, hacer sentir la Uneac.

El Caracol no se debe preparar con la prisa del compromiso, en solo unos meses, sino que acabado uno, se planee el otro; todos con temas fijos y corridos: cada día con una Mesa de especialistas sobre radio, televisión y otros medios; y la miscelánea: diversos temas cortos, pero sustanciosos, sin presentaciones kilométricas –«metatranca»— sino breves, concisas, sintéticas; y los participantes añaden lo demás, que muchas veces superan la ponencia, a veces demasiado comedida y cautelosa. Muchos que no son del medio meten cucharetas locas, pero hay propuestas inteligentes en cualquier profano, y el Caracol debe debatir conceptos.

En los eventos, incluidos los Congresos, siempre se ven los mismos, muchas veces sin nada nuevo que decir. Los medios sufren su etapa más crítica, por las crisis mundiales y la apatía de mantenerlos estáticos, sin revolucionar.

Debe ser como las Ferias del Libro –salvando las distancias— una verdadera fiesta de la radio y la TV. Si es preciso, hasta cerrar la calle. Tomar el Hurón Azul, darle vida al Caracol. Todo debe ser por votación, por consenso: se sobreentiende que, salvo excepciones, tienen un nivel requerido. Extensivo a toda la radio y la televisión: con vitalicios, nada se alcanzará; como en los deportes: quienes ya no rindan cien por ciento, a asesorar, a educar.

Los creadores tienen que responder por la creación en caliente, diariamente; son temas que los Caracoles deben poner sobre la mesa. El anterior presidente del ICRT dijo a Amaury Pérez en su programa sobre el tema: “Hemos sido muy paternalistas”; ninguna televisora del mundo puede darse el lujo del paternalismo; lo más importante es la eficacia. El arte y la cultura es muy competitivo, adiós a quien no produzca. En la televisión no aparece toda Cuba, como prometió (y nunca se cumplió) Nivaldo Herrera, quien dijo que la radio y la TV tenían que ser del tamaño de la Isla de Cuba. Hay que «hacer revolución» y san se acabó.