Los cubanos son un pilar del Caribe

Literatura

Los cubanos son un pilar del Caribe

  • Cortesía del entrevistado
    Cortesía del entrevistado

Carlos Oriel Wynter Melo es narrador, poeta y ensayista panameño. Por su labor como escritor ha obtenido múltiples premios y reconocimientos en Panamá y en el extranjero. En el 2011 fue elegido como uno de los Veinticinco Secretos mejor guardados de América Latina en el marco de la Feria del Libro de Guadalajara. Su obra ha sido traducida al alemán, inglés, portugués y húngaro. Fue convocado como jurado del concurso Casa de las Américas en la Isla.

Carlos, es amante de la literatura cubana. En su stand en la Feria del Libro de Panamá, donde nos conocimos, es frecuente encontrar obras y alguna visita de autores cubanos. He tenido el placer de presentar algunos de sus libros y participar en encuentros y Talleres Literarios junto a sus colegas. Es un hombre modesto e ingenioso que siempre está dispuesto a conversar, tanto de literatura como del mundo que lo rodea. Pedirle una entrevista para el sitio WEB de la UNEAC lo llenó de entusiasmo y sus respuestas, aquí compartidas, no se hicieron esperar:

¿Cuándo comienza tu vida de escritor? ¿Cuál es tu primer texto? ¿Cuál tu primera publicación? ¿Obras publicadas y premios?

Escribir es un medio y no un fin. Escribir es una de las muchas maneras de entenderse. De niño me gustaba dibujar y no sé si pasados algunos años, me entregué a otra disciplina artística. Me considero, entonces, algo más esencial que un escritor. Soy alguien que se explora con la escritura. No tengo conciencia exacta de cuándo empecé a hacerlo. Lo que sí me queda claro es que le declaré mi amor mientras asistía a un taller literario en Guadalajara, México. El primer texto que presenté recordaba los de Hemingway y hablaba de un pez enorme. Mi primer cuento publicado lo rescató la editorial Honda de Casa de las Américas y se llama la «Libreta de Ariadna». Mi primer libro nació gracias a un concurso de la Universidad Tecnológica de Panamá y lo editó Enrique Jaramillo Levi y se llama El escapista. Desde entonces, identifico a muchas personas que han creído en mi literatura, incluida tú, Lourdes, y a quienes debo que mis palabras sigan caminando. El año 2007 me sorprendió con la noticia de que el Hay Festival de Londres, la Secretaría de Cultura de Bogotá y tres jurados de primerísimo nivel, Piedad Bonnet, Héctor Abad Faciolince y Óscar Collazos, me tomaron en cuenta para la lista de promisorios escritores de Bogotá 39. En el 2011, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara me incluyó entre los 25 Secretos Literarios de Latinoamérica. En el año 2014, la editorial Honda de Casa de las Américas publicó una compilación de mis cuentos. En el año 2015 la editorial Planeta editó mi novela Las impuras, la cual fue finalista del Premio de la Asociación de Escritores Caribeños en el 2016. En el 2018, mi colección de cuentos Literatura olvidada ganó el premio Octavio Méndez Pereira de la Universidad de Panamá, en su versión Pedro Rivera. Esta es una apretada síntesis.

¿De tu obra poética y narrativa con qué títulos te sientes más identificado? ¿Cuál te gusta más?

Ya no soy un creador joven. Las personas maduras somos menos vanidosas, más prácticas, creo yo. Recientemente encontré la grabación de un cuento mío, «Hombre y mujer», a cargo de un grupo de argentinos. Sentí que habían entendido mis palabras y me alegré enormemente. Ya solo me interesa cómo se me lee. Quiero atraer buenos lectores. Aspiro a tener un estilo fuerte y propio. Por eso los libros míos que más me gustan son los singulares. Los estudios de mi obra han descubierto —muchas veces antes que yo— símbolos: los dobles, los sueños, varios planos de la realidad, la memoria, una suerte liberación y la sensibilidad. Me gustan esos signos. Hay una obra desconocidísima mía, Invisible, que estimo mucho. Otra que publicó Uruk editores de Costa Rica, Mujeres que desaparecen, que considero muy especial. Y me sigue encantando El escapista y otras reapariciones de la editorial colombiana Panamericana. En cuanto a las novelas, Nostalgia de escuchar tu risa loca y Las impuras merecen ser más leídos.

Incursionas en varios géneros literarios. ¿Cómo asumes cada uno de estos géneros? ¿Hay influencia de uno sobre otro? ¿En cuál te sientes más cómodo? ¿Tienes preferencia por alguno? ¿Cuál?

He escrito cuentos, novelas y ensayos. La poesía me parece muy indiscreta, así que no publico poemas. Veo el Ensayo como una manera de proyectarme en el plano real y, a veces, como la base documental de las novelas. La Novela tiende a ser mi espacio para hacer memoria. Y los cuentos se los robo al mundo de los sueños. Me siento muy cómodo en el género de Cuento.

¿Cuáles son tus escritores fundamentales, los que han marcado tu obra? ¿Cuáles son tus escritores preferidos? ¿Estás escribiendo en estos momentos?

En mi libro Literatura olvidada reúno una antología ficticia de autores inventados. Es un homenaje a los escritores que leí cuando niño. Aparecen de manera velada los cuentos de terror de Heinrich Heine; los negros de Raymond Chandler; la magia de Rogelio Sinán, antiguos autores chinos y uno que otro contemporáneo japonés. Podría agregar como influencias personales a Roque Javier Laurenza, Edgar Allan Poe, Jack Kerouac, Brett Easton Ellis, Julio Cortázar y Juan José Arreola. Sobre mi producción actual, estoy revisando dos novelas y una colección de cuentos. Tanto las unas como la otra retoman personajes de obras anteriores.

Mujeres que desaparecen es el título de tu libro de cuento más reciente. ¿De qué trata? ¿Por qué escogiste este título? ¿Cuál es la posición de la mujer en esta obra? ¿Qué impacto ha tenido en el universo editorial y en la crítica especializada?  

Hay guiños sobre una nueva sensibilidad. El cuento que da nombre al libro habla de una mujer huidiza. Tal vez sea la sensibilidad perdida del protagonista. Horacio Oliveira y la Maga cortazarianos son arquetipos. Otras historias del libro giran alrededor de la recuperación de algo olvidado o perdido. La crítica habló de un juego del que el lector se hace cómplice.

En tu novela Nostalgia de escuchar tu risa loca. Su protagonista Arcos, está enamorado de una mujer sin piernas por la que siente gran admiración. La caracterización del personaje femenino, según tus palabras: “nunca se rinde está hecha de madera y florece como los árboles”. Desde mi perspectiva, en algunas de tus obras descuella la figura femenina. ¿A qué se debe este enfoque? ¿Es una tendencia? ¿Es consciente?

Así es, en mi literatura está muy presente la mujer. No fui consciente de esto antes. Ahora me parece que va de la mano con los tiempos. Urge liberar la sensibilidad. Considero que la primera víctima del machismo es el hombre. Hay que dejar fluir el afán de creación. Juanita representa una fuerza emocional, no física —después de todo, no tiene piernas—. Hay muchas narraciones con trasfondos semejantes.

¿Qué opinas de la palabra feminismo? ¿Crees que sea necesario que los hombres aprendan sobre género? ¿Hay equidad de género en las instituciones culturales panameñas?

Los roles usuales ya no son naturales ni necesarios. Muchos hombres hacemos poco trabajo físico, así que nuestros músculos no son una ventaja. Mi abuela decía que el hombre era de la calle y la mujer de casa, quizás porque la calle requería una agresividad corporal. Pero pocos sostenemos luchas cuerpo a cuerpo en estos días. He escuchado a pensadores hablar de una nueva masculinidad, empujada por el feminismo que ha dado pasos agigantados. Coincido con ellos. Sin embargo, noto que hay tantos feminismos como feministas. No estoy de acuerdo con quienes sugieren que la mujer sea hombre. No tiene sentido y sería contraproducente. La idea no es intercambiar lugares sino ampliar la perspectiva. Siempre necesitaremos diferencias, complementos. Esto se refleja en mi obra. Mi obra ofrece puertas para pasar de lo mecánico a la mirada interior. Panamá, como en muchos países, necesita ensayar nuevos caminos.

¿Cómo estas enfrentando estos momentos de crisis por la situación de la pandemia? ¿Crees que la literatura es un ejercicio paliativo? ¿Te servirá de trigo para futuras creaciones?

La Covid-19 ha roto nuestras rutinas. Eso, si se mira bien, tiene un lado positivo. Había demasiada prisa. El virus ha dejado en evidencia que corríamos a toda velocidad. ¿Hacia dónde? Nadie parece recordarlo. Saldremos más sabios de esta crisis si reflexionamos sobre un nuevo camino. En cuanto a lo que hago actualmente, sigo trabajando. También he tomado notas sobre mis sensaciones, hasta las más mínimas. Ellas, sí, deberían ser trigo para futuras obras.

¿Qué te da miedo? ¿Qué es lo que más te enfurece? ¿Cuál, en tu opinión, es la palabra más peligrosa? ¿Cuál es la más esperanzadora?

Me da miedo la indiferencia, la frialdad como un modo de vida. Trato diariamente de mantener despierta mi curiosidad. No creo en pedir cambios a los demás. Si me percato de que hay que cambiar, cambio yo. ¿Lo que más me enfurece? Las personas que tienen poder y lo usan irresponsablemente. La palabra más peligrosa es, definitivamente, Temor. Y la más esperanzadora, Vida.

¿Qué opinas de la literatura cubana? ¿Te gustaría enviarle un mensaje a los escritores y escritoras de la Isla?

Creo que los cubanos se han explorado hondamente y han generado arte interesantísimo. Disfruto mucho la literatura cubana. He leído a muchos de los escritores renombrados y varios de los recientes. Me encanta Nicolás Guillén, Guillermo Cabrera Infante, Alejo Carpentier. El mensaje que les daría a los cubanos es que son un pilar del Caribe.

¿Qué le aconsejarías a los jóvenes escritores? ¿A los jóvenes en sentido general?

Al joven escritor le advertiría sobre las ironías de escribir. Nuestra actividad empieza siendo un gozo privado. El escritor joven narra, poetiza, sin aspirar a ningún premio material. Disfruta de mirarse dentro y no necesita más nada. Entonces, aparecen quienes se sienten responsables de alentar su tarea. Llegan los aplausos. He ahí la ironía: estos aplausos, luces brillantes, tienen la capacidad de encandilar al escritor y alejarlo del corazón de su práctica. Y esta es la advertencia: no debe matarse a la gallina por los huevos de oro. A los jóvenes en general solo les diría esto: hay metas que solo pueden ser alcanzadas con dificultad.