Los rastros de otros días

Los rastros de otros días

Las polémicas sobre El rostro de los días han animado esta época signada por el aislamiento al que obliga la pandemia. Ese ya es un valor social porque ha movido opiniones muy diversas, ha motivado muy diferentes valoraciones, ha propiciado salir del cerco tendido por la Covid-19 para discutir de otros temas visibilizados por la telenovela cubana del momento.

No recuerdo otra producción reciente de este tipo que se haya enfocado en el abandono de un hijo, asunto como se sabe fue el centro de atención de El derecho de nacer de Felix B. Cagñet. Tampoco tengo memoria de que una violación a una menor se haya hecho evidente. Además de esos temas novedosos en nuestros medios comunicacionales, otros de relevancia social como la maternidad convencional y en solitario, las relaciones amorosas en la tercera edad, el machismo, los conflictos de un padre homosexual, los buenos nexos familiares y los tiránicos fueron expuestos.

Los guionistas Ángel Luis Martínez y Sergei Svodoba plasmaron una mirada abarcadora de situaciones y conflictos palpables en la realidad, pero escogieron los recursos tradicionales de la telenovela para estructurar la historia que querían contar como un melodrama donde hay buenos y villanos, las subtramas se estiran o encojen en función de mantener el interés de la audiencia y puede ocurrir lo inaudito como la intervención de los espíritus en la solución de hecho terrenos.

Esos son los procedimientos de las telenovelas brasileñas, colombianas, coreanas y hasta turcas, pero tratándose de una cubana, para una parte de los públicos las exigencias son otras en relación con la veracidad de lo que se narra en comparación con la realidad. Y ese es uno de los desafíos para los hacedores de telenovelas en Cuba a la que se le pide entretener, hacer crítica social pero no tanto que empañe el disfrute porque en esencia se toma este proceder dramatúrgico menos sofisticado como “divertimento”, lo cual es la condición por excelencia para la tele audiencia acrítica.

Poco ha evolucionado la telenovela desde sus lejanos orígenes en los folletines franceses y también los grandes públicos que la consumen en todas partes del mundo, salvo ser más inclusiva con asuntos que puedan interesar  a sectores poblacionales diversos y sus significativos seguidores, sin que esa presunta «modernización» afecte su esencia que es el enfoque epidérmico de los asuntos  que trata aunque sean  muy candentes en la realidad, porque el afán  es «agarrarse» a la necesidad de eludir y profundizar en  ella como forma de distracción.

De un producto de tales orígenes y propósitos no se puede esperar una lógica dramática coherente y mucho menos un reflejo veraz, como pretenden los más exigentes y recuerdan que se logró en Entrega, la anterior propuesta que no fue una telenovela tradicional, pero demostró que se puede conquistar a los públicos con otros recursos expresivos conceptuales y audiovisuales.

La dirección conjunta de Nohemí Cartaya y Felo Ruiz, con la creativa de Violeta López, se propusieron conseguir que El rostro de los días fuera una  propuesta visual grata y lo logra en parte con esas imágenes reveladoras de La Habana, una escenografía y un diseño de vestuario en correspondencia con esa intención, una fotografía acuciosa en la búsqueda de las emociones y la muestra de obras pictóricas de valor artístico, lo cual es muy meritorio como placer estético, pero no logró insertarse coherentemente  en la dramaturgia de cada capítulo, como tampoco las muy buenas canciones escogidas que en ocasiones suplieron con eficacia diálogos fácilmente imaginables, pero como sucedió con las imágenes parecían un alargamiento de los episodios.

De hecho, resultó casi una telenovela musical y eso pudo ser un factor verdaderamente renovador si se hubiera insertado como parte actuante de la dramaturgia, sin que diera sensación de relleno, lo cual sería un buen desafío para próximas producciones.

No obstante, El rostro de los días, con sus atractivos y flaquezas, convincentes actuaciones y temas polémicos satisfizo a muchos y provocó interesantes análisis de los inconformes. Tuvo amplia repercusión, pero también mostró los rastros de otros días que deberían haber caducado, pero persisten como tantas otras cosas que relativizan el progreso a pesar de tantas nuevas tecnologías.