Mario Valdés Navia: El minorismo matancero tiene raíces propias

Mario Valdés Navia: El minorismo matancero tiene raíces propias

El ensayista Mario Valdés Navia⃰  investiga desde hace casi una década el devenir del Grupo Minorista de Matanzas, el cual se desarrolló en esta occidental ciudad cubana entre marzo de 1927 y febrero de 1928. Este movimiento lo conformaron personalidades yumurinas de diversos campos que quisieron prolongar, desde su ciudad, el espíritu renovador que irradiaba en la capital de la Isla el Grupo Minorista «original», el cual, desde una nueva actitud crítica del intelectual ante los acontecimientos nacionales, marcaría de manera profunda a la cultura de nuestro país durante el quinquenio en que se mantuvo activo: de 1923 a 1928.

A diferencia de este «minorismo habanero», encabezado por figuras como Carpentier, Mañach y Emilio Roig, y que ha recibido una gran y merecida atención de la historiografía, el movimiento que el mismo inspiró en la Atenas de Cuba ha sido escasamente estudiado, mencionado más que nada como referencia curiosa, a pesar de que «tiene raíces propias» y «realizó aportes notables, que no se pueden soslayar», tal y como defiende Valdés Navia.

Las tesis de este investigador en dicho sentido las aborda ampliamente en su libro Fernando Lles y el Grupo Minorista de Matanzas, con el que ganara el Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas 2019, en la modalidad de ensayo. Este volumen se halla a punto de entrar a la fase de impresión en los talleres de Ediciones Matanzas, y se prevé que esté muy pronto en manos de los lectores.

Como adelanto y complemento de lo que podremos encontrar en dicho libro, puede considerarse esta entrevista que Mario Valdés Navia concedió, de manera especial, a nuestro sitio web.

¿A qué crees se deba el olvido en el que hasta la fecha había permanecido el quehacer cultural del Grupo Minorista de Matanzas, mencionado más que nada como referencia curiosa?

Estimo que son varios factores concomitantes en este resultado, uno nacional y dos locales. A nivel nacional, ha persistido demasiado una visión despectiva de la llamada República Burguesa ─para darle el nombre más marxista que le otorgara Fernando Martínez, en lugar de pseudorepública, o mediatizada─ que tiende a minimizar los logros de la nación y sus regiones en aquellos años.

Tanto a nivel de país como en los territorios el problema se ha venido resolviendo gradualmente con diferentes proyectos de investigación que han dado lugar a resultados cada vez más profundos y sorprendentes en muchas ocasiones. A nivel local, el carácter casi fugaz del minorismo matancero, que apenas duró un año, parece haberlo hecho perder interés para los historiadores del territorio. Al mismo tiempo su carácter de «réplica» del grupo habanero hizo prevalecer la idea de que era una especie de filial de aquel, cosa que no fue así.

El minorismo matancero tiene raíces propias, tiene sus propias peculiaridades. Aunque debe decirse que sí desarrolló una estrecha y fructífera colaboración con el sector más activo y vanguardista del grupo habanero: con el de la Revista de Avance.  El otro factor local es la manifiesta subestimación de la importancia de la prensa republicana, en particular El Imparcial, como fuente para la investigación histórica y cultural, en particular, la de las instituciones y personalidades.

La existencia de tan pocos acercamientos al tema da relevancia a tus estudios en este sentido. Sé que has tenido que acudir precisamente a una fuente directa de gran importancia como el periódico El imparcial. ¿Cómo es que empezaste a seguir los pasos de los minoristas matanceros?

Yo investigaba a Fernando Lles desde el 2011, y en la época en que dirigí la Biblioteca Provincial Gener y Del Monte, de Matanzas, me interesé por seguir su huella como autor en El Imparcial, periódico que él dirigió y modernizó entre 1912 y 1916, hasta convertirlo en el más importante de esta localidad. Luego continué buscando y me saltó a la cara todo lo relacionado con la aparición e intenso quehacer del Grupo Minorista de Matanzas. Quedé tan asombrado que durante días casi no podía salir del departamento de Fondos Raros y Valiosos haciendo fotos con el celular y fichas bibliográficas.

Ese fue el comienzo. Y no pude parar. Busqué sobre el minorismo y los textos sobre Matanzas y matanceros en los años veinte, así constaté la ausencia casi total de tratamiento de la actividad del Grupo, solo menciones al paso. Sentí que debía responder a la llamada de Lles y los minoristas yumurinos en la medida de mis posibilidades, y hasta ahora he publicado cinco artículos ─dos de ellos obtuvieron el premio al mejor texto histórico-social publicado por la revista Matanzas en los años 2014 («Sociología y economía política en un ensayo inédito de Fernando Lles», en coautoría con Sonia Cuello González) y 2019 («El dilema de la fundación del Grupo Minorista de Matanzas»).

Además, tengo una investigación terminada y aprobada por el Consejo Científico, resultado que ahora se presenta como libro tras obtener el premio Fundación de la Ciudad de Matanzas 2019 en el género de ensayo. No obstante, me quedan tantas interrogantes y material sin publicar. Es un filón lo que hay. Sueño. Creo que hasta podría crearse un grupo de investigación para seguir esta línea, no solo en El Imparcial, sino en otras fuentes matanceras, habaneras y quién sabe si en otras localidades del país y fuera de él.

Dentro de la historiografía cubana ha existido la tendencia a considerar al Grupo Minorista de Matanzas como una simple réplica del original habanero. Tus estudios tratan de demostrar lo contrario…

El minorismo matancero no surgió por un interés de los minoristas de La Habana, sino de un grupo de intelectuales locales que comprendieron el valor y la trascendencia de lo que hacían aquellos jóvenes en la capital, en momentos en que ya el minorismo habanero hacía aguas por todas partes. Estos eran hombres maduros que seguían el novedoso rumbo trazado por los jóvenes; no lo contrario, a lo que estamos mal acostumbrados.

Su carácter de intelectuales formados en los ámbitos del modernismo decimonónico y la cultura regional, tradicionalmente ligada a la de la capital, se plasmó en la obra extraordinaria que efectuaron. En síntesis, pudiera decir que, a diferencia de los originales habaneros, eran hombres mayores, hechos a trabajar en grupos culturales organizados mediante protocolos de trabajo, y que por eso mismo se adelantaron en la redacción y publicación de un manifiesto, publicaron su propia revista ─aunque El Imparcial fuera su vocero oficioso─  y organizaron ciclos de conferencias para el gran público, en los mejores locales de la ciudad y con gran asistencia, donde tocaron temas peliagudos de la actualidad nacional y mundial.

No obstante, colaboraron con los jóvenes avancistas capitalinos en proyectos tan modernos como la Exposición de Arte Nuevo que trajeron a Matanzas y, como aquellos, mantuvieron una actitud opuesta a la tiranía de Machado en momentos en que la represión se cebaba en los intelectuales contestatarios.

¿A qué atribuyes el hecho de que hayan sido precisamente los intelectuales matanceros los que, con tanta fe, con tanta pasión asumiesen el espíritu, las banderas del movimiento minorista?

No fue casual que Matanzas fuera el único lugar de Cuba donde se le dio continuidad a un movimiento cultural al estilo del minorismo habanero. Se sabe que en octubre de 1927 el músico y juez de instrucción Alejandro García Caturla fundó, en Remedios, Las Villas, un pequeño periódico titulado Los minoristas —del que solo apareció un número—, pero no se creó en esa localidad ninguna agrupación intelectual de este corte, no se hizo nada de lo mucho que sí se hizo en Matanzas.

Hay que partir de que hijos e hijas del Yumurí habían estado presentes en el movimiento minorista habanero desde sus inicios. Entre los integrantes originales y firmantes de la citada «Declaración del 27», ocho eran matanceros: José Zacarías Tallet, los hermanos José Agustín y José Manuel Acosta y Bello, la poetisa María Villar Buceta, Alberto Lamar-Schweyer, el periodista Arturo Alfonso Roselló y el cardenense Conrado Walter Massaguer, caricaturista prominente a nivel mundial. A ellos se sumaría el periodista Andrés Núñez Olano, aunque no aparece entre los firmantes del 27.

A este componente matancero del minorismo original se añadía otra premisa favorable: la secular tradición cultural de la Atenas de Cuba, muy ligada desde sus orígenes a cuanto ocurría en la esfera del arte y las letras, tanto en La Habana como en el resto del mundo europeo y americano. Si bien por entonces la Ciudad de los Puentes languidecía en un marasmo cultural que se correspondía con su decadencia económica y el trauma del cambio de época, y ya no gozaba del esplendor de la etapa colonial, sostenía un alto nivel de producción artística y literaria, pues durante las primeras décadas del siglo XX la actividad cultural se mantuvo vigente, a pesar del escaso apoyo gubernamental.

Entre otras manifestaciones, adquirieron prestigio nacional las peñas culturales en el café salón Liceo y las tertulias del Areópago Bohemio, o de los Chocolates. Los líderes de sus actividades fueron Agustín Acosta, Medardo Vitier y Fernando Lles. Se destacaban las actividades de la Sociedad Milanés, la Sociedad de Conferencias, la filial de la Institución Hispanocubana de Cultura, el Club Rotario, el Grupo Espirista Rosendo y las logias masónicas. Las obras de los poetas Bonifacio Byrne y Agustín Acosta sobresalían por entonces a nivel nacional por su acento social y patriótico, marcadamente antiimperialista, que los convirtieron en creadores emblemáticos.

Esa brillantez relativa de la vida intelectual matancera de la época mantenía fuertes lazos con lo que acontecía en la capital mediante vínculos permanentes entre las personalidades de ambos territorios.

¿Podrías comentarnos sobre el protagonismo de Fernando Lles, que aparece encabezando el título de tu libro, y Medardo Vitier en el movimiento minorista matancero?

Lles y Vitier formaron una dupla singular que me recuerda la amistad de mis dos abuelos. Siempre juntos en proyectos culturales y en la vida, unidos por un afecto profundo, respeto y admiración mutua, pero liados periódicamente en controversias intelectuales ante sus puntos de vista diferentes. Ellos fueron las estrellas más brillantes del minorismo matancero, pero también eran de los que más sobresalían entre la intelectualidad cubana de la época, como podrán constatar en el libro cuando vean el modo en que tratan y se refieren a Lles y Vitier, no solo los jóvenes presuntuosos de la Revista de Avance, sino el propio don Fernando Ortiz, todo un líder cultural de la época.

La polémica de Lles y Vitier sobre el papel del individuo en el socialismo, surgida del primer ciclo de conferencias del grupo minorista, la traté en extenso en un artículo anterior. Pero debo subrayar que ellos no eran las únicas estrellas de la agrupación, formado por una verdadera constelación, como Diego Vicente Tejera y García, Arturo Echemendía, José Russinyol, Prudencio Baceló, José María Ripoll, José Nodarse y otros que esperan por acercamientos biográficos que los rescaten para los lectores contemporáneos del olvido inmerecido.

¿Podrías comentarnos en concreto sobre algunas de las iniciativas culturales que llevaron a cabo los minoristas matanceros y cómo fueron acogidas por la sociedad en aquellos tiempos?

Entre otras: acto de constitución oficial a teatro lleno; elaboración y publicación de su propio manifiesto, de profundo contenido ideológico progresista, antes que el del grupo minorista de La Habana; impartición de dos ciclos ─llamados series─ de conferencias sobre temas de actualidad mundial y nacional; presentación en Matanzas de la Exposición de Arte Nuevo de La Habana, primera de los artistas cubanos de vanguardia; curso de psicología social del Dr. Baceló y participación pública como grupo en debates políticos del país, como la excarcelación del escritor Montenegro.

En el libro se expone su obra en extenso, a través de varios apartados dedicados al empleo que hicieron los minoristas matanceros del poder de la palabra oral, la imagen y la lectura. Todas sus actividades gozaron de amplia aceptación popular, especialmente entre estudiantes, maestros, obreros, intelectuales y mujeres que eran especialmente invitados.

Este estudio sobre el minorismo matancero se articula con un quehacer que vienes desarrollando en torno a los estudios regionales…

Los estudios regionales son imprescindibles para comprender e interpretar la historia nacional. Desgraciadamente, a veces pasan por nacionales estudios propios de la región habanera. Lo cierto es que ─con perdón de los granmenses como tú, querido amigo manzanillero─ en Cuba no tenemos, a mi juicio, una región histórica que sea cuna exclusiva de la nacionalidad cubana: todas poseen crucial importancia. Somos los historiadores e investigadores de la cultura en sentido general los responsables de colocar en el lugar que les corresponde a las diferentes regiones en el caudaloso río de la historia cultural cubana. Si este aporte sobre Lles y el minorismo matancero llega a contribuir al rescate y promoción de la matanceridad, e impulsa a otros a desbrozar caminos de este tipo, me sentiré complacido.

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⃰⃰ El ensayista, investigador y profesor Mario Valdés Navia, nacido en Sancti Spíritus en 1961 y residente en la ciudad de Matanzas desde hace varios años, se desempeña en la actualidad como investigador titular del equipo de historia del Centro de Estudios Martianos. Es autor del volumen de ensayos El manto del rey. Aproximaciones culturales a la economía cubana (Ediciones Matanzas, 2019). También de ese género literario es su libro José Martí y la subversión de la historia, que la Editorial del Centro de Estudios Martianos prevé presentar próximamente. Sobre la obra martiana y la historia y el patrimonio de las regiones de Sancti Spíritus y Matanzas, ha dado a conocer textos en casi una decena de compilaciones publicadas en Cuba y en el extranjero. Es ganador de
Premio y Mención de Honor (2017 y 2015 y  respectivamente) en el concurso de ensayos de la revista Temas.