Marta Jiménez Oropesa en mi memoria poética

Marta Jiménez Oropesa en mi memoria poética

  • Foto: Granma
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Honrar a los muertos, es vigorizar a los vivos

José Martí

El Sitio Web de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), me ha honrado con una petición que me enaltece, no solo desde el punto de vista estrictamente profesional, sino también afectivo-espiritual: evocar la presencia de la primerísima actriz Marta Jiménez Oropesa (1919-2015), Premio Nacional de Radio y Premio Nacional del Humor, en Alegrías de sobremesa (1965-2018), donde le prestara piel y alma al inolvidable personaje de Rita, así como en otros espacios de la parrilla de programación de Radio Progreso, la Onda de la Alegría, al igual que en otros medios masivos de comunicación, donde es recordada con afecto, cariño y respeto.

Conocí a la carismática artista habanera y cubana ciento por ciento, en el mes de mayo de 1974, cuando llegué a residir en la carpenteriana Ciudad de las Columnas, y una de las primeras cosas que hice fue ir a disfrutar in vivo y directo la música cubana, la auténtica, la verdadera, interpretada magistralmente por la emblemática Orquesta Aragón, en el espacio humorístico-musical que consagró para siempre a Marta-Rita, en la memoria poética de la radioaudiencia insular y foránea.

En ese contexto escénico, la vi actuar por primera vez en una pincelada humorística salida de la fecunda inspiración del laureado escritor Alberto Luberta Noy (1930-2016), Premio Nacional de Radio y Premio Nacional del Humor.

Desde la vertiente personográfica, se podría caracterizar a Marta como una persona sencilla, humilde (en esas cualidades caracterogénicas se percibía su grandeza como actriz y como mujer, única e irrepetible), cuya misión fundamental en la tierra era servirle al otro o no yo, contagiarlo con la energía positiva que irradiaba hacia el universo, transmitirles —sin esperar nada a cambio— sus vastos conocimientos relacionados con el arte y la técnica de la actuación y la dirección a muchos actores y directores de programas, que hoy gozan de bien ganado prestigio en el campo de las artes escénicas tropicales y de mucho más allá de las fronteras geográficas insulares, así como en los medios radiofónico y audiovisual.

El trato que Marta les dispensaba a los compañeros de trabajo era cariñoso, jovial, afable; muy receptiva, sobre todo con los jóvenes actores que se acercaban a ella para nutrirse de la sabiduría, adquirida no solo en el ámbito artístico-profesional, sino también en las alegrías y tristezas, en los días claros y las noches oscuras, en los momentos dulces y amargos, que signaran su existencia terrenal hasta que siguió viaje hacia las estrellas… desde donde nos ilumina.   

La última vez que vi con vida a la también Artista Emérita del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) fue en un sentido homenaje que se le tributara en la sala Villena de la UNEAC (de la cual era Miembro Emérito), y que fui a cubrir para el Sitio Web de nuestra cincuentenaria organización.

En aquella ocasión, pude saludarla y conversar con Marta acerca de su precario estado de salud y de lo mucho que extrañábamos a Rita en Alegrías de sobremesa (por disímiles razones, ya había dejado de interactuar con los demás artistas que continuaban trabajando en la Emisora de la Familia Cubana, y con los radioyentes nacionales y extranjeros de dicho espacio).    

Ese es el recuerdo imborrable que registra mi archivo mnémico acerca de Marta Jiménez Oropesa, quien nació en la barriada habanera de La Víbora, municipio de 10 de Octubre, en la Ciudad Maravilla, que la vio crecer y consolidarse —por derecho propio— como artista integral y excelente ser humano.