Mujer con flores en la cabeza

Mujer con flores en la cabeza

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Escénicos, Santiago de Cuba
  • La locura y la burocracia articulan la obra Mujer con flores en la cabeza del grupo teatral santiaguero A dos manos. Fotos: Ernesto Herrera Pelegrino
    La locura y la burocracia articulan la obra Mujer con flores en la cabeza del grupo teatral santiaguero A dos manos. Fotos: Ernesto Herrera Pelegrino
  • La locura y la burocracia articulan la obra Mujer con flores en la cabeza del grupo teatral santiaguero A dos manos. Fotos: Ernesto Herrera Pelegrino
    La locura y la burocracia articulan la obra Mujer con flores en la cabeza del grupo teatral santiaguero A dos manos. Fotos: Ernesto Herrera Pelegrino

En su Elogio de la locura el holandés Erasmo de Rotterdam (1466–1536) escribió: “La sabiduría inoportuna es una locura, del mismo modo que es imprudente la prudencia mal entendida”.

Al darle voz a la locura, Erasmo convierte su obra en una especie de sátira moral mediante la cual ataca todo lo que considera incorrecto, argumentando que la locura es una suerte de castigo para quienes creen saber. Cuestión similar hicieron muchos escritores y artistas del Renacimiento (y tantos otros en siglos posteriores) al idear personajes ficticios domados por la locura y el desvarío, mediante los cuales expresaban sin cortapisas sus ideas y cuestionamientos.

En temas similares –la locura, la verdad, la sociedad, la burocracia– articula sus presupuestos la obra Mujer con flores en la cabeza, del grupo teatral santiaguero A dos manos, bajo la dirección general de Dagoberto Gaínza Pérez y puesta en escena y dirección artística de Nancy Campos Neira. Con texto del dramaturgo Carlos Leyva Bonaga y el auspicio del Consejo Provincial de las Artes Escénicas en Santiago de Cuba, la obra fue presentada en la Sala Alberto Dávalos del Complejo Teatral Eddy Suñol de Holguín.

El texto de Bonagas y la puesta de A dos manos subrayan dos entes importantes: la burocracia y la locura como conceptos centrales y arquetípicos de la obra: “He aquí dos matrices que marcan a una mujer que emerge desde un basural y que en un acto de confesión nos lleva de la mano por su historia de vida como ciudadana ejemplar y portadora de paradigmas o arquetipos que le dan cuerpo y energía para vivir. Pero a veces los caminos se cierran, se bifurcan y no nos llevan a Roma. Dígase Paranoia. Demencia. Esquizofrenia. Enajenación. Monomanía. Chifladura. Resulta difícil salir del laberinto y las trampas que supone la burocracia”, leemos en las palabras que acompañan al programa de la puesta.

¿Entonces la locura llega a ser un producto de la burocracia? ¿Un resultado de las elucubraciones y estados límites asociados a ella? ¿O más bien de la sociedad? ¿La burocracia cómo causante del oportunismo, la doble moral…?

Con una puesta que ronda el minimalismo teatral –y con influencia de cierta elementalidad del teatro caribeño que llega a Santiago de Cuba por su pertenencia geográfica y espiritual al Caribe– Mujer con flores en la cabeza es un monólogo interpretado magistralmente por una Arisleidis Reyes Leyva que se adentra en la belleza de lo aparentemente grotesco –la ropa creada a partir de restos de periódicos, la propia imagen deteriorada, gastada, de la actriz– mediante lúcidas metáforas que abordan las relaciones sociales y los procesos de escala laboral en la Cuba contemporánea. Observen la lucidez desde la lucidez de la locura, parece decirnos Arisleidis como si en la puesta solo valiera su fuerza interpretativa y otras tantas fuerzas que ella, solo ella, parece trasmitirnos convincentemente: “El delirio de una trayectoria, de una aparente objetividad, que se intenta escribir en un libro [Los sobrepesos en Cuba] que solo existe en la sagrada fiebre de la imaginación que es la locura”.

Escrita inicialmente para ser protagonizada por un hombre, en la obra Arisleidis Reyes asume el papel de una mujer honesta y trabajadora como puede serlo cualquiera, que se ve trasformada por la burocracia y el oportunismo asociado a su contexto, esa burocracia y ese oportunismo que nos asola a todos en cualquier ámbito social. Una mujer que, además, pasa por diferentes puestos laborales que le aportan distintos beneficios y que, luego de descender drásticamente, acaba asolada por la locura más terrible y al mismo tiempo más lúcida. Desequilibrio, razón, mito, culpa, miedo, enajenación, inopia, verdad, grandeza, repudio, paranoia, ilusión, engaño, esquizofrenia, sumisión, deber, frustración… como tensores del subconsciente y la realidad del personaje y la puesta en escena de Dagoberto Gaínza, nominado este año al Premio Nacional de Teatro, y Nancy Campos, miembros ambos del mítico Conjunto Dramático de Oriente, posteriormente Cabildo Teatral Santiago y fundadores del también legendario Grupo Calibán Teatro en 1986, devenido A dos manos en 2002.

Realidad y verdad que solo son posibles de ver a través de la mirada humana, pero no de aquella dominada por la soberbia y el poder, sino de la del hombre común y corriente –un simple bacalao sin pensamientos profundos, como dice el personaje en piel de Arisleidis Reyes– que disfruta de las cosas mundanas, objetivas y palpables en la cotidianidad, y que reacciona casi espontáneamente a los estímulos del medio social en el que habita.

“La razón, para ser razonable, debe verse a sí misma con los ojos de una locura irónica”, nos recuerda nuevamente Erasmo de Rotterdam. Mujer con flores en la cabeza es una obra bien resuelta con un acertado nivel de ironía y perspicacia sobre la realidad social del cubano contemporáneo. Una obra en donde la música del matancero Tony Ávila se ajusta al engranaje de la puesta y que nos deja, además, cuestionándonos sobre los males de la burocracia y su inobjetable relación con los múltiples matices de la locura humana.