Mujeres patrimoniales del Camagüey II

Mujeres patrimoniales del Camagüey II

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Escritores, Camagüey, historia de Cuba
  • El Sitio Web de la UNEAC felicita a las mujeres cubanas en la víspera de su día, 8 de Marzo.
    El Sitio Web de la UNEAC felicita a las mujeres cubanas en la víspera de su día, 8 de Marzo.

Mujeres patrimoniales de Camagüey I

“¡Fáciles son los héroes con tales mujeres!”, expresó Martí con razón comentando las actitudes de las mujeres que no eran dulces damas inteligentes, sino criaturas de gran entereza y coraje frente a las adversidades de la vida que supieron continuar dignamente sus existencias y algunas como Aurelia del Castillo, no solo sobrevivieron con decoro, sino que hicieron una obra cultural importante manteniendo la memoria de los tiempos gloriosos y difíciles que les tocaron vivir.

El 6 de mayo de 1870, Aurelia protagonizó un matrimonio escandaloso al casarse con el Comandante del Ejército español José Francisco González en momentos en que se libraba la guerra por la independencia de España. Sin embargo, el amor de Aurelia quedó justificado cuando su esposo protestó por el fusilamiento del patriota Antonio L. Luaces, a causa de cuya actitud fue deportado a España junto con su esposa.

Aurelia del Castillo

Como tantas otras mujeres de Camagüey, Aurelia sufre el exilio. Regresa cuando termina la Guerra de los Diez Años. Justo en 1895 queda viuda y ese primer fascista, creador de campos de concentración que fue Valeriano Weyler la expulsó del país. Regresa en 1898 y expresa el impacto que la devastación de su tierra con un poema de gran significación sentimental y patriótica.

Ruinas

Ruinas de mi hogar querido
¡en que tristezas os contemplo!
donde estáis estuvo el templo
de mi amor y mi ventura.
Escombros de mi ventura
Que dais de la muerte el miedo
De mi patria sos remedo
¡Cuba es hoy inmensa ruina!
Más divina
por fin despliegas al aire
la libre enseña de Baire.

Aurelia despliega una intensa actividad periodística y literaria, y sobre todo esta redunda en un interesante trabajo de solidaridad entre las mujeres escritoras, pues se empeña en escribir sobre la obra de sus contemporáneas. Ya desde 1878, en su artículo “La mujer cubana”, muestra interesantes ideas contra las diferencias sociales y la esclavitud. Señala entonces el contraste entre amo y esclavo particularmente nefasto para la mujer porque son las peores condiciones para formar su sentido moral.

En otro artículo, “Esperemos” de 1895, se refiere claramente a una realidad que no ha sido trascendida en nuestros días: La mujer siempre está entre las muchedumbres, nunca entre las altas dignidades. Cuando publica en 1915 “La mujer camagüeyana” propone un monumento que glorifique a la heroica, a la abnegada, a la patriótica mujer cubana y en 1918 señala como error fundamental de la educación: “formar hombres sin formar al mismo tiempo y aun antes, mujeres”. Tal ha sido el absurdo.

Fue de las primeras biógrafas de La Avellaneda, a quien dedicó poemas y homenajes como a otras mujeres que consideraba valiosas, entre las que se encuentran Evagelina Cossio, Ana Betancourt, Carmen Bazán, Dulce María Borrero, Emilia Bernal de Labrada, Mercedes Matamoros y Nieves Xenes. Este es uno de los aspectos más importantes de la labor de Aurelia del Castillo, su vindicación de hacer visible los esfuerzos de innumerables mujeres por ser reconocidas como seres actuantes y pensantes, además de poner en práctica una actitud solidaria entre mujeres creadoras, poco común en nuestros días, porque entre los grandes dramas femeninos está la falta de una verdadera unión para alcanzar lo que les corresponde; mientras a lo largo de la historia humana la competencia que impone conseguir los favores del varón ha menoscabado muchos intentos valiosos.

Domitila García de Coronado

De esta cubana prácticamente no se habla, se esforzó en similares empeño. Domitila, intenta dar continuidad de alguna manera al Álbum cubano de lo bueno y lo bello que fundó Gertrudis Gómez de Avellaneda en 1860. Desde 1868 prepara su Álbum poético y fotográfico de escritoras y poetisas cubanas. Le escribe a La Avellaneda sobre su intención y esta le responde desde Sevilla el 14 de enero de 1868, agradeciéndole que lo dedicará a ella, animándola en el empeño. Publicación que se publicará tiempo después en 1998 por la Editorial Letras Cubanas en el Álbum de poetisas cubanas.

Domitila García funda la publicación El céfiro en Camagüey, en 1886, con la colaboración de la poetisa Sofía Estévez Valdés. Desarrolla una prosifica labor periodística en El eco de Cuba, Correo de las damas, La crónica habanera. Su matrimonio con Nicolás Coronado y Piloña no le impide continuar su intenso quehacer. Con él funda el colegio Nuestra señora de los Ángeles y crea la primera Academia de tipógrafas y encuadernadoras en Cuba. Escribe numerosas obras: Método de lectura, Los cementerios de La Habana, Consejos y consuelos de una madre a su hija y el Álbum de escritoras y poetisas que se puede encontrar en los archivos de la biblioteca provincial de Camagüey.

En ese Álbum aparecen mujeres que gracias a Domitila quedarán registradas para la historia, tuvieron su pedacito de trascendencia, que no es lo mismo que ser famosas, condición que depende de diversos factores que van desde ser la compañera de un hombre trascendente hasta la suerte de encontrar medios par difundir la obra, personas interesadas en valorar lo realizado y circunstancias apócales, elementos todos en los cuales las mujeres han tenido desventajas hasta el día de hoy.

El Álbum de Domitila recoge para la posteridad el quehacer de Isabel Velasco y Cisneros, Brígida Agüero y Agüero, Concepción Agüero y Agüero, Emelina Peyrellade, Angelina Agramonte de Primelles, Pamela Fernández de Laude, Marta Pierro de Poo, Isabel Velasco y Cisneros, Agüeda de Cisneros Betancourt, Emilia Bernal Agüero y Maria Eloisa Agüero de Osorio, cantante para la que José Marti tuvo elogios. Claro está que la más significativa, la gran diva entre esas trascendentes desconocidas es Gertrudis Gómez de Avellaneda, personaje polémico hasta nuestros días para quienes piden una integralidad a los seres humanos que es muy difícil de corresponder, sobre todo cuando la vara para medir es prioritariamente la actitud política.

Gertrudis Gómez de Avellaneda

No fue una insurgente contra España. Era ya una carga bastante pesada de llevar su genio creador siendo mujer. Fue mucho el esfuerzo para hacerlo valer en la metrópolis. No tuvo el desprendimiento o le faltó el valor que empleó a fondo para no casarse con el designado de su familia, tener una hija fuera de matrimonio y pronunciarse abiertamente desde muy joven contra esa esclavitud enmascarada a la que han estado sometidas las mujeres a lo largo de la historia de la especie. Pero fue patriota, porque amó a Cuba y una libertaria confesa con principios tan elevados como no reconocer otra aristocracia que el talento. Como las criaturas inmensas tuvo grandes virtudes y grandes defectos y enormes contradicciones que la laceraron siempre y que no fueron comprendidas ni por hombre tan cabal como José Martí que no disfrutaba de su elocuencia, ni de su pasión, negando que de la pasión sale la poesía porque él era más apegado a la proverbial dulzura femenina de los sentimientos que celebró en la lírica de Luisa Pérez de Zambrana.

Quizás esa fue una de las causas de sus desentendimientos con otra camagüeyana ilustre por haber sido su esposa y madre de su hijo: Carmen Zayas Bazán, quien merece una investigación más a fondo que simplemente encasillarla en la traidora esposa incomprensiva del sin duda maravilloso ser que fue Martí. ¿Por qué la escogió él? ¿Fue solo por su proverbial belleza y donaire, tan señero en las camagüeyanas de la época? ¿Por qué la fascinación reciproca inicial se convirtió en doloroso desencuentro? ¿Sería por sus afanes patrióticos y su pobreza que ella no lo comprendió? Habrá que estudiar que pasó con este hombre genial, adorador de las mujeres y adorado por ellas, que cuando llega casado con Carmen a Guatemala, María Granados muere de amor, según el propio Martí. Y después de contradicciones varias, cuando Carmen decide reunírsele en Nueva York se encuentra con Carmen Miyares de Mantilla, con la cual Martì tiene una hija.

Carmen Zayas Bazán

Y que pasó con esta señora, Carmen Zayas Bazán, de familia rica, que lo eligió entre todos como esposo, sabiendo quién era, cómo pensaba. Está claro que no es una de esas camagüeyanas patriotas, pero quizás Martí, como tantos otros hombres revolucionarios, se permitió libertades amorosas que la orgullosa Carmen no podía tolerar justo cuando por ser la esposa de él, estaba condenada a una vida de penurias y sobresaltos para la cual no había sido preparada. Pero es muy curiosa la actitud de esta mujer que reclama el cadáver de Martí cuando el muere en Dos Ríos y no impide, a pesar de las concepciones retrógradas de ella y su familia, que su hijo, Ismaelillo se incorpore al Ejército Libertador.

Queda mucho por investigar sobre estas y otras mujeres condenadas al silencio y al olvido porque se ocupa en exceso tiempo y espacio para glorificar las glorias masculinas. Por eso también se conocen poco, de tiempos mas acá, a mujeres como Felicita Ortiz Córdova, mulata humilde, maestra comunista, entregada a la lucha contra Machado, cercana a Blas Roca en el empeño de dotar a la clase obrera de conocimientos, compañera del líder azucarero Jesús Menéndez en su ultimo viaje. O como Gilda Zaldivar Freyre, camagüeyana que fue la primera cubana en bailar ballet clásico en Europa. O como Vicentina de la Torre, fundadora del Ballet en Camagüey. O Candita Batista, artista destacadísima, reverenciada como Vicentina en el terruño pero poco visible en el plano nacional, porque vivir en provincias es todavía un handicap más grave para las mujeres, incluso si como Marta Jiménez tiene un premio internacional Unesco como ceramista.

Si investigáramos, sin profundizáramos, nos quedaríamos sorprendidos y sorprendidas de la cantidad de mujeres en Camagüey, en Cuba, en todo el planeta, con aportes sustanciales a la cultura de la especie humana. Recordarlas, hacerlas visibles es el primer compromiso con lo trascendente femenino escamoteado en la historia de la humanidad. Es oportuno recordarlo en este nuevo cumpleaños del Camagüey.