Nancy Morejón en “De noviembre a noviembre”

Nancy Morejón en “De noviembre a noviembre”

  • Nancy Morejón, Foto tomada de Internet
    Nancy Morejón, Foto tomada de Internet

Al encuentro poético “La ciudad teñida de esperanza”, con Nancy Morejón en ocasión de su aniversario 75, estuvo dedicado el espacio “De noviembre a noviembre, la jubilosa Habana” en la Librería Fayad Jamís (Obispo No. 261 entre Cuba y Aguiar), del Centro Histórico.
Conducido por el periodista, promotor cultural y crítico Fernando Rodríguez Sosa, la invitada comentó sobre diferentes aspectos de su quehacer literario y desempeño profesional, desde sus inicios en el campo de la poesía emborronando cuartillas desde niña” bajo la influencia de una familia que la apoyó en el camino de la instrucción, hasta ver su primer libro publicado a los 17 años (Mutismos. Ediciones El Puente, La Habana, 1962). En ese sentido confesó siempre haber tenido una mayor inclinación por las humanidades, identificación que se incentivó a partir del estudio de La Odisea de Homero, que a su vez fue un punto de inflexión importante en su acercamiento a la poesía.
Licenciada en Lengua y Literatura Francesas por la Universidad de La Habana en 1966 con una tesis sobre el poeta martiniqueño Aimée Cesaire, se vinculó desde muy temprano a las actividades organizadas por la entonces Brigada Hermanos Saíz y sobre todo al trabajo de la UNEAC, así como también colaboró con la Casa de las Américas en la publicación de títulos como la Valoración Múltiple de Nicolás Guillén, realizada como un homenaje por su 70 cumpleaños, a sugerencia de Roberto Fernández Retamar y Mario Benedetti, así como también realizó en esa institución disímiles trabajos de traducción simultánea. También recordó su desempeño investigativo durante los años 60 relacionado con el estudio de las historias locales en la antigua provincia de Oriente (Sagua de Tánamo), que a su vez le hizo adentrarse en un contexto muy relacionado con el Caribe, y en ese sentido mencionó la importancia que tuvo para ella la existencia de un libro como Biografía de un cimarrón de Miguel Barnet, como referente de su labor en ese campo.
Sobre su trabajo de animación cultural la invitada comentó que esa labor la ha enriquecido en su saber, partiendo del principio de que uno debe agradecer el conocimiento recibido y “reverenciarlo venga de donde venga”. Consideró también que la época actual no permite el aislamiento del intelectual en una suerte de “torre de marfil”, sino que el mismo debe estar constantemente conectado a una realidad cambiante según las modalidades y especificidades en que realiza su quehacer.
Seguidamente, respondiendo a las interrogantes relacionadas con el hecho de que un poeta pueda también desarrollarse como narrador y si la poesía es oficio o inspiración, Nancy confesó que su fuerte no es precisamente la narrativa (“el narrador es el narrador. No puede pasarse mucho tiempo sin escribir”) y que en realidad la poesía es “algo distinto” donde ciertamente coinciden inspiración y oficio. Por otra parte, al comentar sobre la influencia que ejerce La Habana como tema en buena parte de su obra poética, expresó que se trata de un reflejo consciente o inconsciente, una suerte de estado natural relacionado con su identidad porque no se trata de cualquier espacio, sino de la ciudad donde nació y a la que siempre se recurre frente a los retos de diversa índole que se afrontan no solo en el desempeño como intelectual sino también ante la vida.
Hacia los finales de la conversación, la poetisa leyó algunos de sus textos dedicados a la capital cubana escritos en la década del 60, a propósito de los 500 años de su fundación. A su vez, se presentó el libro La poética Habana. Cien poemas, de Ángel Augier, publicado por la Colección Sur Editores del Festival Internacional de Poesía de La Habana –en que aparecen poemas de Nancy Morejón— y actuó el cuarteto de cuerdas Síncopa, dirigido por Ana Karla Recio.