Never Ever Neverland

Never Ever Neverland

Etiquetas: 
cine, Radio y Televisión, Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, Operación Peter Pan, Fidel Castro Ruz, Cuba, E.E.UU
  • Producto de esta vergonzosa operación 14 000 niños y adolescentes cubanos fueron apartados de sus familias.
    Producto de esta vergonzosa operación 14 000 niños y adolescentes cubanos fueron apartados de sus familias.

El documental Never Ever Neverland, de la realizadora cubana Marina Ochoa y colaboradores, fue incluido en la cartelera dominical del 37 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Dicho audiovisual recoge valiosos testimonios ofrecidos por niños que, en la primera década de los años sesenta de la pasada centuria, fueron llevados fuera de nuestro archipiélago, así como las valoraciones realizadas por relevantes personalidades cubanas, quienes —desde una óptica eminentemente objetivo-subjetiva— expusieron sus respectivos puntos de vista acerca de la triste Operación Peter Pan.

Con apoyo en imágenes de archivo y recientes, en los irrefutables elementos de juicio aportados por los testimoniantes, y en una factura estético-artística de elevado vuelo poético, Marina Ochoa y los integrantes de su equipo de trabajo, rasgan los siete velos que cubrieran esa criminal declaración de guerra psicológica contra Cuba.

En secuencias fílmicas, signadas por su elocuencia, el público puede apreciar cómo esa agresión deshumanizada dejó sin familia, sin nacionalidad, sin identidad cultural, sin asidero ético, sin vida espiritual, a 14 000 niños y adolescentes cubanos, que fueron enviados a Estados Unidos y a otros países del orbe, para “salvarlos” de los efectos negativos de una supuesta ley que el Gobierno Revolucionario que jamás concibió y mucho menos dictó: la tenebrosa Ley de la Patria Potestad.

El documental registra la intervención del comandante Fidel Castro Ruz, entonces primer ministro del gobierno Revolucionario, en la que le explica al pueblo por qué se decidió la expulsión de los sacerdotes cubanos y españoles, quienes —abierta o subrepticiamente— alentaron la Operación Peter Pan, y en consecuencia, le ofrecieron todo tipo de colaboración para que alcanzara los mezquinos objetivos que pretendía perseguir.

La inexistente Ley de la Patria Potestad que, por esas crueles ironías de la historia, violaron flagrantemente quienes, en contra de las más elementales razones jurídicas y humanas, mantuvieron secuestrado en el “paraíso virtual” de la libertad, la democracia y los derechos humanos al niño náufrago cubano Elián González, un nuevo Peter Pan de finales del siglo XX.

Por último, no me asiste la más mínima duda de que esa joya de la documentalística insular contemporánea debe ser vista y analizada, en sus más mínimos detalles, por los cubanos de buena sangre y buen corazón, para que conozcan a los victimarios y a las víctimas inocentes de esa cruenta guerra psicológica, desatada contra nuestro pueblo en los primeros años del triunfo Revolucionario, así como a los instigadores de ese crimen de lesa humanidad para que se avergüencen de lo que —sin escrúpulo alguno— llevaran a cabo en nombre de la democracia, la (falsa) religión y los derechos humanos.