NICOLÁS, EVOCACIONES DE MIGUEL BARNET

NICOLÁS, EVOCACIONES DE MIGUEL BARNET

«De Nicolás puedo hablar largamente, –confiesa, baja la mirada, evoca recuerdos y lo imagino escudriñando en ese archivo mental tan basto que posee– tuve una relación amistosa de mucho tiempo con él, trabajé a su lado por más de veinte años en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y tengo recuerdos muy diversos de su personalidad, de su obra».

Varios estantes de libros adornan la sala de su casa, en cada objeto se esconden historias, anécdotas contadas en silencio se escurren entre los muebles y Miguel Barnet las atrapa, les da forma desde la comodidad de su sillón preferido.

Nicolás Guillén posee un espacio especial en su memoria, lo confiesa entre ideas.

«Recuerdo cuando yo estudiaba en la escuela de publicidad antes de la Revolución, que se hablaba de Nicolás Guillén mucho, los profesores cultos que había allí conversaban sobre su poesía.

«Yo tenía gran curiosidad sobre él, y cuando triunfa la Revolución, tuve la suerte de conocer a Nicolás en el Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas Cubanos, allí me di cuenta que tenía una personalidad subyugante, y evidentemente ya sabíamos que después del Congreso sería la persona elegida para presidir la UNEAC, porque era el escritor junto a Alejo Carpentier que más convocatoria internacional tenía, poseía un nombre sobre todo en América Latina, había publicado su obra en España, en Argentina, en México.

«Nicolás tenía unas características muy peculiares.

«Él era un niño grande, se ponía unos zapatos nuevos que le regalaban y nos llamaba principalmente a Nancy Morejón y a mí a decirnos: ¡Mira, mira, zapatos nuevos! Sara su secretaria, quien cuidó de su persona y su obra durante muchos años siempre nos señalaba, Nicolás ahora les va a mostrar un tractor, o un tanque, cosas que le regalaban, porque tenía esa mentalidad maravillosa, ese espíritu de niño grande».

La cultura tiene la marca imborrable de Nicolás, ¿pero qué huellas del poeta, del hombre, ha quedado sus amigos?

«Todo el trato que tuve con Nicolás es una cosa imborrable, el que lo conoció ha quedado marcado para siempre por su personalidad, tan cordial, tan sencilla, tan popular», afirma Barnet.

«Tenía muchísimas amistades que lo visitaban en su oficina, gracias a lo cual yo conocí a muchas personas como Enrique de la Oz, Regino Pedroso, José Luciano Franco, y ya al final de su vida recuerdo con mucho cariño la amistad tan bella que tenía con Eliseo Diego.

«Uno de sus grandes exégetas, fue Roberto Fernández Retamar, quien fue el primer Secretario de Organización que tuvo la UNEAC, nombrado por Nicolás; estuvo también muy cerca de él su biógrafo, Ángel Augier, así como Mirtha Aguirre a quien recuerdo en la oficina de Nicolás en conversaciones inolvidables, esas huellas son indelebles.

«En fin, yo recuerdo muchas cosas de Nicolás, sobre todo sus conversaciones, no te creas que Nicolás era fácil, si algún poeta por muchos premios que tuviera no le gustaba decía… bueno, lo que se merecía ese poeta» –así atestigua Miguel Barnet, esbozando una sonrisa pícara de complicidad.

La Cuba de Nicolás Guillén, multicultural, polícroma, antiimperialista, se vio traducida en ese canto de rebeldía y esperanza que hoy constituye su legado, ¿las fronteras de su importancia se circunscriben a Cuba?

«Primero de su obra pienso que junto a Cesar Vallejo y Pablo Neruda constituyen la tríada de los grandes poetas de América Latina» —Barnet no tiene ni que pensar en su respuesta, la sabe y dispara cada idea con golpe certero.

«Nicolás tiene una obra inmensa, vastísima, y muy diversa en estilo y también en temática. Siempre se habla de Motivos de son, del Son entero, de cómo se inspiró en los sones populares, y se habla con razón porque eso renovó completamente la lengua castellana e introdujo una nueva forma literaria, el son en la poesía.

«Lo hizo magistralmente, sin prejuicios, desembarazadamente, siendo un hombre negro el asumió la cultura popular, la cultura de origen africana a plenitud y eso rompió muchos esquemas.

«Su obra es grande, inmensa y quedará como una obra mayor, porque se ha convertido en un clásico; es una pena que no haya recibido en vida los premios que el merecía, bueno el premio mayor es que el pueblo lo llamó Poeta Nacional, pero el merecía el premio Cervantes, el premio Nobel, por razones absurdas, no se los dieron.

«Tuvo siempre una posición de apoyo a la Revolución Cubana, fui testigo de las relaciones amistosas con Fidel, con Raúl, recuerdo un tanquecito (de guerra) que le regaló Raúl y el siempre enseñaba a los amigos, lo tenía como un trofeo, como un talismán.

 «No fue un poeta del Caribe, fue un poeta universal que focalizó parte de su obra en el Caribe, o sea tuvo una visión ecuménica, una visión geopolítica y en ese sentido Nicolás creció para convertirse en el Poeta Nacional, que no hay una ley, no hay un decreto, pero el pueblo lo nombró así, el Poeta Nacional».

Nicolás Guillén supo aunar lo culto y lo popular, la base de la más auténtica e integradora cultura; trascendió su época y latitud ubicándose en las raíces de la autoctonía cubana, cada uno de sus escritos, desbordantes de contenido humano y de una frescura rítmica inimitable, lo sitúan entre los más grandes poetas de la lengua española.