No quiero ocultar nada de mi vida (I)

JORGE AMADO

No quiero ocultar nada de mi vida (I)

  • Las novelas de brasileño Jorge Amado han sido publicadas en cuarenta y ocho países, traducidas a cincuenta y cuatro idiomas entre ellos el mongol, el yiddish y el albanés

A propósito de la entrega de la Medalla Jorge Amado al poeta, narrador, ensayista y etnólogo Miguel Barnet por la Unión Brasileña de Escritores, este sitio comparte la entrevista que le hiciera Ciro Bianchi  —Premio Nacional de Periodismo José Martí— a Amado y su esposa Zelia Gattai en el año 1987...

Estaba en una situación económica difícil; había publicado varias novelas, pero carecía de dinero hasta para la leche. Necesitaba plata, urgente, y entonces un editor me dijo: si me das una novela, te la publico. ¿Y me la pagas? Respondió que sí y yo dije: trato hecho. Escribí Mar morto en quince días.

            “Hay una etapa de la vida del hombre que se llama juventud. Dura un corto tiempo que hay que saber aprovechar. Hay gente que viene y me dice: usted, con setenta y cinco años es joven aún; y yo me digo que eso no pasa de ser una frase huera, una mentira porque el desinterés, la generosidad, el entusiasmo de la juventud se terminan con ella para dar paso al conocimiento, la reflexión, la experiencia, la madurez. Cierto que un hombre tiene que saber vivir cada una de sus etapas, pero nada es igual a la fuerza y al ímpetu de los jóvenes.

            “Yo podía entonces escribir durante toda la noche. Me sentaba ante la máquina a las nueve y no me detenía hasta la mañana siguiente. Pero ya el ímpetu no existe, una oración me cuesta un trabajo enorme y cada vez mayor, y me doy por satisfecho si logro media cuartilla en toda una jornada.

            “Hace poco intenté leer Mar morto y tuve que cerrarla de golpe. Sin embargo, es uno de mis libros más populares: se redita siempre con tiradas que en Brasil no bajan de los cien mil ejemplares. Otra de mis novelas iniciales, Cacau, volvió a publicarse en Francia hace dos o tres años, y apareció también en Italia. Fue un suceso tremendo en los dos países, un suceso que yo me explico sólo porque son novelas que mantienen viva la fuerza de la juventud con que se escribieron y porque atraparon un pedazo de la realidad de mi pueblo; libros escritos con sangre y no con tinta.

            “Cuando yo tenía veinticinco años y dos novelas en mi haber, que, más que tales, eran cuadernos de un aprendiz, poseía una opinión sobre mí que ahora me avergüenza confesar: me sentía un gran escritor. Hoy, con treinta libros publicados, cuando me enfrento a mi propia obra, pienso, en verdad que sólo soy un escritor con muchas limitaciones”.

Jorge Amado -¿hay que decirlo acaso?- es una de los escritores latinoamericanos de mayor éxito. Es el novelista de América Latina más leído; vende más que García Márquez, que es mucho decir. Las tiradas de sus libros suman, en conjunto, más de veinte millones de ejemplares, y se dice, en broma, que está traducido incluso a lenguas que no existen. Sus novelas, publicadas hasta ahora en cuarenta y ocho países, se vertieron a cincuenta y cuatro idiomas, algunos tan improbables e impotables como el mongol, el yiddish y el albanés. Sólo hasta 1982 se hicieron de ellas seiscientas ochenta y cuatro ediciones en Brasil, cuarenta en Portugal y trescientas setenta y siete en otras naciones.

            “Yo escribo para ser leído. Y no creo que haya ningún escritor que escriba para no ser leído, porque si no es para ser leído usted no tiene por qué escribir”, declaró en una ocasión. Dijo además: “No pretendí ni intenté jamás ser universal. Siendo brasileño y cada vez más brasileño, podría decir que soy bahiano y cada vez más bahiano”.

            En 1943 unos dos mil ejemplares de sus obras fueron quemados en una plaza pública de Salvador, capital del estado de Bahía. Se estimaban  subversivos e inmorales sus libros,  incompatibles con los preceptos del “Estado Nuevo” enarbolados por el dictador Getulio Vargas. Casi cuarenta años después, una calle de la misma ciudad recibiría el nombre de Jorge Amado.

            La Unión Soviética lo distinguió con el premio Lenin; Bulgaria, con el premio Dimitrov. En Italia le concedieron el premio Nonino, de la ciudad de Percoto. Francia le confirió la orden de la Legión de Honor con el collar de Comendador. Varias veces ha sido candidato al premio Nóbel…

            Ex militante del Partido Comunista, figura mayor de la santería –ostenta la más alta distinción en esa religión, el título de Ogún, del que sólo existen doce en todo Brasil- Amado se ha mantenido fiel a los ideales que en su juventud le hicieron conocer la cárcel y el exilio. Así lo dijo en su discurso de entrada a la Academia Brasileña de Letras cuando recordó que jamás fue ni sería imparcial en la lucha del hombre contra el enemigo del hombre, en la lucha entre el futuro y el pasado, entre el mañana y el ayer,

            “Quiero vivir en un mundo más humano donde todos tengan algo que comer, un trabajo, una dignidad. Me gustaría que la gente pudiera vivir sin miedo. No veré ese mundo, pero queda la esperanza”, ha dicho.

            Jorge Amado estuvo en La Habana, en diciembre de 1986, a fin de participar como jurado en el VIII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Entonces se realizó esta entrevista en la que intervino asimismo Zelia Gattai, su esposa y cercana colaboradora.

NUNCA HICE NADA EN LO QUE NO CREYERA

-Ahora pienso mucho en la historia antes de comenzar a escribirla, de manera que sólo me siento ante la máquina cuando tengo la idea suficientemente madura. Pero a veces creo que la idea está completa en mi cabeza y resulta que no es así. Eso me pasó con Tocaia grande: tenía escritos ya diez capítulos cuando me percaté de que no era esa la novela que yo quería escribir en ese momento.

            -¿A qué horas escribe?

            -Me levanto muy temprano y trabajo hasta la hora del almuerzo. Descanso un rato y vuelvo de nuevo a la faena; reviso entonces lo que escribí por la mañana. Cuando concluyo un libro, se lo entrego a Zelia, mi mujer, y ella lo pasa en limpio. Lo vuelvo a revisar, y no es extraño que le haga enmiendas y adiciones.

            -¿Relee sus libros publicados? Si tuviese oportunidad de escribirlos de nuevo, ¿los rehacería o quedarían como están?

            -Le voy a relatar una anécdota. Era diputado al Congreso por el Partido Comunista cuando esa organización fue declarada ilegal y tuve que abandonar mi escaño y el país. Mi hijo cumplió su primer año de vida en Francia, y como no tenía nada que regalarle decidí escribir para él un pequeño libro, una historia de amor entre un gato y una golondrina. Tiempo después me expulsaron de Francia y nos establecimos en Praga… El manuscrito se extravió y nadie se acordó de él hasta que apareció en 1975, casi treinta años después. Entonces mi hijo lo leyó por primera vez. Yo no quería publicarlo, pero Carybé, gran amigo y gran artista, se entusiasmó con aquel texto y le hizo unas ilustraciones preciosas. Podía negarme a dar a conocer el libro, pero no impedir de ningún modo que el público se perdiera aquellas ilustraciones.

            “Me dije: bueno, lo reescribiré. Puse manos a la obra. Rehice la primera cuartilla y me detuve: hubiera escrito otro libro. Opté, en definitiva, por ponerle una nota de presentación en la que expresaba que el gran mérito del texto era que aparecía en 1976 tal como se escribió a fines de los años cuarenta. No retiré, sin embargo, la cuartilla rehecha… Cuando se publicó, un crítico se percató de ese detalle. Dijo: Amado puede decir la verdad, pero emplea una palabra que no se usaba en la época en la que dice escribió la historia… Esta, en efecto, en la página rescrita.

            “Otro ejemplo. En los años cuarenta, cincuenta, la figura y las ideas de Stalin tenían gran peso en la vida política internacional, influían, sobre todo, en gente de izquierda, como yo. Por aquella época escribí la trilogía que apareció bajo el título de Subterraneos da libertadeeran libros estalinistas. Louis Aragon escribió por  ese tiempo una novela excelente, una gran novela diría yo, Los comunistas… En 1956, cuando en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética se revelaron los grandes errores y crímenes de Stalin, Aragon se sintió obligado a cambiar, punto por punto, su novela. Estaba en su derecho y yo no lo critico. Subterraneos da libertade quedó, sin embargo, tal como se concibió y apareció por primera vez. Nunca hice nada en lo que no creyera, y no quiero ocultar nada de mi vida.

            “No releo mis libros una vez publicados. Y no los rescribo, por supuesto. Cada libro representa un  momento de la vida del autor, de su calidad y de su pensamiento; ejemplifica el valor de su oficio. Rescribirlos me pareció siempre una falta de respeto al lector, fundamentalmente a aquel que se acercó a la novela cuando apareció por primera vez”.

            -¿Cómo concibe a sus personajes?  

            -Mis novelas las escriben sus personajes. Tengo siempre muchas criaturas en la cabeza y jamás sé muy bien que va a sucederles ni en qué realidad quieren desenvolverse.

            -¿Están tomados de la vida real?

            -No pienso que ninguno sea totalmente imaginario, pero no me atrevería a afirmar que una persona equis sea como uno de mis personajes. Muchos de mis amigos se reconocen en mis libros. Sin embargo, cuando uno de ellos entra en la realidad de mi novela, deja de ser ya la persona real.

            -¿Se reconoce usted en alguno de sus personajes? Se le identifica con Vasco Moscoso de Os velhosmarineiros...

            -Y con el Quincas de A mortey A morte de Quincas Berro D’ Agua… Me reconozco, sí, en varios de mis personajes, aunque pienso que el que encarna mejor mis ideas es Pedro Arcanjo de Tenda dos milagres. Es un científico de extracción humilde que escribe sobre la realidad de Bahía, una realidad que no oculta sus influencias africanas –África es nuestro ombligo- y su mezcla de razas y culturas. Pedro es discriminado, pero mantiene firme sus convicciones y su fe, y no niega su origen. Es creyente del candomble y es también materialista. Aunque ese personaje se inspira en un ser real, su lucha contra el racismo y a favor de la libertad religiosa, y su desvelo por la cultura popular, son también los míos.